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viernes. 30.09.2022
vaca

La vuelta al trabajo después las vacaciones pueden afectar, hasta el punto de llegar a experimentar emociones como la tristeza, la ansiedad o el estrés. Además, puede afectarnos físicamente causándonos falta de apetito, irritabilidad, somnolencia o fatiga.

Existen varios términos para definir este conjunto de emociones. El más conocido es el “síndrome posvacacional”, que se define como “una ruptura en el proceso de adaptación o transición entre el tiempo de ocio y descanso generado por las vacaciones y la vuelta a la rutina laboral”, según un estudio de Lee Hecht Harrison elaborado en 2019. Pese a no estar recogido por la Organización Mundial de la Salud (OMS) como una enfermedad, si como un trastorno adaptativo, el 41% de la población activa española está sufriendo o sufrirá este síndrome al reincorporarse al trabajo, según el mismo estudio. Este síndrome se verá acentuado en los próximos años debido a los cambios en las rutinas laborales y el trabajo en remoto.

Se trata pues de un problema de adaptación. Pasar de una situación de alta tensión laboral y de un esfuerzo continuado a estar tumbado en la playa exige una especial adaptación conductual y mental, una adecuada flexibilidad mental. Además, hay que tener en cuenta también la crisis socioeconómica que atravesamos y que explica que muchos trabajadores han pasado sus vacaciones pendientes de su propio trabajo, pensando obsesivamente si después de sus vacaciones, incluso asaltando pensamientos negativos sobre la incertidumbre sobre su futuro y todo lo relativo a su circunstancia laboral hace que la persona venga más estresada y cansada que antes de las vacaciones. Esto se da más en aquellas personas con cierta adicción al trabajo.

Estudios muy recientes sobre la satisfacción laboral han evidenciado que algo más del 50% de los empleados en EEUU padecen estrés por culpa del trabajo. Incluso un porcentaje muy importante, en torno al 35%, consideran que están “quemados” (burnout). Por tanto, no resulta extraño que la vuelta de vacaciones sea un momento especialmente crítico para activar la sintomatología ansiosa (irritabilidad, apatía, falta de atención y concentración, trastornos del sueño, incluso tristeza). La vuelta al trabajo puede constituirse, por tanto, en un auténtico “calvario” para el empleado (otra vez la rutina, los compañeros, la posible tiranía de los jefes, la conflictividad organizativa de las empresas, etc.).

Confucio dijo una vez: “Elige un trabajo que te guste y no tendrás que trabajar ni un día de tu vida”

Un estudio realizado hace ya una década por Bloom, puso en evidencia que, en el primer día de regreso de las vacaciones, cuando el 92% de los participantes todavía no había retomado el trabajo, los efectos positivos de las mismas seguían existiendo, aunque en menor medida; sin embargo, a los tres días de su regreso y cuando ya todos se habían reincorporado al trabajo, estos efectos habían desaparecido por completo. Esto sugiere que los estresores asociados al trabajo juegan un papel importante en la desaparición de los efectos positivos de las vacaciones. 

Algunas sociedades científicas han comenzado a reconocer la importancia de este trastorno del “síndrome postvacacional”. Se trata de un período de tiempo aproximadamente de quince días en los que el trabajador experimenta molestias psíquicas y físicas, descritas anteriormente que, en modo alguno, se deben de minimizar y que, por el contrario, exigen proyectos psicoterapéuticos específicos (en la medicina de empresa) para prevenir un posible estrés crónico que pudiera tener graves repercusiones médicas.

Algunos consejos útiles para combatir o reducir el síndrome postvacacional son:

  • Retomar nuestros hábitos de forma paulatina. Es importante retomar las rutinas de alimentación, deporte y descanso antes de volver al trabajo. Hacerlo de golpe el primer día puede generar frustración, causando un estrés evitable si se realiza unos días previos a reanudar nuestro ritmo de vida.
  • Volver al ambiente de trabajo. Se recomienda visitar los lugares recurrentes en nuestra rutina -entre ellos, el espacio de trabajo- unos días antes de restablecer la jornada laboral tras las vacaciones. Dar un paseo por las calles de alrededor de la oficina o tomarnos un café en la cafetería más cercana puede ayudarnos a adaptarnos con facilidad.
  • Dividir las vacaciones por bloques. Una buena opción para apaciguar el impacto de la vuelta a la rutina es realizar más periodos de vacaciones cortos, en vez de concentrar todos los días disponibles en un solo periodo de tiempo. Los intervalos favorecen las emociones positivas a la hora de restablecer nuestros horarios. Pero, recuerda: los especialistas recomiendan para nuestro bienestar tomar como mínimo dos semanas de vacaciones seguidas al año.
  • Planifica la vuelta. Intentar organizar todo lo necesario (lista de la compra, reencuentros, responsabilidades laborales…) para comenzar el primer día con la mente totalmente preparada y consciente.
  • Identifica las emociones para poder gestionarlas. Conocer lo que sentimos en cada momento es crucial para determinar si padecemos el síndrome posvacacional. Como hemos comentado, las emociones negativas son las que salen a relucir en este caso. 

Por último, compartir esta reflexión de Confucio: “Elige un trabajo que te guste y no tendrás que trabajar ni un día de tu vida”.

La vuelta al trabajo después de las vacaciones