jueves. 04.06.2026
FESTIVAL INTERNACIONAL DE CINE

‘Hangar rojo’: las fronteras éticas de la obediencia debida

La película funciona muy bien con primeros planos que van escudriñado los gestos y las emociones que andan detrás.
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Un guion tan sobrio como eficaz nos proporcionan un tenso e interesante relato del golpe de Pinochet contra Salvador Allende, que tuvo lugar en 1973, el once de septiembre para ser exactos. La película está filmada con sumo acierto en blanco y negro, lo que nos hace recordar ‘La batalla de Chile’, cuya revisión se impone ahora que las urnas han elegido para ocupar la presidencia del Estado chileno a un admirador de quien bombardeó el Palacio de la Moneda hace ya medio siglo.

Paradojas de la historia. En su momento el propio dictador perdió inopinadamente un referéndum, como se refleja en la película ‘No’ de Pablo Larraín y no mucho después el juez Baltasar Garzón logró abrirle una causa en Londres que le amargó un poco sus últimos años al generalísimo de los ejércitos chilenos. En 1975 asistió al sepelio de Franco tocado con su gorra de plato y revestido con una soberbia capa.

En ‘Hangar rojo’, se nos habla de aquel infausto día desde una óptica inédita. La de un militar intachable que había desactivado un complot contra su presidente

Los documentales de Patricio Guzmán nos han contado la historia chilena con un admirable lenguaje cinematográfico tan sutil como poético. Es aconsejable volver a verlos por sus contenidos y su excelente formato. En ‘Hangar rojo’, se nos habla de aquel infausto día desde una óptica inédita. La de un militar intachable que había desactivado un complot contra su presidente, arruinando la carrera de un superior. Contaba en su haber además con la proeza de haber descendido en paracaídas al estadio que se haría famoso por confinar a los presos políticos del régimen. Allí fue asesinato por ejemplo el célebre cantante Víctor Jara.

Costa-Gavras acertó al contar con Jack Lemon para protagonizar a un empresario norteamericano preocupado por el destino de su desaparecido hijo. Me refiero a la soberbia ‘Missing’. Pero en esta ocasión las cámaras entran en un cuartel. Una escuela de paracaidistas regida por el capital Jorge Silva. De un día para el otro, este oficial ve convertido su recinto en un campo de concentración, cuya función es torturar a los primeros apresados tras el golpe.

Nuestro protagonista es un personaje histórico que hizo en la realidad lo que narra este film. Su inquebrantable disciplina militar le hace respetar el mando de la jerarquía, pero en un momento dado su conciencia cuestiona la obediencia debida, porque no cabe ordenar la barbarie sin traspasar las fronteras del ámbito ético, ese feudo en el que nuestra conciencia moral es juez supremo, siendo sus dictámenes inapelables e inmunes a lo dictado por una presunta instancia superior.

Asomarse al golpe desde la perspectiva de los milicos que se vieron arrastrados por unos cuantos traidores al orden establecido supone una mirada distinta de algo sobradamente conocido, pero que tendemos a olvidar, pese al fantástico museo de la memoria que cabe visitar en Santiago de Chile. La película funciona muy bien con primeros planos que van escudriñado los gestos y las emociones que andan detrás. Es un acierto dejar la violencia como telón de fondo, sin filmarla directamente, para que sea el espectador quien la reconstruya con su imaginación.   

Salvando las distancias, me ha gustado casi tanto como ‘Argentina 1985’ de Santiago Mitre y con un soberbio Ricardo Darío al frente del reparto. ‘Hangar rojo’ testimonia que se puede contar cabal y atinadamente una historia sin mucho presupuesto, aprovechando los escasos medios que tengas a tu alcance. Ha sido un buen estreno para la sección ‘Perspectivas’ de 76 edición de La Berlinale.

‘Hangar rojo’: las fronteras éticas de la obediencia debida