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martes 17/5/22
45 AÑOS DE LA LEGALIZACIÓN DEL PCE

1977. La primavera del PCE

Aquel sábado santo de 1977 cuando fue legalizado el Partido Comunista la gente no salió en masa ni a celebrarlo ni a quejarse. Pero hubo muchas más muestras de alegría que de rechazo.
ibarruri alberti congreso

Aquel sábado santo de 1977 cuando fue legalizado el Partido Comunista la gente no salió en masa ni a celebrarlo ni a quejarse. Pero hubo muchas más muestras de alegría que de rechazo.

Parece que Suarez pidió a Carrillo que su gente no mostrara alborozo públicamente “para no provocar a los ultras”, pero hubo bastantes militantes y simpatizantes que, al escuchar la noticia, sacaron banderas a los balcones o se fueron con ellas a pasear “¡a la calle!, que ya es hora de pasearnos a cuerpo” pues, por fin, como anunciaba Gabriel Celaya en sus versos, parecía que ya estaba “España en marcha”. La voz corrió a través del teléfono (fijo, que remedio) y de forma tranquila los comunistas salieron a festejar. En Madrid fueron desde los barrios populares al centro, desde el Rastro al puente de Segovia, con la policía detrás, disolviendo de vez en cuando, para que no se dijera que se dejaba a los rojos apoderarse de las calles desde el primer día.

A los jefes militares les cayó como un tiro la legalización del PCE pues Suárez les había jurado que eso nunca ocurriría. El ministro de Marina, almirante Pita da Veiga, fue el único que dimitió alegando además que Suárez no había tenido la finura de llevar el tema al Consejo de Ministros. De más sabía Suarez con quién se jugaba los cuartos como para avisarles. Solo habían pasado tres meses desde la semana sangrienta de enero en que la ultraderecha intentó detener la marea democrática que exigía iniciar la transición política.

carrillo suarez
Santiago Carrillo y Adolfo Suárez

Suárez había desmontado jurídicamente el franquismo mediante el referéndum de la reforma de diciembre de 1976, pero el paso siguiente (legalización de partidos y sindicatos y elecciones libres) estaba bloqueado por la cuestión del PCE.

La gran demostración de fuerza del PCE y de Comisiones Obreras durante el entierro de los abogados de Atocha truncó las tentaciones de democratización en dos fases, legalizando de entrada solo a los grupos moderados y a los socialistas. Eso ya era inviable.

De los falangistas no había que preocuparse pues ya durante la dictadura apenas tuvieron poder real. Franco y sus generales los arrinconaron después de la segunda guerra mundial en favor de los tecnócratas del Opus Dei. Los escondieron en los sindicatos verticales y en órganos del Movimiento, donde comían mucho pero gobernaban poco. 

Lo peor era el segmento más franquista del Ejército. Una parte solo tragaba el nuevo rumbo a regañadientes por el juramento de obediencia al Rey pero su lealtad hacia el monarca no tenía el carácter inquebrantable que mostraron siempre al Caudillo. A Suárez, que hasta entonces despreciaban, desde el sábado santo lo aborrecieron, y se la juraron.

El PCE no era un partido de masas, no podía serlo, pero dio a la dictadura los mayores quebraderos de cabeza

El PCE no era un partido de masas, no podía serlo. Pero tenía una sólida organización y era el que durante más tiempo, y en más sitios, dio a la dictadura los mayores quebraderos de cabeza.

Por no remontarnos más atrás, lo encontramos en las revueltas de la universidad de Madrid de 1956 que terminaron con el cese del ministro de educación; en las grandes huelgas mineras de Asturias en abril de 1962 que se extendieron a numerosas provincias; seguidamente, junto a algunas organizaciones católicas, apoyó el surgimiento de las Comisiones Obreras de las que fue su principal soporte político en su desarrollo y consolidación como la gran fuerza de oposición de los trabajadores; respaldó a los presos políticos exigiendo la amnistía y denunciando ante todo el mundo su situación por medio del CISE de París que presidía Picasso y dirigía el poeta Marcos Ana; también impulsó el Movimiento Democrático de Mujeres (MDM) para la lucha feminista por la igualdad, estando entre sus fundadoras militantes comunistas como Dulcinea Bellido, Merche Comabella, Merche Pintó...; el PCE fue protagonista de la democratización de los colegios profesionales de abogados, ingenieros, economistas, etc.; de las universidades, de los ambientes culturales…incluso trató, con menos éxito, de montar grupos de oficiales demócratas del Ejército, algo que solo daría algunos frutos al final de la dictadura. 

Esta larga y minuciosa tarea de presencia e influencia en las nuevas capas sociales fue posible gracias al giro dado por el PCE en 1956. Mediante la llamada Política de Reconciliación Nacional se reconocía que la dictadura no podía ser derrotada violentamente; se quería buscar alianzas en nuevos sectores y se apostaba por cerrar las heridas de la guerra civil: "El Partido Comunista considera que sobre esta base puede cancelarse el pasado. Ello significa que el Partido Comunista desea que se inicie una nueva etapa en la historia de nuestro país, donde no se persiga a los hombres por lo que fueron ayer”.

El Partido Comunista, se alejó entonces del neoestalinismo soviético y se posicionó a favor de lo que en Checoslovaquia se llamó durante la “Primavera de Praga” el socialismo con rostro humano. De todas formas eso no disminuyó la furia represora del franquismo. El libro de Juan José del Águila, “EL TOP”, demuestra con datos irrefutables que el PCE fue la organización más castigada por el Tribunal de Orden Público. 

En palabras de Nicolás Sartorius, el dictador murió en la cama pero la dictadura murió en la calle

Al final, en palabras de Nicolás Sartorius, el dictador murió en la cama pero la dictadura murió en la calle. El papel del movimiento obrero fue fundamental desde finales de 1975 para desgastar mediante miles de huelgas al gobierno continuista de Arias Navarro y forzar su relevo en julio de 1976. El PCE no dejó de estar presente y activo en ninguna de aquellas grandes luchas obreras, estudiantiles y vecinales de la transición y sin ellas no hubiera habido democracia.

En las primeras elecciones libres el pueblo no quiso dar al PCE la representación que sí otorgó a otros partidos que habían contribuido menos al cambio democrático. ¿Se puede pensar que fue una injusticia?, se puede. Tal vez el insuficiente resultado de 1977 fuera inevitable debido a factores (errores propios aparte) como el impacto de la dilatada propaganda anticomunista del franquismo o los efectos colaterales de la decadencia del “socialismo real” al cual se asimilaba al PCE, aunque ya hubiera cortado amarras con el Este hacía mucho.

De lo que no cabe duda es que la legalización, hace ahora cuarenta y cinco años, del Partido Comunista de España, con Santiago Carrillo al frente, fue la prueba del algodón de que el franquismo había terminado. Quedó plasmado en la fotografía de Dolores Ibarruri y Rafael Alberti bajando los escalones de las Cortes. ¡La cara que se les quedó a algunos!

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Foto: Partido Comunista de Madrid

1977. La primavera del PCE