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miércoles. 05.10.2022
CRÓNICA DESDE BUENOS AIRES

La victoria de Macri puede alterar las relaciones internas del Mercosur

El presidente electo de Argentina reiteró que pedirá se aplique a Venezuela la cláusula democrática.

macri

@jgonzalezok | En su primera conferencia de prensa como presidente electo, Mauricio Macri reiteró lo que había anunciado en el debate electoral previo a las elecciones de este domingo: pedirá aplicar a Venezuela la cláusula democrática del MERCOSUR. Una disposición que prevé suspender del acuerdo regional a cualquier país que rompa el orden democrático e incluso la imposición de sanciones. El tema lo planteará en la cumbre del bloque regional que se celebrará el 21 de diciembre en Paraguay.

Macri argumentó que son evidentes “los abusos” del gobierno de Nicolás Maduro “con los opositores y la libertad de expresión”. Lilian Tintori, la esposa del opositor Leopoldo López –encarcelado y condenado a 13 años de cárcel-, estuvo estos días en Buenos Aires y participó en la fiesta de la victoria de Macri.

Es previsible que Paraguay pueda sumarse a la posición argentina, después de que en 2012 le fuera aplicada al país la misma cláusula, como consecuencia del golpe del Congreso contra el presidente Fernando Lugo. El actual mandatario, el conservador Horacio Cartes, es un viejo amigo de Macri –de la época en la que ambos eran presidentes de clubes de fútbol- que no vería con malos ojos esta posibilidad, aunque aún no hay ninguna declaración oficial al respecto.

En el resto de los países Macri no va a encontrar eco, a no ser que las elecciones parlamentarias del 6 de diciembre en Venezuela hagan cambiar de idea a Brasil, Uruguay y Bolivia, el resto de los socios. La aplicación de la cláusula democrática solo es posible por consenso, por lo que puede quedar en el intento. Pero removerá las relaciones entre los socios.

El ministro de Exteriores de Uruguay, Rodolfo Nin Novoa, ya le respondió a Macri afirmando que en Venezuela “todavía no están dadas las condiciones” para aplicar la cláusula democrática. También afirmó que en el país de Maduro “se está lejos de una alteración en el orden democrático”. Pero también dijo que había que esperar a ver cómo se resuelven las elecciones parlamentarias del 6 de diciembre. 

El tema, no obstante, está lejos de ser unánime en Uruguay y puede provocar discusiones dentro de la coalición de gobierno, el Frente Amplio. Luis Almagro, secretario general de la OEA y antiguo canciller del gobierno de Pepe Mujica, escribió una carta de 18 páginas exigiendo al gobierno de Maduro garantías especiales para las elecciones. La misiva, dirigida a la presidente del Consejo Nacional Electoral, Tibisay Lucena, afirmaba que no estaban garantizadas las condiciones “al nivel de transparencia y justicia electoral que usted debe garantizar”. También lamentó el rechazo del gobierno venezolano a permitir la labor de observadores de la OEA, así como la inhabilitación de candidatos opositores.

La respuesta del ex presidente Mujica a su antiguo ministro de Exteriores fue un seco correo electrónico de ruptura en toda regla, en el que afirma: “Lamento el rumbo por el que enfilaste y lo sé irreversible, por eso ahora formalmente te digo adiós y me despido”.

En Bolivia también se descarta el rechazo a la iniciativa de Macri. Evo Morales no solo es ahora el más claro defensor del gobierno de Maduro dentro del MERCOSUR. También tuvo un papel destacado en la reciente campaña electoral argentina y viajó a Buenos Aires para mostrar su apoyo al derrotado Daniel Scioli.

En el caso de Brasil, el ex presidente Lula es también un firme defensor del gobierno de Venezuela. Pero las dificultades internas en el gobierno de Dilma Rousseff y presiones de la oposición pueden alterar la firmeza en la defensa de Maduro. El principal dirigente opositor, Aecio Neves, viajó hace unas semanas a Caracas con un grupo de diputados con la intención de visitar a Leopoldo López, pero fue impedido de hacerlo. Algo que incomodó al propio gobierno de Rousseff.

En Argentina, las relaciones con Venezuela fueron prioritarias durante los 12 años de gobierno kirchnerista. Los acuerdos bilaterales firmados por ambos países se cuentan por cientos, hasta el punto que Venezuela es el país del mundo con el que Argentina tiene más acuerdos. El intercambio comercial entre ambos países, que en 2003 era de apenas 139 millones de dólares, llegó a los 2.000 millones en 2014.

Uno de los hitos del vínculo entre ambos países se dio en 2005 en Mar del Plata, con motivo de la Cumbre de las Américas. Aquella en la que Néstor y Chávez cerraron la puerta al ALCA que proponía George W. Bush. Y los dos países fueron los grandes impulsores de la UNASUR.

Las visitas de los Kirchner a Caracas y de Chávez a Venezuela ayudaron a potenciar las relaciones políticas y personales. En marzo de 2007 a Chávez se le organizó un acto en el estadio de Ferro, en el que habló durante dos horas y donde afirmó: “Kirchner y yo somos producto de la misma situación histórica, somos hijos del mismo parto de los pueblos, que se cansaron de aguantar a las élites criollas que vendieron a nuestros países al imperialismo”.

Hubo denuncias por una “embajada paralela” que conducía personalmente el ministro de Planificación, Julio De Vido, y que denunció en su momento el propio embajador argentino, Eduardo Sadous, nunca fue investigada por la Justicia. El diplomático, que sería fulminado y traído de vuelta a Buenos Aires, denunció negocios non sanctos hechos bajo el paraguas diplomático.

Queda para la historia, también, la anécdota de Chávez y Colón. Estando en la Casa Rosada, el venezolano le preguntó a Cristina qué hacía allí la estatua de Colón que veía desde una ventana del despacho presidencial. Lo que llevó a Cristina a decidir el polémico traslado de la misma.

Un último aspecto de las relaciones de estos años entre Argentina y Venezuela tiene como tercer convidado a Irán. Fue Hugo Chávez el que convenció a Cristina Fernández de acercarse al régimen de Teherán, que aportó dinero para la campaña del 2007. La aproximación a los iraníes se produjo a pesar de las graves acusaciones contra dicho país por el atentado de la AMIA, y que llevaron al memorándum de entendimiento de 2013. Acuerdo, por cierto, que Macri se dispone a denunciar, aunque nunca llegó a entrar en vigor y la Justicia argentina declaró en primera instancia como anticonstitucional.

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