CRÓNICAS DE AMÉRICA LATINA | JAVIER M. GONZÁLEZ

La popularidad de Cristina Fernández, en picado por el caso Nisman

Bronca y frustración por la forma en que reaccionó la mandataria.

La presidenta Cristina Fernández, junto al jefe de Gabinete, Jorge Capitanich, y el ministro de Economía, Axel Kicillof, en Casa de Gobierno. (Foto: Casa Rosada)
La presidenta Cristina Fernández, junto al jefe de Gabinete, Jorge Capitanich, y el ministro de Economía, Axel Kicillof, en Casa de Gobierno. (Foto: Casa Rosada)

La causa Nisman sigue su marcha sin novedades desde el punto de vista procesal

@jgonzalezok | La reacción de la presidente argentina, Cristina Fernández, a la muerte del fiscal Nisman, provocó un mayoritario rechazo entre la población, según la primera encuesta publicada en la prensa. Un sondeo de la empresa Management & Fit, indica que el 71,1% de los encuestados que escucharon su cadena nacional, reaccionó con “bronca y frustración”.

Otra encuesta reciente sobre las causas de la muerte del fiscal, ya había sido un aviso. La mayoría de los consultados no creía en la tesis del suicidio y la mayoría culpaba al gobierno.

La reacción adversa está especialmente relacionada con la falta de empatía de la presidente con la familia del fiscal. Cristina Fernández asumió el papel de víctima y no solo reaccionó atacando a Nisman, que la había denunciado por encubrimiento en el atentado de la AMIA (1994, 85 muertos). Tampoco tuvo un gesto humano hacia la familia, ya que no les dio el pésame. Y no puso énfasis alguno en asegurar que todos los esfuerzos serían puestos en esclarecer esta extraña y sospechosa muerte.

La frialdad ante la tragedia es una marca del kirchnerismo. Así reaccionó Néstor Kirchner cuando se produjo la tragedia de Cromañón, cuando casi 200 personas murieron en el incendio de una discoteca, el 30 de diciembre de 2004. La misma reacción tuvo después Cristina, cuando el gravísimo accidente ferroviario en la estación porteña de Once provocó la muerte de medio centenar de personas.

A la luz de estos datos surgen otros que prueban que el caso está teniendo fuertes repercusiones políticas. La misma encuesta dice que solo el 25% aprueba la labor del gobierno, frente a un 70% que la reprueba. No obstante, la oposición no ha podido capitalizar aún esta situación: solo un 23,5% aprobó el papel que está jugando el arco opositor, mientras que un 45% lo calificó de “regular” y el 21,6% de “malo”.

A nueve meses de las elecciones, la pregunta es si el gobierno puede recuperarse, como lo hizo en ocasiones anteriores, cuando también las encuestas le fueron adversas. Parece difícil, ya que en este caso se combina la crisis institucional y un panorama económico que no ha mejorado, a pesar de que momentáneamente ha desaparecido de la conversación de los argentinos.

Pero la reconocida habilidad del gobierno para instalar temas en la agenda política y tomar la iniciativa, parece esta vez tocada. Algunas respuestas al caso Nisman rozan el esperpento. El jefe de Gabinete, Jorge Capitanich, el secretario del Pensamiento Nacional, Ricardo Forster y la propia presidente, llegaron a decir que con la muerte de Nisman se pretendía ocultar el éxito de la temporada veraniega en la costa.

La cadena nacional de Cristina Fernández dejó la sensación de que el gobierno argentino no asume la realidad y pone todo su afán en responder a la militancia. La que estuvo en la Casa Rosada siguiendo su discurso, como es habitual en estos casos, y que repitió los consabidos cánticos advirtiendo que “no toquen a Cristina”. En esta ocasión se pudo observar a algunos de estos militantes fumando marihuana en la casa de gobierno y remojando los pies en una fuente de uno de los patios interiores de la casa de gobierno, emulando a los descamisados del 17 de octubre de 1945, fecha fundacional del peronismo.

Entretanto, la causa Nisman sigue su marcha sin novedades desde el punto de vista procesal. Pero cada día los medios argentinos aportan datos sumamente sugestivos. Según publicó este domingo el diario La Nación, el fiscal estuvo trabajando en la causa hasta horas antes de su muerte. Una de las secretarias letradas de la fiscalía, Soledad Castro, estuvo en contacto personal y telefónico con él el hasta las siete de la tarde del sábado, 17 de enero. Y le dijo que la necesitaría al día siguiente al mediodía. Pero en ese lapso de tiempo murió de un tiro en la cabeza, sin que aún se pueda establecer si fue un suicidio o un asesinato.

El columnista Joaquín Morales Solá asegura, también en La Nación, que en diciembre pasado Nisman le contó a un amigo que tenía grabaciones desde teléfonos de la Casa Rosada, que probarían el encubrimiento. Y al propio Morales Solá, un día antes de presentar la denuncia y cinco antes de su muerte, le dijo que tenía todas las pruebas en sus manos.

Algunas de las grabaciones, suficientemente explícitas, ya fueron divulgadas por algunos medios. Pero la mayoría se desconoce, ya que hay cientos de CDs que acumuló el fiscal a lo largo de varios años, y que podrían ser política y judicialmente letales. Todo es cuestión de tiempo para conocer su contenido.

Y en el diario Clarín se afirma que Nisman llegó a redactar al menos dos versiones de su denuncia contra la presidente por presunto encubrimiento de los iraníes acusados por el atentado contra la AMIA. Una de ellas habría sido encontrada semidestruida en la basura del fiscal y solicitaba el desafuero y la detención de la presidente. El diario asegura que fuentes judiciales le confirmaron que esa documentación fue incorporada como prueba en el expediente que investiga la muerte de Nisman