sábado 21.09.2019
ELECCIONES BRASIL

Bolsonaro, un cirujano de hierro en la estela de Trump

Homófobo racista, dudosamente demócrata, Bolsonaro sería un vergüenza para Brasil en muchos sentidos.

Bolsonaro, un cirujano de hierro en la estela de Trump

Brasil vota este domingo bajo una creciente sensación de revancha social, de ecos inquietantes de su pasado reciente más oscuro y de simulación populista. El candidato ultraderechista Jair Bolsonaro aparece como favorito en los sondeos, con una expectativa de voto por encima del 25% o incluso superior. Militar en la reserva con grado de capitán, este oportunista con disfraz de nostálgico ha demostrado un gran olfato político para aprovecharse del malestar reinante en amplios sectores conservadores de la sociedad brasileña, con un discurso populista y de orden, engañosamente antisistema, pero seguro servidor, a la postre, de los intereses especiales que supuestamente combate.

UN PRODUCTO POLÍTICO OPORTUNISTA

Bolsonaro es un producto del terremoto que sacude Brasil en los últimos cuatro años, cuando se puso en marcha la operación judicial Lava Jato (limpieza exprés) contra un sistema de corrupción político-empresarial, que ha alcanzado a más de 500 personas. El Partido de los Trabajadores ha sido la entidad más afectada, ya que en una de las derivaciones de esa magna y confusa investigación ha señalado a Lula, su líder histórico y carismático, al frente de una nómina amplia de sus colaboradores y partidarios.

En un ambiente de gran hostilidad hacia los partidos, en especial hacia el gobernante PT, se tejió una celada socio-política que acabó abrasando a Dilma Rousseff, por una manipulada consideración de su gestión económica. La protegida de Lula se vio arrastrada por la devastadora crisis que supuso el final del maná de los altos precios de las materias primas de primeros de siglo, debido al tirón de la demanda de China, India y otros emergentes.

Los años dulces trajeron prosperidad inusitada a Brasil, la pobreza se redujo, el gobierno de la izquierda moderada financió programas de bienestar social y la burguesía media incrementó sus posibilidades de consumo. Pero el frenazo espectacular acabó de manera abrupta con todo eso. Se acumuló un gigantesco bidón de malestar social que, al calor de la llama vigorosa de los escándalos corrupción (recurrentes en Brasil, como en el resto de la región), generaron una situación peligrosamente explosiva.

La prolongada batalla político-mediática-judicial para inculpar a Lula se cerró con su encarcelamiento primero y la eliminación posterior de sus derechos políticos. El proyectado regreso del líder obrero y campeón de los pobres se frustró, cuando todos los sondeos le auguraban una cómoda victoria.

En la derecha brasileña, atomizada, desarticulada y sumisa a los grandes intereses financieros y empresariales, el culebrón Lula se ha vivido con una mezcla de ansiedad e impotencia. Las derivas de las investigaciones judiciales que se fijaron entre sus objetivos rebajar el papel hegemónico del PT han castigado a todos los partidos, mayores y menores, en los que la grande, mediana y pequeña burguesía reparte sus favores electorales.

El actual presidente Temer está blindado legalmente por la protección del Tribunal Supremo, pero los indicios de su implicación en diversos casos de corrupción y financiación política ilegal son abrumadores, en contraste con los confusos y endebles que recayeron sobre Lula cuando perdió su inmunidad por retirada de cargo público. Está por ver si este impulso judicial propicia un cambio profundo o si los intereses creados, la disfuncionalidad del sistema político y las contradicciones del aparato judicial terminan reduciendo a la nada la lucha contra la corrupción, dilema que aborda Eduardo Mello, profesor de la Fundación Getulio Vargas, el principal think-tank de Brasil (1).

El excapitán Bolsonaro y sus asesores han sabido manipular muy hábilmente las dos tensiones del malestar brasileño: el odio a Lula entre la mediana y pequeña burguesía (los más poderosos prefirieron pactar la conservación de ciertos privilegios a cambio de permitir gestos sociales que no amenazaban su poder) y una partitocracia corrupta e ineficaz que alienta, encubre y se beneficia de los mecanismos de enriquecimiento ilícito. El triunfo de Trump añadió un factor decisivo de empuje a favor de este candidato que ha hecho de la demagogia nacionalista y populista el elemento clave de su mensaje, como señala Bruno Carazza, autor de un documentado estudio sobre las relaciones entre dinero y poder político (2).

Bolsonaro se nutre del tradicional mensaje de orden, disciplina y mano dura para prometer una limpieza cuartelera y simplista. Arremete contra el gasto público, los impuestos altos, la inseguridad ciudadana y, naturalmente, la corrupción. Las clases medias afectadas por la crisis no soportan los programas sociales petistas, mientras ellas se ven obligadas a renunciar a sus pequeños privilegios sociales de colegios y universidades privadas, sus compras en Estados Unidos, sus patrones de consumo más o menos elitistas (3).

LA SOMBRA DE LA DICTADURA

La cuestión de la violencia es sintomática. Cerca de 64.000 personas murieron por causas violentas en 2017, un récord histórico. La cifra supera a la que suman Iraq y Afganistán. Bolsonaro ha proyectado una imagen de cirujano de hierro, se ha erigido en defensor de las armas de fuego para protección personal (como los republicanos y el propio Trump en EE.UU.) e insinúa la militarización de la lucha contra el crimen en las zonas sin ley de las ciudades brasileñas. El atentado con arma blanca sufrido en plena campaña no sólo le ha otorgado un plus de popularidad, sino que ha reforzado su discurso de mano dura (4).

Los militares han jugado un papel ambiguo en el ascenso de Bolsonaro. Durante meses han deslizado mensajes subliminales de intervencionismo militar, presentando a las FF.AA. como garante de la justicia. Dejaron entender que no aceptarían la candidatura de Lula y mucho menos su exoneración judicial. Han presionado a los jueces para que no flaqueen en la persecución de la corrupción. Los nostálgicos han hecho una lectura falsaria de la última dictadura (1964-1985). Ante la alarma de no pocos sectores cívicos, los líderes castrenses han reculado, pero reservándose el papel de protectores (5).

EL DESCONCIERTO DE LA IZQUIERDA

La izquierda sigue a la defensiva. El PT, formación hegemónica, no se ha recuperado de su desalojo del poder y la neutralización de su líder histórico. Al fin ha presentado como candidato presidencial al exalcalde de Sao Paulo Fernando Haddad, un quincuagenario admirador de Lula, pero social, intelectual y mediáticamente distinto de su mentor (6)

Los sondeos lo sitúan en segundo lugar, pero claramente por debajo de la barrera del 20%. Unos datos que en absoluto lo avalan para conseguir la mayoría en la segunda vuelta, a finales de mes. No está claro que el centro-derecha opte por Haddad en perjuicio de Bolsonaro, por mucho rechazo que éste provoque. A la postre, el candidato ultra está asesorado en materia económica por Paulo Guedes, un chicago boy que defiende un programa de liberalización y cobertura de los intereses empresariales. Aunque una revista liberal como THE ECONOMIST considere a Bolsonario como “una amenaza para toda América Latina” (7), es más que probable que la derecha prefiera favorecer su victoria y controlar su mandato que permitir un regreso del PT, aunque Haddad gobernaría con planteamientos aún más market-friendly que Lula y Rousseff.

Homófobo racista, dudosamente demócrata, Bolsonaro en Planalto (la sede presidencial en Brasilia) sería un vergüenza para Brasil en muchos sentidos, pero el ejemplo del gran coloso del norte ha destruido esos complejos. Es probable que el capitán reservista modere un poco su discurso más extremista para no incurrir en el gran error de Marine Le Pen y replicar la fórmula demagógica y falsamente renovadora de Trump. Menos ideología y más oportunismo, en definitiva.


REFERENCIAS

(1) “The decline and fall of Brazil’s political establishment”. EDUARDO MELLO. FOREIGN AFFAIRS, 2 de octubre.

(2) “¿Will be Brazil’s new President a far-right nationalist?”. BRUNO CARAZZA. FOREIGN AFFAIRS, 12 de julio.

(3) “Au Bresil, la haine de Lula dope l’extrême droite”. CLAIRE GATINOIS. LE MONDE, 21 de septiembre.

(4) “Jair Bolsonaro, Brazil presidential frontrunner candidate stabbed at campaign rally. DOM PHILLIPS. THE GUARDIAN, 7 de septiembre; “How a candidate’s stabbing Will further radicalize Brazil”. EDUARDO MELLO. FOREIGN POLICY, 7 de septiembre.

(5) Brazil’s Military strides into politics, by the ballot o by force”. THE NEW YORK TIMES, 21 de julio.

(6) “Fernando Haddad aims to be Brazil’s new Lula, but does anyone know who is? DOM PHILIPS. THE GUARDIAN, 18 de septiembre.

(7) “Jair Bolsonaro, Latin America’s latest menace”.THE ECONOMIST, 20 de septiembre.

Bolsonaro, un cirujano de hierro en la estela de Trump
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