jueves 9/12/21

zzzzinte1Supporters of Colombian president and presidential candidate Juan Manuel Santos raise their hands with the word

Colombia es un país carcomido por la guerra, la acción de tantos grupos de violentos -narcotráfico, delincuencia común, violencia institucional y guerrillas- por tantas décadas… Que la tarea no resulta sencilla

La sociedad colombiana debe comprender que la Paz no es tarea fácil. Los ciudadanos tienen que apoyar todos los esfuerzos que conduzcan a ella, para hacer realidad el deseo y derecho a la República que queremos. Colombia es un país carcomido por la guerra, la acción de tantos grupos de violentos -narcotráfico, delincuencia común, violencia institucional y guerrillas- por tantas décadas… Que la tarea no resulta sencilla. Todas estas violencias han dejado una profunda y dolorosa huella en bastas regiones y poblaciones rurales, también en la periferia de grandes ciudades, donde la pobreza urbana, ataca la dignidad humana de desplazados y familias víctimas de la desigualdad social: fuente y origen de la violencia política.

Pero no  sólo ellos han sufrido, también otras clases sociales, han perdido en esta larga lista de retaliaciones y venganzas a seres queridos. La ignominia de las consecuencias de la degradación de la guerra y la barbarie ocurrida, abraza a toda la sociedad. Sin desconocer que unos son más responsable que otros. Quienes han tenido la fuerza del Estado y han abusado de ella, quienes se han hecho Estado allá donde éste no llegaba y han abusado de la población y sometido a su fuerza, al destierro, a la expropiación y al desplazamiento a quienes no aceptaron su irracionalidad y terror. Ni que decir los que murieron por resistir.

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Por eso todas las víctimas y sobrevivientes tienen en esta negociación un espacio, son representadas por otras para ver reconocido su dolor. Tal vez sea una de las cosas más positivas e inéditas de este proceso de negociación, ello nos encamina hacia el conocimiento de la verdad y la reparación. La no repetición, dependerá del país que construyamos, eso es lo más importante para las víctimas. La reconciliación nos permitirá construir el nuevo país, pero no basta ello para que se consolide la cultura de paz y convivencia, hace falta la justicia social y esa vendrá con la voluntad del cambio de políticas económicas y sociales inequitativas, por unas que garanticen la igualdad y acceso a bienes y servicios como derecho. No será a corto plazo, viviremos un largo proceso, tan largo como lo ha sido la guerra, pero esta negociación debe sentar las bases del cese de la violencia, condición para otra sociedad. La de la paz.

 Negociar en medio de la guerra, es un esquema ya inútil, para la única esperanza de acabar con la violencia, que en muchos años se ha conseguido. Desperdiciar esta oportunidad llevaría a la sociedad colombiana a sumergirse de nuevo en la oscuridad de no se sabe cuántos años de desconfianza, barbarie y dolor. ¿Cómo dejar un legado tan trágico a las generaciones venideras?

El anunció de un cese unilateral por parte de las FARC a partir del 20 de julio, es una luz en el túnel y  cuatro meses para terminar este proceso de diálogo con acuerdos definitivos y avanzar en el cese bilateral. Es el plazo que se ha dado el presidente Santos para generar confianza a la sociedad, después de una adversa opinión a la negociación, sin la cual no es posible avanzar. Los países garantes, la UE y Naciones Unidas también han intervenido a través de sus representantes para hacer un llamado a las partes a cambiar el esquema de negociación y pedir a las FARC el cese de las acciones contra el medio ambiente y las hostilidades. Desde la restitución a las víctimas y la justicia transicional, son temas principales que siguen en discusión. 

Paz justa, digna, sin impunidad y necesaria” dijo el presidente Santos, en un alocución sentida y emotiva, el pasado 12 de Julio, cuando anunció el acuerdo entre las partes para salvar el proceso de negociación, anunciando la aceptación de un desescalamiento del conflicto con verificación por parte de Naciones Unidas y Uruguay en representación de Unasur es sin duda una medida más que urgente, para salvar este proceso, en la que sin duda los negociadores de las FARC han entendido la gravedad de la situación y su responsabilidad política en el fracaso. Si las negociaciones se rompen, por falta de apoyo social.

Y es que la construcción de un país va muy ligada a la solución de las causas. La paz estable y duradera no puede sustentarse en el concepto de ausencia de violencia directa, la paz Romana no es suficiente hoy por hoy. La paz  relacionada con la justicia social, la igualdad, y el diálogo (Lederach, 1995; 1998; Galtung, 1969), entendida como “la paz positiva” es un proceso de largo plazo, multidimensional y en directa relación con los derechos humanos, el desarrollo,  el respeto del medio ambiente y la cultura.

En Colombia, necesitamos abordar la construcción de la paz, desde todas estas dimensiones, porque hay causas para la violencia de tipo directo, derivada de la guerra y la confrontación militar a la que se ha llegado, una estructural, la de la desigualdad y la injusticia social, que vemos todos los días en las calles de ciudades y en los campos que afectan la dignidad humana, con el hambre, falta de acceso a salud y educación, entre otros y la violencia cultural que nos ha traído antivalores al imponerse en la sociedad comportamientos y pautas culturales, que legitiman el uso de fuerza para resolver los conflictos, y una forma de vida que acepta ciertas prácticas de enriquecimiento o consecución de bienes que afectan los derechos de los demás, los recursos públicos y el bien común, donde la corrupción como mal social, ocupa un lugar preponderante.

Por lo tanto, construir la paz es un camino lleno de retos para la sociedad colombiana encaminada a reducir la violencia directa, estructural y cultural. Debemos conocer que tiene un costo a asumir. Cambiar la lógica de la violencia cotidiana por la del diálogo permanente, en todos los ámbitos de nuestra vida. Empezar a mostrar rechazo social a la corrupción y toda forma de cultura mafiosa. Aceptar la diversidad y pluralidad que existe en nuestra sociedad. Avanzar en políticas de igualdad y bienestar es un largo camino, así como la educación para la paz, en un nuevo aprendizaje de cultura de paz, que empieza ahora con nuestro deber ciudadano apoyando todos los esfuerzos por conseguir un acuerdo, entre gobierno y FARC. Construir la paz debe ser un propósito nacional para que sea estable y duradera.

Asumir el coste de la paz