viernes. 14.06.2024
usa_tu_voto

Necesitamos tu ayuda para seguir informando
Colabora con Nuevatribuna

 

Es sabido que Europa ha sido un continente sometido a permanentes enfrentamientos a lo largo de su historia, con dos únicos periodos de cierta integración: el imperio romano (en los primeros siglos de nuestra era) y el imperio español en el siglo XVI. Y esta situación solo empezó a superarse después de la Segunda Guerra Mundial con la creación de la Comunidad Económica Europea, hoy Unión Europea.

Hasta 27 Estados forman parte de ella y casi 10 están pendientes de su petición de integración. Y el único que la abandonó, Gran Bretaña, está sufriendo numerosos problemas en los ámbitos económico, social y político.

El largo y difícil proceso en Europa ha sido posible por una voluntad política y una arraigada práctica negociadora entre la izquierda, el centro y la derecha

Durante más de 50 años se ha ido construyendo un espacio de paz, de desarrollo económico, de impulso de las políticas de bienestar social, de solidaridad entre los países más ricos y los menos, de impulso de legislación en materia de derechos civiles, en protección del medio ambiente, de paulatina aproximación fiscal, de colaboración en materia de I+D+I, de consumo, de telecomunicaciones, de apoyo a la actividad agrícola, ganadera y pesquera, de control de la inmigración, de seguridad y defensa fuera de sus fronteras, programas de integración y colaboración educativa, de ayuda a los países subdesarrollados…

Es evidente que avanzar en estas y otras materias que conllevan una clarísima e importante cesión de soberanía nacional, ha sido un trabajo complejo, arduo, con frecuentes tensiones, no en balde el punto de partida han sido las grandes diferencias previas y las distintas tradiciones, primero de 6 Estados y luego de 27. Pero este largo y difícil proceso ha sido posible por una voluntad política y una arraigada práctica negociadora entre la izquierda, el centro y la derecha.

Es cierto que hay en ciertos ámbitos de la ciudadanía europea una sensación de que las instituciones europeas son excesivamente burocráticas y costosas, que los avances son muy lentos, que la legislación comunitaria es farragosa y poco clara, que no se tienen en cuenta los intereses de determinados sectores productivos o de ciertas regiones más deprimidas, que las propuestas normativas tardan mucho tiempo en tramitarse y aprobarse y no digamos las resoluciones de los órganos judiciales, etc. etc.

Todo ello es verdad, pero insisto, estamos viviendo la transformación más importante en la historia de la humanidad y en tan solo unas pocas décadas. Si quienes en los años 50 pusieron las primeras piedras de la Unión se levantaran de sus tumbas y vieran a dónde hemos llegado no se lo podrían creer.

Desde luego en estos 50 años la Unión Europea ha tenido permanentes enemigos, desde las grandes potencias de la guerra fría, Estados Unidos y la URSS, hasta grandes multinacionales, pasando por la hasta ahora residual extrema derecha y sectores minoritarios de la extrema izquierda. A pesar de ellos la construcción europea ha seguido avanzando.

Estas próximas elecciones van a tener una gran importancia para toda la ciudadanía europea y desde luego para la española

Y esos enemigos, de una u otra forma siguen actuando, ahora con el refuerzo de una extrema derecha en crecimiento, de gobiernos de estados miembros que solo quieren ayudas económicas pero no se sienten coparticipes de los objetivos de consolidación y desarrollo de la Unión Europea, de unas multinacionales únicamente interesadas en establecer un continente abierto a la libre empresa sin controles de ningún tipo, de los defraudadores fiscales y los mantenedores de paraísos fiscales o de la hostilidad de las grandes potencias internacionales que no quieren que la Unión Europea intervenga en política internacional y menos en impulsar un modelo de sociedad democrática, pacífica, solidaria y con bienestar social.

Por tanto, estas próximas elecciones van a tener una gran importancia para toda la ciudadanía europea y desde luego para la española. Se va a dilucidar si el proceso de desarrollo de la Unión Europea va a seguir hacia adelante o se va a producir un estancamiento o lo que es peor, un retroceso.

La correlación de fuerzas va a tener una gran importancia. De cual sea la presencia de las fuerzas de izquierda y centro izquierda por un lado y por otra parte de la extrema derecha, sin duda contribuirá a la decantación de una parte de la derecha y del centro derecha, una parte de la cual está manteniendo una posición muy ambigua sobre su futura política de alianzas.

Si las fuerzas de la derecha y centro derecha se encuentran con un fuerte avance de la extrema derecha y un estancamiento de la izquierda y del centro izquierda, se podrían ver tentados a abandonar su histórico rechazo a la extrema derecha y abrirse a una cierta colaboración con estas fuerzas antieuropeas, con consecuencias bien negativas. Por el contrario, un avance de la izquierda y del centro izquierda y un estancamiento de la extrema derecha, favorecería mantener los acuerdos de colaboración entre la derecha democrática, los liberales y los progresistas y continuar con las políticas de consolidación y avance de la Unión Europea.

Las izquierdas tienen que hacer un esfuerzo para salir del bucle de enfrentamiento virulento con el PP, tanto en el plano europeo como en el español

Siendo tan decisivas las elecciones europeas y sus repercusiones, resulta sorprendente que en la campaña electoral de nuestro país todo esté girando en temas de política nacional y sobre todo en la bronca entre la mayoría de los partidos políticos. Es una irresponsabilidad, que siendo provocada y protagonizada sobre todo por VOX y el PP, tampoco han sido capaces de escapar a esa dinámica ni el PSOE, ni Sumar, ni Podemos. Esperemos que esa actitud no tenga efectos negativos en los resultados electorales para las izquierdas y sobre todo que no haga crecer la abstención, que sería un gran desastre.

Las izquierdas tienen que hacer un esfuerzo para salir del bucle de enfrentamiento virulento con el PP, tanto en el plano europeo como en el español. Así lo afirmó Pedro Sánchez tras sus cinco días de reflexión, pero que sin embargo los partidos del gobierno no han sabido hasta ahora respetar ni tampoco el propio Sánchez, que entra al trapo de la provocación una y otra vez, por no hablar de las actitudes de algunos ministros especialmente broncas.

En todo caso, el 9 de junio, aunque muchos no estemos especialmente entusiasmados, hay que ir a votar masivamente y votar por quienes defienden continuar con el desarrollo progresista de la Unión Europea.

Un voto masivo por el desarrollo progresista de la Unión Europea