miércoles. 17.04.2024
puigdemont
Puigdemont y Victor d'Hondt.

Democracia, bloqueo y gobernabilidad

Una vez recontados los votos el domingo pasado (23 J), se abrió casi de inmediato un periodo (que todo apunta a que será largo) en el que “el tema”-o más bien monotema- en la conversación política será “el bloqueo”.

Un imparable empuje centrípeto acabará conduciendo la atención política hacia ese ‘topos’ en cualquier conversación.

Como hay tiempo, conviene pues pararse a pensar no solo en su origen causal, sino en la más que probable reiteración con la que de modo irremediable comparecerá periódicamente en el futuro (o sea cada vez que se celebren elecciones parlamentarias).

En inseparable asociación hace acto de presencia otro ‘topos’, la gobernabilidad. En buena lógica, ambos deberían reconducir la conversación, -aunque es muy dudoso que lo hagan- hacia el único marco que puede permitir desentrañar su origen y con ello buscarles remedios: la democracia, su contenido y su paulatina erosión.

En efecto, sin democracia, carece por completo de sentido ocuparse de ambos topos', porque en tal ausencia - es decir en cualquier modalidad de oligarquía o de dictadura- el primero no puede darse y la segunda está asegurada por definición.

La cuestión -el abordaje de sendos ‘topos’- se convierte en candente porque hay demasiados síntomas ya de que para la superación del primero -el bloqueo- y el aseguramiento de la segunda -la gobernabilidad o la estabilidad como también se la llama-, se está dispuesto a hacerlo a cargo, o a costa, de la democracia y que por lo tanto ésta - ya de por sí bastante maltrecha pese a la “plenitud” con la que se la etiqueta- será la víctima más probable. (1)

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Atado y bien atado

Hace casi ya medio siglo que Otero Novas (2) -un abogado del estado colaborador estrecho de Adolfo Suárez, a la sazón Presidente de Gobierno- ideó, testó (3) y finalmente consiguió que se constitucionalizara (4) el sistema electoral que desde entonces sigue rigiendo en nuestro país; y que si sus señorías no lo remedian, mediante la alternativa a una Constitución irreformable (5), seguirá rigiendo indefinidamente.

Instruidos por el franquismo y aupados desde él, Suárez y su estrecho círculo de afines colaboradores aprendieron bien y aplicaron aún mejor la célebre sentencia de su viejo caudillo : “he dejado todo atado y bien atado”. La Ley para la Reforma Política (6), en la que se estableció el sistema electoral que sigue en vigor, fue en su contundente brevedad la prueba irrefutable de un legado perfectamente administrado por sus albaceas.

Tal sistema en lo esencial y más determinante consiste en el señalamiento de la provincia como circunscripción electoral (tanto para las elecciones al Congreso, como para las del Senado (7)), el numerus clausus de sus integrantes (350); y el número de diputados que corresponde a cada circunscripción. Las dos variables restantes - ley d’Hondt para el reparto de “restos” (8) y umbral de votos par conseguir un acta- son accesorias y básicamente irrelevantes.

Tales fueron los cimientos inamovibles sobre los que se instauró de hecho un sistema de voto mayoritario (imperfecto en el Congreso y abiertamente “perfecto” en el Senado) y con él la restauración del dinástico turno bipartidista. 

La articulación de las antedichas condiciones (en concreto de las tres señaladas como determinantes) (9) tiene como paradójica consecuencia su radical inconstitucionalidad,  por contradictoria transgresión de uno de los principios que la propia Constitución consagra en lo que respecta al sufragio: la igualdad de voto (10).

En efecto, la igualdad el voto es uno de los 5 atributos (11) que de modo solemne proclama la Constitución en su artículo 68.1. Y sin embargo tanto el señalamiento de la provincia como circunscripción electoral como el numerus clausus sobre los integrantes del Congreso, determinaciones ambas que figurando tanto en el mismo apartado de dicho artículo (numerus clausus entre 300 y 400) (12) como, a continuación, en el siguiente apartado (2) del mismo artículo (68), son absolutamente incompatibles con el atributo de igualdad y por tanto inconstitucionales, por paradójico que ello sea.

La igualdad del voto lejos de ser una cuestión formal, es decir una mera variante técnica -entre otras- sobre las distintas opciones de formación de gobiernos, es una opción transcendental referida a la sustancia del principio democrático (13), en tanto su desviación -como en seguida se verá- implica negar el derecho de participación y expulsar por tanto del espacio de representación y de la formación de la voluntad general o colectiva a un número muy significativo de ciudadanos discriminados en virtud de su lugar de residencia.

Es sorprendente y al mismo tiempo extraordinariamente significativo que en la página web (oficial) del congreso en la extensa sinopsis comentada de este artículo (68.1) se haya omitido el atributo de igualdad del sufragio que sí figura en el vigente texto de la Constitución.

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Sistema mayoritario imperfecto

Es ya muy común designar como bipartidismo imperfecto al sistema político de partidos que se mantuvo prácticamente inalterado en España casi 40 años desde las primeras elecciones libres (1977) hasta las europeas de 2014.

Sin embargo esa denominación ha de ponerse en relación con otra que comprende y determina la anterior y que es más ilustrativa aún: sistema mayoritario imperfecto, sustentado sobre la transgresión del principio de la igualdad del voto (14).

La imperfección a que aluden ambas denominaciones tiene como origen la excepción que suponen, respecto al sustantivo, dos de las nacionalidades históricas ; Euskadi y Catalunya. Y la particularidad es que así como el primero-el bipartidismo- hizo crisis en 2014, atenuándose  con oscilaciones desde entonces (15), el segundo- el sistema mayoritario- ha permanecido más inalterado, evitando de ese modo la profundización de esa crisis del bipartidismo (16).

Los resultados de las elecciones que se acaban de celebrar han vuelto a poner de manifiesto las verdaderas víctimas de este sistema mayoritario imperfecto, es decir los ciudadanos cuyos votos han terminado en la basura por la simple  y exclusiva razón del lugar de residencia de los mismo (17). Al mismo tiempo dichos resultados han señalado que si un abultado número de votos correspondientes a ciudadanos con idénticas preferencias no han tenido ese mismo lamentable destino, ha sido gracias al llamado voto útil, que en esta ocasión ha funcionado de modo muy efectivo, eso sí a costa de un retroceso en el declive del bipartidismo (18).

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Qué nos dicen los resultados

Las elecciones generales del 23-J, contra todo pronóstico, han dejado al bloque de las derechas sin posibilidad alguna de formar gobierno.

A su vez la formación de un nuevo Gobierno de Progreso mediante la coalición del PSOE con SUMAR presenta dificultades que no cabe infraestimar (19).

Pedro Sánchez para salir como presidente en la investidura, necesita un apoyo de los partidos nacionalistas suficiente como para lograr, al menos, una mayoría simple.

Además de lo anterior, que es lo mas conocido, divulgado, analizado y objeto de todo tipo de cábalas, los resultados del recuento de votos y la correspondiente asignación de escaños encierran otros muchos aspectos de interés, ignorados o colocados en un modesto y casi invisible segundo plano.

En efecto, una vez más se registra un problema crónico que es consecuencia de un sistema electoral fraudulento por más que sea legal. El premio que el sistema mayoritario imperfecto ha otorgado a los dos partidos más votados (con un plus de 17 escaños de más para el PP y 6 para el PSOE, respecto a lo que resultaría en un estricto sistema proporcional), tiene como principal contrapunto el castigo infligido a los dos siguientes partidos (VOX y SUMAR) que ven mermada su representación en 12 y 14 diputados respectivamente.

Esa merma lleva consigo que un total de 1.716.956 votos reunidos por dichos partidos (916.278 de SUMAR y 800.678 de VOX) hayan realizado un tortuoso recorrido, primero yendo al ‘basurero’ y luego siendo reciclados por el sistema electoral a beneficio principalmente de los dos partidos mayoritarios (20).

Junto a ello -y esto es de máxima importancia- un número igual de ciudadanos han sido discriminatoriamente excluidos del proceso de formación de la voluntad general, por el mero hecho del lugar en que han tenido que expresar su voto, es decir desde la provincia en que residen. A través del indicado mecanismo, el PP ha sustraído más de un millón de votos y el PSOE casi medio millón.

Además esos premios y castigos han arrojado un saldo negativo para el bloque de las izquierdas en términos de escaños asignados con respecto a los que cada una de los bloques- izquierda/derecha- hubiera obtenido bajo un estricto sistema proporcional (o de voto igual). La diferencia de 18 escaños que separa a dichos bloques en los escaños asignados quedaría reducida a 8 bajo el sistema proporcional, reducción que en términos de votos implica que el sistema electoral ha premiado al bloque de las derechas con más de 700 mil votos respecto a los obtenidos en sus listas.

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Ni d’Hont ni Puigdemont

El sistema mayoritario imperfecto auspiciado por el tardofranquismo y acrítica- o sumisamente- aceptado en la Transición por las fuerzas democráticas opuestas a la dictadura, funcionó a pleno rendimiento el largo periodo en el que su consecuencia -el bipartidismo- persistió.

Fue un modo eficaz no solo de enlazar con el largo periodo de la Restauración  Borbónica y su régimen del turno, sino de asegurar la estabilidad y la gobernabilidad. Eso sí a costa de ir vaciando de contenido la democracia y de instaurar la corrupción como efecto colateral.

La crisis política abierta desde la crisis económica de 2007-2008, pese a diferirse en el tiempo, trajo consigo la irrupción de nuevos partidos en la escena política (2015), la emergencia radicalizada de los partidos nacionalistas y con todo ello el cuestionamiento de los protagonistas del bipartidismo (21).

A partir de ese momento y hasta la fecha la gobernabilidad que aseguraba el turno bipartidista dejó de funcionar y entraron en escena los dos ‘topos’: el bloqueo y la (in) gobernabilidad.

El 23-J ha vuelto a reproducir prácticamente la misma situación ya vivida desde ese momento en dos ocasiones (2015 y 2019). Casi un empate no ya entre derecha e izquierda sino en sendos bloques, el primero conformado por unas derechas catalanofóbicas y vascofóbicas (herederas de “los nacionales”); y el segundo por unas izquierdas en difícil entendimiento con sus potenciales aliados en esas mismas nacionalidades históricas.

Dos cifras resumen perfectamente esa actual situación de ´impasse´: para el primer bloque es materialmente imposible superar los 172 diputados (22) (170 entre PP y VOX , más 1 de Coalición Canaria y otro de UPN (23)) ; el segundo aspira -con altas probabilidades- a reunir en torno al PSOE y SUMAR hasta 171 diputados, pero para llegar a los 5 que le faltan hasta la mayoría (absoluta o relativa) han de superar un obstáculo solo salvable tras no pocas dificultades: un acuerdo con la derecha catalana personificada en Junts, partido liderado por el antiguo presidente de la Generalitat, Carlos Puigdemont que ha obtenido 7 escaños y que tanto para las derechas extremas como para un indeterminado número de dirigentes, militantes o votantes del PSOE y la inmensa mayoría de los ‘media’, viene a ser para la ocasión la réplica catalana de Otegui.

Así pues junto al belga d’Hondt sobre quien de modo injusto- por ignorancia o por malicia- se carga la responsabilidad de la distorsión en los resultados o la torticera conversión de un sistema proporcional en uno de hecho mayoritario (aunque imperfecto para las apetencias de muchos), surge cabeza de turco -Puigdemont- transitoriamente afincado en el país de origen del primero.

Nadie al parecer se ha parado a pensar que la raíz o la causa del impasse- o de la no improbable repetición electoral- pudiera  ser otra, fácil de  indagar con la sola ayuda de unos conocimientos aritméticos muy elementales  (la regla de tres).

Si en lugar de entretenernos con juegos combinatorios sobre los resultados electorales, en particular sobre los escaños conseguidos por cada partido, se hiciera un ensayo a partir de los datos que resultarían de la aplicación del principio de igualdad (o de proporcionalidad, que para el caso viene a ser lo mismo), nos encontraríamos- o mejor dicho nos encontramos- con un dato que no dejará de sorprender : el bloque que ahora puede contar con bastante probabilidad con los susodichos 171 diputados pasaría directamente a tener 177 sin necesidad e los votos  de Junts ( o sea no ya la mitad más uno, sino la mitad más dos). el bloque de la derecha 167 y Junts uno menos (6): ¡Adiós al problema Puigdemont!

Y la sorpresa no acaba ahí, además de dejar en paz al residente en Waterloo, dejaríamos simultáneamente de usar en vano el nombre del abogado -matemático gantés (Victor d’Hondt).

Y es que si en el ejercicio antes descrito de cálculo del número de diputados sobre la hipótesis de igualdad o proporcionalidad del voto, en lugar de hacerlo bajo criterios de la más estricta proporcionalidad lo hiciésemos mediante el método de reparto de “restos” ideado por d’Hont, el resultado sería prácticamente idéntico: 178 diputados para el bloque que ya apoyó a Pedro Sánchez en la precedente investidura.

La única condición para ello es haber borrado la provincia como sujeto político, es decir haber acabado con esa aberración constitucionalizada gracias a los albaceas del legado del dictador y de quienes actuaron en ese caso como “colaboradores necesarios”.

Una nueva sorpresa servirá para cerrar el círculo: a similar resultado se hubiera llegado al aplicar idénticos criterios a las primeras elecciones libres celebradas en 1977, es decir con ocasión de testar si lo pergeñado en la Ley para la Reforma política daba los frutos deseados.¡Y claro que los dio!

Si algún lector ha llegado hasta aquí y tiene curiosidad, queda invitado a comprobar cuántas veces ha sucedido algo similar en las14 elecciones generales celebradas entre la primera (1977) y la última ( 2023).

Celebrados ‘gurús’ de la politología (Iván Redondo) o de la demoscopia (Narciso Michavila), siguen invocando cada dos por tres el nombre de d’Hondt en vano. Peor aún, destacados comunicadores (25) de la fuerza política - Podemos- que inicialmente impugnó el sistema electoral (junto con algunas cosas más olvidadas en su relativamente breve camino), siguen con idéntica cantinela: Las falacias sobre d’Hondt.

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Colofón

Cuatro pilares esenciales del edificio constitucional presentan graves patologías: la corona borbónica, el sistema electoral, el encaje plurinacional y el poder judicial (sus dos principales órganos el Consejo General del Poder Judicial y el Tribunal Constitucional). Hasta ahora dicho edificio ha experimentado importantes asientos no simultáneos y de insuficiente entidad para provocar el desplome.

Como en cualquier colapso es impredecible el momento en que llegará a producirse. La única manera de prevenirlo y evitarlo sería un reforzamiento más o menos intenso que resulta no ya inviable, sino imposible por el carácter cerrado de una Constitución concebida para impedir materialmente sus teóricas posibilidades de reforma.

Solo existe pues una salida: una refundación constituyente. Es bien sabido que esto no cabe hoy en ninguna de las agendas de Sus Señorías. Mientras tanto es posible que se intente hacer frente a alguna de esas patologías- por ejemplo la referida al sistema electoral- ahondando aún más la erosión de la democracia, por la via del reforzamiento - o ‘perfeccionamiento’- del sistema mayoritario que hoy rige. Alguna opción cabe sin necesidad de tocar la Constitución, pero habrán de disculparme si no les facilito ninguna idea al respecto .


(1) Esta tendencia de fondo- larvada desde hace ya mucho tiempo- se ha hecho ya plenamente visible, extendiéndose por todo Europa y en ella hay que inscribir para poderlo entender, el auge de nuevo de un fascismo- designado ahora de modo vergonzante como extrema derecha-, cuya novedad reside más en la iconografía  que en la sustancia.
(2) De una generación intermedia entre las de sus coterráneos Fraga y Feijóo , formó parte con el máximo protagonismo del grupo fundador de la Unión de Centro Democrático ( UCD) y tuvo un papel esencial en la redacción de la Ley  para la  Reforma  Política y el subsiguiente  Decreto-ley con las normas electorales aplicadas (Real Decreto-ley 20/1977, de 18 de marzo, sobre Normas Electorales) tanto en las elecciones preconstitucionles de 1977, como en la de las ya
postconstitucionales legislaturas primera y segunda de 1979 y 1982; y que en lo esencial se trasladaron a la posterior Ley Orgánica 5/1985, de 19 de junio, del Régimen Electoral General  (LOREG).
(3) El primer ensayo general ( “con fuego real”) fueron las elecciones preconstitucionales de 1977.
(4) "Fue miembro del Grupo Tácito, que propugnó públicamente la democracia durante las postrimerías del franquismo y que nucleó los gobiernos de la Transición. Fue director general de Política interior con Manuel Fraga Iribarne, tras la muerte de Francisco Franco y particip
ó en los trabajos de la "primera Transición" truncada….aportó con sus colaboradores el borrador inicial de la Constitución, elaborado dentro del ámbito del gobierno…..Recientemente ha aparecido vinculado al partido Vox al haber colaborado en el libro contrario a la Ley de la memoria histórica, patrocinado por dicho partido” José Manuel Otero. Wikipedia.
(5) Tesis sólidamente fundamentada expuesta con amplitud por Javier Pérez Royo en su libro “La Reforma Constitucional Inviable” (Edit Catarata 2015 n 548).
(6) 
Ley 1/1977, de 4 de enero, motor jurídico de arranque de la Transición de 4 de enero.
(7) Todo lo que puede sostenerse acerca del fraudulento sistema electoral aplicado en las elecciones al Congreso de los Diputados reviste en lo que respecta al Senado dimensiones aberrantes.
(8) Ver a este respecto la serie de 8 artículos de la serie “Prontuario para electores”, publicada recientemente en Nueva Tribuna.
(9) Enunciadas en el propio texto constitucional y concretadas tanto en la posterior ley orgánica, como en las normas preconstitucionales que precedieron a esta última.
(10) “El voto igual es la consagración de un doble principio constitutivo de la esencia de la democracia :”cada persona un voto” y “nadie es más que nadie”. Ver
Prontuario para electores. Tiempo de Elecciones en Nueva Tribuna14 de julio de 2023. 
(11) “El sufragio es piedra angular de la democracia; es condición necesaria -sine que non-aunque no sea suficiente. Cinco son los atributos que ha de reunir para ser considerado plenamente democrático: universal, libre, directo, secreto e Igual. La ausencia de cualquiera de ellos produce un déficit democrático que tratándose del primero o del último puede resultar irreparable, en la medida en que ambos son la expresión de un derecho, mientras que los otros tres, al afectar solo a la forma de ejercitarlo, son susceptibles de perfeccionamiento o reparación”.Ver Prontuario para electores. Tiempo de Elecciones en Nueva Tribuna14 de julio de 2023.
(12) Horquilla en la práctica definitivamente cerrada en 350 tanto en las normas preconstitucionales (Real Decreto-ley 20/1977, de 18 de marzo, sobre Normas Electorales) ,como en las postconstitucionales (Ley Orgánica 5/1985, de 19 de junio, del Ré
gimen Electoral General. LOREG).
(13) Ejemplo bien ilustrativo de una concepción reduccionista y por tanto burda de los sistemas electorales mayoritario o proporcional como meras opciones “técnicas” de formación de gobiernos, es la sentencia doctrinal de Felipe González : “La democracia no es una ideología, sino una forma de organizar la convivencia a travé
s de gobiernos representativos”.Nueva Revista (“Crisis de Gobernanza y Democracia Representativa: El efecto de la Globalización” nº. 173 Abril 2020.).
(14) El dato que mejor ejemplifica la desigualdad del voto es el diferente número de votos necesario para enviar aun diputado al congreso en las distintas circunscripciones provinciales, también denominado “coste por escaño”: mientras un diputado “cuesta” 9 mil votos más o menos en Melilla , o15 mil en Soria, cuesta  en Madrid 95 mil, en Barcelona 88 mil o en Zaragoza 60 mil.
(15) El bipartidismo que estuvo plenamente vigente hasta 2015 tuvo su momento álgido en las elecciones generales de 2008. En ellas consiguió reunir el 83,8% de los votos y el 92,3% de los escaños. A partir del 2015 como promedio de las 5 elecciones celebradas los votos a los dos partidos mayoritarios se han situado prácticamente en la mitad (53,5%) y los escaños conseguidos han alcanzado algo menos de los dos tercios ( 62,3%); con unos mínimos  de 47,3 % y del 54% respectivamente  en las primeras elecciones de 2019 ( 28 A); mientras que por el contrario en  las ultimas elecciones  (23-J) se han registrado las cifras más altas : 64,8% en votos  y 73,7% en escaños; porcentajes todavía bastante inferiores a los promedios del ciclo bipartidista ( 73% y 85,4% respectivamente).
(16) El sistema ‘mayoritario imperfecto’ ha premiado sistemáticamente a los dos partidos mayoritarios con un plus de escaños con respecto a los que proporcionalmente les corresponderían en razón de los votos conseguidos, que ha pasado desde un máximo de 64 en 1979 a un mínimo de 21 en 2016, con una cifra promedio en los 16 comicios al Congreso celebrados desde 1977, de 37 diputados a repartir entre dichos partidos (20 para el PP-UCD y  17 para el PSOE, aunque este ha sido el partido que ha gobernado más legislaturas).
(17) 1.716.956 entre votos de Sumar y VOX que no consiguieron tener escaño en su provincia como consecuencia del sistema electoral al producirse en provincias de menor tamaño. A estos hay que añadir otros 600 mil votos a partidos que no consiguieron ningún escaño debido a la insuficiente cantidad de votos de cada uno de los integrantes de este grupo.
(18) Altamente significativo es el caso de potenciales votantes de SUMAR que finalmente optaron -Zapatero mediante- por dar su votos al PSOE principalmente para asegurar de modo efectivo la reedición de un Gobierno de Progreso. El grueso de la pérdida de SUMAR, respecto a la suma de los votos obtenidos en 2019 tanto por UP como MP asciende a 687.664 votos, la mayor parte de los cuales -si no la totalidad- fueron a parar al PSOE, cuya ventaja respecto a 2019 se ha cifrado en casi un millón ( 968.771). Cuanto mayor es la imagen de proximidad de los partidos en los respectivos bloques, más altas parecen las probabilidades de que funcione el “voto útil “ a favor del mayor. Eso sería  lo ocurrido a SUMAR respecto al PSOE ; en cambio en el otro bloque el resultado siendo el mismo parece haber funcionado en sentido inverso , es decir es el PP el que se ha beneficiado al aproximarse cada vez más a VOX ( estrategia marca Ayuso). El hecho de no existir un partido de la derecha con apariencia de centro ( C’s y UPyD jugaron ese papel, aunque les perdió su fobia a los partidos nacionalistas) ha facilitado mucho tanto al PP como al PSOE esa captación de voto útil. El éxito del “voto útil“  se entiende mejor cuando se inscribe en los respectivos marcos de cada bloque ; “derogar el sanchismo” en el de las derechas ; y salvar y reeditar el Gobierno de Progreso en el de las izquierdas. Tales han sido los objetivos prioritarios de cada uno de esos dos bloques .
(19) Esa situación de impasse en la que un bloque no puede gobernar y el otro solo a condición de superar no pocas dificultades, cabe resumirla en las siguientes cifras: el bloque de izquierdas que formaría la coalición del nuevo gobierno ha obtenido 153 escaños; por su parte el bloque de la derecha tiene un techo máximo de 171 diputados de los cuales 169 pertenecen al PP (136 ) y a VOX (33) y dos más a Coalición Canaria (1) y a Unión Del Pueblo Navarro (1). Por último los partidos nacionalistas han sumado 26 diputados de los cuales 7 pertenecen a Junts per Catalunya.
(20) A esa cifra hay que añadir los casi 600 mil votos reunidos por el conjunto de partidos que no ha ha obtenido ningún escaño simplemente por lo exiguo de la cifra alcanzada por cada uno. En total los ‘votos basura’ , posteriormente reciclados en gran parte a beneficio de los dos partidos mayoritarios superan los dos millones ( 2.204.816), lo que equivale aproximadamente a la décima parte de votantes.
(21) Entre ambos perdieron en 2015 casi 9 millones de votos( 8.820.814) con respecto a los que consiguieron 7 años antes (2008).
(22) Cifra definitiva después del recuento del voto CERA (españoles residentes en el extranjero).
(23) Partido que cabalga en Navarra sobre sobre los dos de la derecha, aunque más escorado hacia la ‘extrema-extrema’.
(24) Por ejemplo hace solo unos días Dina Bousselham en Canal Red con el asentimiento de alguna de las politólogas contertulianas.

No es D’Hont ni Puigdemont, fue Otero Novas