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jueves 19/5/22
sanchez congreso

1.- “Convictos, pero no confesos”.

No sé por qué esas mentiras esperpénticas que proceden de nuestros políticos “democráticos”, y también los no democráticos, con las que pretenden confundir y engañar a su electorado, el pueblo teóricamente soberano, me evocan esa regla. Lo que ahora se llaman las “fakes”. En el caso de los políticos entrañan, como plus de maldad, la quiebra de la lealtad debida por los administradores a sus administrados, que justifica el sistema democrático. Ya saben me refiero a Trump, a Putin y tantos otros. Y también, a otro nivel, a nuestros políticos populares, un nicho de antipolítica democrática, de mentira y corrupción o de corrupción y mentira, mejor. Ni siquiera Pedro Sánchez escapa a esa “necesidad” de envolver sus decisiones más impopulares en papel de celofán, para ocultarlas. Impopular y democrático, por cierto, son términos antónimos.

Tras las mentiras de los políticos, la trastienda es siempre la misma: la necesidad de negar la realidad, la concurrencia de intereses perversos que así lo imponen, el sometimiento por el político a los mismos y hasta la consciencia de una culpabilidad que se intenta justificar moralmente, desde el despotismo ilustrado, con el “todo para el pueblo, pero sin el pueblo”.

Ello a propósito de lo que todo el mundo ha calificado como viraje político de la posición española tradicional sobre el Sáhara Occidental y que por Pedro Sánchez se ha calificado como “un paso adelante” en dicha política. No, no es un eufemismo. Es una mentira gorda. Tras alcanzar la glorieta, Pedro Sánchez no ha seguido por la salida que correspondía a la dirección que seguía antes. Ha tomado la salida correspondiente a la dirección por la que venía y retorna en dirección contraria. Cobardemente recula.

Aunque no sea preciso concretarlo por sabido, la posición española sobre el Sáhara se resumía en un solo punto: la autodeterminación del pueblo saharaui. De acuerdo con las resoluciones de la ONU. Es decir, que el futuro del Sáhara debe ser decidido por los saharauis que deberán optar por integrarse en Marruecos, integrarse en Marruecos como provincia autónoma, constituirse como Estado independiente o cualquiera otra a que decidiesen optar. La nueva posición española omite el requisito formal y material de que debe basarse en la decisión de los saharauis cuya voluntad se sustituye por la de Marruecos.  O sea, de autodeterminación nada. O si se prefiere, “Autodeterminación, de entrada no”. El cambio (y el fraude) es patente.

2.- España es una monarquía parlamentaria. ¿Quién se ha creído Pedro Sánchez?

Sorprendentemente, el “paso adelante” que en realidad no lo es, se imputa personalmente al Presidente del Gobierno, que asume la autoría, pero no la responsabilidad porque carece del valor preciso para reconocer el giro en sus justos términos. Es decir, pretende eludirla. Más sorprendentemente oímos de algún ministro del partido coaligado, que, a ellos, disconformes con la nueva política, tampoco se les puede imputar responsabilidad alguna “porque la dirección de la política exterior incumbe al Presidente del Gobierno”. Y esto, con perdón, también es una fake.

Precisando. España se constituye como Estado democrático y social de Derecho, cuya forma es la de Monarquía parlamentaria. Dejando de momento y para otro día lo de democrático y social, es claro que estamos en una monarquía y no solo porque lo diga la Constitución sino porque, frente a la discreción británica, el Emérito se encarga de recordárnoslo a cada paso. Pero lo realmente importante radica en que no tenemos un régimen presidencialista sino parlamentario, que implica que la soberanía popular radica en el Parlamento. Dicho de otra manera, ostenta la primacía decisoria.

La dirección de la política interior y exterior, de acuerdo con el art. 97 de la CE, corresponde al Gobierno, como órgano colegiado, no al Presidente del Gobierno. Y ahí reside la segunda mentira. Al Presidente del Gobierno le corresponden las facultades del art. 98.2 CE y proponer al Rey los demás miembros del Gobierno, pero no la dirección de la política exterior unipersonalmente, como unos y otros pretenden. Y ni siquiera esa dirección colegiada es una dirección suprema ya que está sujeta al control parlamentario ordinario y al excepcional por las vías de la moción de confianza y la moción de censura, si los grupos parlamentarios consideran que la discrepancia legislativo/ejecutivo es relevante.

Respecto de la nueva política del Sáhara resulta clara la discrepancia entre el Parlamento y el Gobierno pues todo el arco parlamentario, salvo el PSOE, ha manifestado su oposición. El órgano en que reside la soberanía popular ha desautorizado por dos veces al Gobierno. Más, incluso una parte del Gobierno, al que corresponde participar en la fijación de la dirección de la política exterior, se ha manifestado igualmente en contra. A ello se suma que, presumiblemente, la inmensa mayoría del pueblo español no se siente representada por el Gobierno en esta materia. Mal servicio presta el Gobierno, o la parte socialista del Gobierno, a la democracia sosteniendo una política enfrentada con el pueblo, la mayoría del Parlamento y a una minoría del propio Gobierno. Difícilmente explicable a los saharauis que, pese a tan amplísima disconformidad, el Estado español vaya ejecutar una política contraria. Y que deja en evidencia también a quienes se oponen a la misma por no considerarla lo suficientemente importante como para enervarla mediante el uso de los medios constitucionales previstos.

3.- Mentira y gorda es que nuestro cambio de política no incida en nuestras relaciones con nuestros otros también vecinos del sur, los argelinos.

Conocido es que Argelia y Marruecos tienen un contencioso histórico que ya dura más de medio siglo sin que actualmente mantengan ni siquiera relaciones diplomáticas. Y que una de las aristas del mismo lo constituye precisamente la cuestión saharaui. En este contexto las afirmaciones de Pedro Sánchez y Albares, ese ministro con gafitas al estilo León Trotsky, de que Argelia había sido consultada, era un aliado seguro y fiable y que la nueva política no incidiría en nuestras relaciones recíprocas, son un auténtico dislate. Por razones meramente retóricas, si la nueva política es solo “un paso adelante” que no altera la política seguida hasta ahora ¿qué necesidad había de consultar con Argelia? Por razones fácticas, si se consultó con Argelia y esta no manifestó su oposición ¿por qué Argelia adopta inmediatamente medidas de conflicto con España llamando a su embajador en Madrid a consultas? ¿Por qué anuncia que va a proceder a revisar el precio de los contratos de suministro de gas solo a España y va a mantener los precios respectos de los demás clientes? No parecen manifestaciones de alegría y alborozo. Y por razones estratégicas, no es razonable que nuestros gobernantes hayan ignorado que, asumiendo las tesis e intereses de Marruecos, no se perjudican los de Argelia. Más cuando recientísimamente Argelia ha boicoteado el gaseoducto que debía discurrir por suelo marroquí.

4.- El Imperio es el Imperio y a ti te encontré en la calle.

Tampoco se atienen a la verdad las justificaciones que se nos brindan. Ni el cambio de postura español contribuye a la solución del conflicto jurídico internacional sobre la autodeterminación del Sáhara ni menos aún aporta seguridad jurídica al crónico conflicto hispano-marroquí.

En cuanto a la primera cuestión, solo sirve para contribuir a crear o mantener una situación de facto favorable a Marruecos por otra parte ya conseguida por este Estado. Así la única relevancia que tiene la adhesión española a esta tesis es la que le da el hecho de ser la Potencia colonial administradora, que es la obligada a cumplir las resoluciones internacionales. Es decir, proporcionar cobertura a USA y Alemania, que ya han adoptado la tesis marroquí, cargando con las culpas como incumplidora. Poca cosa pues ya España lleva 47 años incumpliendo sus obligaciones internacionales y dimitida como Potencia colonial.

La debilidad y cesión continua del Estado español servirá de acicate a las acciones reivindicatorias del Reino de Marruecos

Menos aún aporta seguridad jurídica a nuestro país. Antes al contrario, mientras Ceuta y Melilla sean plazas de soberanía española los monarcas marroquíes persistirán en el chantaje. Por qué habían de dejar de hacerlo si siempre les ha dado resultado. Cualquier cosa que firmen la incumplirán: repetirán marchas verdes, ocupación de la isla Perejil o cualquier otro peñote, fomentarán el asalto a las vallas o se relajarán en el control de fronteras. Incluso resuelto de facto el problema del Sáhara, Ceuta y Melilla dejan de ocupar el segundo lugar y pasan a primer plano. Es más la debilidad y cesión continua, por no decir cobardía, del Estado español acreditada desde el abandono físico y a la carrera del Sáhara en 1975 y ratificada por el actual abandono jurídico, servirá de acicate a las acciones reivindicatorias del Reino de Marruecos, que no olvidemos que viene utilizando el problema con España como maniobra de distracción de la estructura feudal de su Estado, el carácter teocrático de su monarquía y su economía fundada en la explotación y la desigualdad lacerante de la población.

Y no es que me apunte a la leyenda negra del carácter traidor de los “moros”, porque la realidad es que, y si no pregúntenle a los saharauis, el Estado español puede ser tan traidor como el marroquí.

Finalmente, no solo somos la coartada, también pagaremos la fiesta. Prestigio internacional ante la comunidad de naciones, ante los países árabes, ante Argelia y ante los saharauis. De nuestro prestigio como colonia de última clase en el marco del Imperio, ni hablamos (por eso nos lo han impuesto). Y también pagaremos en términos económicos porque importamos de Argelia más del 40% del gas que consumimos y nos van a revisar el precio al alza, en plena crisis mundial (¡Qué oportunidad para callar, querido P. Sánchez!).

Si Marruecos reconoció a Israel fue a cambio de contrapartidas como el Sáhara. USA y Alemania ya cambiaron su posición. Ahora le tocaba a España. Curiosamente la Subsecretaria del Departamento de Estado, Doña Wendy Sherman, “nos visitó” poco antes de la declaración de Sánchez (nuestro rango en la estructura colonial no da para ser visitados por el Secretario de Estado). Si a alguien le quedaba alguna duda, la embajadora de Estados Unidos en Madrid, Doña Julissa Reynoso, ha afirmado que “no hemos empujado a España a cambiar sobre Marruecos”. Ya saben, “excusatio non petita…” Además de dejar con el trasero al aire a P. Sánchez pues se reconoce explícitamente la existencia de un “cambio de política”, que no “un paso adelante” en la misma política.

El Sahara (vamos a contar mentiras…)