jueves. 29.02.2024
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(Dedicatoria especial) | Mujer: "Perdónanos nuestras ofensas, así como nosotros esperamos perdonarnos a nosotros mismos..."

A todas las mujeres, y a todos los seres humanos capaces de amar. Y, aunque parezca una redundancia el explicarlo, no todos los humanos son, o somos, capaces de amar.

Porque, para amar no basta el físico; es mucho más que eso, hay que tener corazón, es decir, sentimientos. Y espíritu. No necesariamente en un aspecto religioso, pero sí en el de una trascendencia, en el sentido de eternización momentánea que podemos vivir, pero no explicar. Podemos decir que el Amor es un sentimiento teñido de Divinidad.

Este escrito, se sale de "lo normal". Pero, en los tiempos que vivimos, si es que vivimos en el tiempo, "lo normal", si no ha caducado, sí muestra, múltiples arrugas de caducidad. En el mundo moderno, "lo normal", es "lo racional", así esto sea más el esqueleto de una utopía, que una práctica de vida. Es el mundo ilusorio de "La Razón" que se desmorona cuando esta encuentra que, en su propio vientre, se han generado, o, mejor, hecho visibles, "otras razones", que habían permanecido ocultas, o humilladas, por el Imperium (autoridad, mando supremo, dominio) de aquella. Caen las certezas y con estas, las "Verdades Universales". Esta caída tiene que ver con el llamado y, a veces, tan criticado "fin de la historia". Y claro que estamos asistiendo al fin de la historia, no como el fin de la acción humana (que tampoco parece que vaya a durar mucho), sino como el fin de la narrativa que elaboró y enseñó Occidente, acerca de su evolución: un movimiento en sentido lineal. De atrás hacia adelante, en ascenso continuo. Era, al mismo tiempo, la evolución de "La razón". La visión judeo- cristiana del mundo. Pero, la dis-función entre el mundo teorético y la práctica existencial, llevó, como hemos dicho, al derrumbe de la narrativa histórica, y al cuestionamiento radical de "La Razón", con sus correspondientes "Universales" (verdades o leyes absolutas). El resultado de este desastre de la práctica humana (capitalismo incontrolable) y del pensamiento, ha sido la aparición de relativismos y fundamentalismos, que se cruzan con enorme facilidad. Todo es relativo (salvo esta afirmación). O, la verdad está en la escritura. Pero, el proceso hermenéutico nos mostrará que habrá tantas verdades como lectores. Así la hermenéutica, negándose a sí misma, ponga reglas de interpretación. O, el último absoluto: las leyes (naturales) del mercado, son las leyes de la vida. Con esto, se ha establecido una "biología mercantil". La compra-venta es nuestro espacio vital. Y esto nos ha permitido transformar el cuerpo en un medio de producción, cuando no hay más. Podemos vender sexo, un brazo, o un riñón. O los dos, y más órganos si hacen falta para salvar la familia.

Hecha esta aclaración, vuelvo a hablar de las mujeres, condenadas y excluidas por la historia. La mayoría, no todas, por supuesto. Cualquier "universal", tiene su dosis de falsedad. Porque toda realidad, tiene dos caras: la que vemos, y la otra. Como cuando nos vemos en el espejo. Allí, nos acostumbramos tanto a ser "nosotros = Yo", o "nosotros Yo+ Los míos" que llegamos a pensar que este "nosotros", es el mundo. El mundo verdadero.

Estamos asistiendo al fin de la historia, no como el fin de la acción humana (que tampoco parece que vaya a durar mucho), sino como el fin de la narrativa que elaboró y enseñó Occidente

Pero ese mundo es variado, poliformo, es decir, que tiene sus propios rostros, con sus propios "nosotros". Esto vale tanto a nivel individual, como colectivo. Hay yos que se hacen colectivos, como hay colectivos o plurales, que se usan individualmente. Eso es claro en las relaciones de poder: "Aquí mando YO". O "NOS (OTROS), con base en la autoridad concedida por el Todopoderoso..." Y, las mujeres, los hijos, los sirvientes y los esclavos, o sea, la familia, quedan sometidos al "Paterfamilias", fiel representación del Dios-varón (Theos =Zeus =Deus =Dios), negación de la Diosa Madre (Deméter= Theá méter) hermana mayor de Zeus. 

Así que el Páter (griego y romano), es dueño de la "servidumbre" que eso significa "familia" (de fámula =esclava, sirvienta). Es el patriarcado (de páter y arxé=arjé= principio, fundamento, poder). El poder del padre que viene de la naturaleza, o con el origen del mundo. O con la imagen del Padre Eterno. Por lo tanto, indiscutible, inamovible. "Soy tu padre"; "lo dijo tu padre". Y la esposa y madre, se dirige a su esposo con las frases: "si mi señor"; "como ordene mi señor". Kyrios (Señor, en griego); Dominus (Señor, en latín); señores, dueños de esclavos.

Y ese patriarcado se manifestó, a través de milenios, en todas las esferas del vivir. Y se manifiesta en la exclusión, en la discriminación, o en la segregación. O, en tantos et caetera (=etcétera). No derecho a herencia, no derecho al trabajo, menores salarios, no derechos políticos, o menos espacio político, menor estatus social, sometimiento a violencia intra- familiar sin derecho a reclamo, o con el precio de la muerte. Y algo asqueroso: condena a la prostitución que, si eximimos a las elegantes "pre-pagos", quienes "trabajan" en esto, lo hacen por necesidad de sobrevivir y con una condena moral que es la marca de la degradación humana: son "Las putas" y sus hijos, real o simbólicamente, "hijos de puta". Porque, en una sociedad patriarcal, hay "putas" pero no hay "putos"; hay "hijos de puta", pero no hay "hijos de puto". Se dice que es el oficio más antiguo del mundo y, claro, refiriéndose a las mujeres. Pero, si tengo razón en lo que afirmo, que la mujer ejerce la prostitución por necesidad, también puedo afirmar que el varón llega allí, por instinto. Por lo cual puedo decir que el puto-comprador sí que es el oficio más antiguo y más degradante del mundo.

Decía, al respecto, la inolvidable Sor Juana Inés de la Cruz (con palabras más decentes que los puto-compradores no se merecen, en su primera estrofa del poema)

Hombres Necios que Acusáis
Hombres necios que acusáis
a la mujer sin razón,
sin ver que sois la ocasión
de lo mismo que culpáis...

Por aquí deberíamos comenzar la valoración de las diferentes "humanidades". Porque, como pasa con las drogas, es peor el que demanda que el que surte. Pero, siempre el castigo es para el que surte. Y peor, si surte poquito. Porque, el grande negocia y va a tener grandes ventajas, cuando se negocia la ley y aunque ustedes no lo crean, porque es algo Ad absurdum, hay leyes que permiten negociar la ley... Sólo que, para negociar, no hay que tener ruana o poncho; no hay que ser de abajo; de los "desheredados de la Fortuna"

Ese patriarcado se manifestó, a través de milenios, en todas las esferas del vivir. Y se manifiesta en la exclusión, en la discriminación, o en la segregación

Ahora, continuemos con estas "anormales" palabras; con lo fundamental acerca del tema de que estamos hablando. Y es la relación que hay entre la mujer y el campo o espacio, de lo religioso. Y he ahí que nos encontramos con una cuasi-verdadera aporía, como dirían los griegos. Aquí, y en lo que hace a las religiones monoteistas, o sea, las "del Libro" (o, mejor, las de "los Libros", que eso significa Biblia en griego), la mujer se encontró en un callejón sin salida.

El cristianismo heredó, y profundizó el pensamiento hebreo y greco-romano, sobre la inferioridad de la mujer, bien fuese por su origen, según el Génesis (y las interpretaciones de él derivadas, o por la naturaleza de las cosas, según los griegos y romanos. De todas maneras, en esta, como en otras cuestiones, Divinidad y Naturaleza, se confunden, o se entrecruzan, con el fin de evitar el cambio. Lo bueno, es lo que permanece, asimilándolo al Ser. El ser es, y el no ser, no es, de Parménides. O yo soy el que soy, y "polvo eres y en polvo te convertirás", del Antiguo y del Nuevo Testamento. O, en palabras más sencillas: "el" Espiritu, y "la" materia. El soplo divino que procede del Padre Eterno, elemento masculino, y la "mater-ia", elemento femenino que procede de la madre. (En griego, méter; en latín mater). Ahora, pueden entender el contraste que, en nuestra cultura, se ha formado entre dos vocablos: espiritualismo, lo sublime, lo celestial, lo apolíneo y, materialismo, lo intrascendente, lo dionisíaco, lo inmundo (in-mundo, literalmente, "en el mundo", fuera de los espacios de santidad, en términos medievales).

Se dice que la palabra mujer viene del latín popular mulier, derivado de mollitia, molicie, pereza, debilidad, flexibilidad. Y no tiene nada de raro ya que han llegado a llamarla "el sexo débil". Débil en todo sentido. Física y espiritualmente. Aunque hoy, la ciencia está tratando de mostrar que fueron sus fuertes brazos los que estuvieron en la base de la Revolución Agrícola. Pero, la narrativa del Génesis, impregnó toda la cultura occidental cristiana de misoginia. En la investigación que hace el Creador en el Paraíso, sobre la desobediencia, Adán que estaba escondido, al oír su nombre, sale y se presenta. Y dice el relato:

Y el hombre respondió: la mujer que me diste por compañera me dio del árbol, 
Y yo comí. (Gen.3,12).

Es decir que, en vez de hacerse cargo de la situación y poner la cara, cobardemente, se lavó las manos. La mujer (todavía no tenía nombre), sorprendida con la acusación de Adán, le echó la culpa a la serpiente, a la cual Dios maldijo, por ser astuta e incitar a la rebelión:

…maldita serás entre todas las bestias y entre todos los animales del campo; sobre tu pecho andarás y polvo comerás todos los días de tu vida.
(Gen. 3,14).

Y lo que más nos interesa, el castigo para la mujer:

A la mujer le dijo: multiplicaré en gran manera los dolores, en tus preñeces con dolor darás a luz tus hijos; y tu deseo ["voluntad", en la nota de pie de página] será para tu marido y él se enseñoreará de ti. (Gen. 3,16)

Creo que la parte más fuerte del castigo, cayó sobre Eva. Así la llamó Adán, como sinónimo de madre de todos los vivientes. Pero, me pregunto: ¿Por qué estaban en el Paraíso el árbol de la ciencia y la serpiente que, justamente, eran la negación del Paraíso? Y mi respuesta es: porque tenían que cumplir con un papel que les había asignado el Creador en su Plan Divino que, como dice San Agustin, estaba en su cabeza desde siempre; desde los tiempos en que no había tiempo.

En cuanto a la serpiente que, antes del castigo debía haber sido un lagarto, se convirtió en un animal admirable: sin brazos y sin piernas, salió adelante. Aprendió a desplazarse velozmente sin muletas, sin silla de ruedas. Nunca tuvo una queja, ni puso un reclamo...

El cristianismo heredó, y profundizó el pensamiento hebreo y greco-romano, sobre la inferioridad de la mujer, bien fuese por su origen, o por la naturaleza de las cosas

En cuanto a la mujer, no sólo tuvo que aguantar todos los dolores inherentes a su condición, sino que la cultura, como hemos dicho, se impregnó de misoginia que tuvo como resultado una discriminación en todos los ámbitos de la vida. Y más en lo que tiene que ver con "lo sagrado". La tradición judía; y los pensadores griegos y romanos, fueron tomados por los padres de la iglesia para sustentar esta discriminación. Aristóteles sostenía que la mujer era un hombre incompleto y que tenía que comer la mitad de lo del varón, entre otras tantas cosas. Los romanos tenían la palabra Virtus (virtud), palabra referencial dentro de nuestra cultura. Pero, Virtus está compuesta del sustantivo "vir", (varón)y del sufijo tus, es decir, algo así como "lo propio del varón". Lo inherente a la esencia masculina. Así que hubiera sido, no sólo una contradicción absoluta, sino casi un insulto, hablar de "mujer virtuosa".

No voy a discutir con quienes, desde el cristianismo institucional (léase iglesia-Vaticano), sostienen que la Iglesia ha defendido siempre la igualdad de la mujer. Dicen con relación a ella que somos diferentes pero iguales. No es cierto: esa diferencia ha creado una desigualdad. Una discriminación de la mujer. Discriminada para enseñar la Doctrina (aunque suene a redundancia), y marginada absolutamente del orden sacerdotal, ahora con flexibilidad en la Iglesia Anglicana, pero con gran escándalo de la mayoría de los mismos y de Roma que, les ha ofrecido a los escandalizados fugitivos, una Prelatura (Sección para que sigan los sacerdotes y obispos anglicanos, practicando su anglicanismo dentro del catolicismo, con esposas y todo) que es un premio por haberse opuesto a la ordenación de mujeres.

La Iglesia Católica, siguiendo la tradición, continúa oponiéndose a que las mujeres sean sacerdotes. El argumento es que Jesucristo lo quiso así. La realidad es que, a partir de esto y con base en la misoginia que impregna la cultura, la Iglesia ha creado la más grande de las desigualdades, a partir de una discriminación que no tiene ninguna razón de ser, menos si vemos una afirmación del Génesis, hecha un poco antes de la metáfora de la costilla que, en alguna forma, implica dependencia:

Y creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó. (Gen. 1, 27).

Aquí vemos algo claramente: los términos "varón" y "hembra", son una expresión plural del singular "hombre". Es la especie, "con-formada" (o sea, formada en igualdad de condiciones; con el mismo valor), por los dos géneros. El concepto de "hombre", tiene el significado de ser-humano. Podemos aclararlo más, con una frase latina, tomada del Diccionario Ilustrado Latino-Español de Ediciones Spes: 

virum te putabo si Sallustii Empedoclea legeris, hominem non putabo (p. 222)

(si lees el Empédocles de Salustio, te consideraré todo un hombre; no un simple mortal).

Creo que se ve, con toda claridad, la diferencia entre género (virum), y especie (hominem). Así que no hay disculpa. A veces se dice que las expresiones misógenas (generalmente, este término no es aceptado) en los textos (ver Santo Tomás, por ejemplo) que se usan para fijarle a la mujer "su lugar", distinto al del varón, se deben al contexto en que fueron escritos. Pero, los textos, sobre todo cuando son expresiones de carácter religioso, se descontextualizan, para hacerlos vigentes a través del tiempo y del espacio, por su supuesto carácter sagrado, como expresión de la voz de Dios. Creo que este es el caso que tenemos con relación a la negación del sacerdocio a las mujeres. Es más: la Iglesia Católica, incluidos los católicos del rito oriental, donde los sacerdotes pueden casarse, la Iglesia Ortodoxa Rusa y la Iglesia Anglicana (quizás se me queden una o dos minoritarias por fuera), son las únicas expresiones religiosas que tienen un sacerdocio con un carácter super-especial: la ordenación sacerdotal, imprime carácter. Es decir, una vez ordenado, se es sacerdote para siempre (Sacerdos in aeternum) porque Dios hizo sacerdote a su Hijo, y Él, lo transmitió a algunos de sus seguidores. No ocurre esto en las otras dos religiones del Libro. Básicamente por la idea que tienen de la Divinidad. Ni en el Judaísmo (salvo el caso del sacerdote Melquicedec que, al no aparecer datos sobre su muerte, se le consideró sacerdote para siempre), ni en el Islam. En ellas, el oficio religioso, es una administración de lo sagrado. En el Islám, no hay sacerdocio. Quizás, una especie de clero. Pero no hay nadie "dotado con lo sagrado" (sacer-sacrum y dotare). Y, ello se aplica a los diferentes estados del sacerdocio: Diaconado, Presbiterado ("el padre") y Episcopado.

La Iglesia Católica, siguiendo la tradición, continúa oponiéndose a que las mujeres sean sacerdotes. El argumento es que Jesucristo lo quiso así

Se dice que antiguamente, la palabra sacerdote no significó lo que acabo de exponer. Y es cierto, por lo que dije arriba. Pero, como las palabras pueden permanecer, los conceptos, o sea su significado, van cambiando con las mutaciones humanas.

Un sacerdote (diácono, presbítero, obispo) puede convertirse en ex clérigo y ser reducido al estado laical, por castigo, o por voluntad propia, pero, de acuerdo con la doctrina de estos sectores del cristianismo, JAMÁS dejará de ser sacerdote.

En unas sociedades como las nuestras del occidente cristiano, en donde la religión penetra todas las esferas de la existencia, así sea, solamente, como creencias y rituales (a veces puramente sociales), y no como práctica de vida, la desigualdad de la mujer, se transforma, prácticamente, en una discriminación esencial, porque es, en mi opinión, una desigualdad teológica. ¿Qué otra cosa puede ser, negarle a la mujer el dotarse con lo sagrado? Recordemos: "Varón y hembra los creó". Y los creó así, para que se complementaran en sus diferencias anatómicas, fisiológicas y demás a que haya lugar, con valores de igualdad, y no con la dependencia o servidumbre de la una para el otro. Si no logramos esta igualdad para la mujer, difícilmente lo logrará en otros planos. Muchos obstáculos: se presentan: la sociedad patriarcal, en todas sus expresiones, políticas, económicas, ideológicas, etc., se resiste a ceder; a muchas mujeres no les interesa luchar por esta igualdad y, a muchas, les encanta la sociedad patriarcal, porque se han acostumbrado, en el actuar y en el pensar, a ver esa situación natural. O, como si fuera de orden divino.

Hay quienes dicen que de qué se quejan nuestras mujeres si, de todas maneras, están mejor que en otras culturas. Esto, creo, es una consideración cínica. Primero porque, aún si así fuera, ese no sería un sabio consuelo y, segundo, porque, si llegase a ser cierto que están mejor, eso no se lo deben a la Iglesia o al Estado, sino a la Modernidad que llegó destruyendo lazos sociales y pensamientos, pero, sobre todo, a sus luchas con sabor a sangre y sufrimiento para tratar de lograr algo. Algo como el derecho al voto (que es muy poco lo que sirve hoy), el derecho a la educación, el derecho, en la mayoría de los casos, necesidad, de salir al trabajo. Y, sin embargo, ¡cuánta violencia contra ellas! Esto, después de más de 300 años de la Ilustración. Y de más de 200 de la Revolución Americana y de la Revolución Francesa que consagraron como principio fundamental el "Todos por naturaleza nacemos libres e iguales..." ¡Qué ironía!

Hay mujeres que fueron, o son, emperatrices y reinas, ministras, magistradas, gerentes, dirigentes de todo orden, y envueltas en su egocentrismo, no hicieron ni hacen absolutamente nada por las otras mujeres. Hay algunas, muy pocas, que han hecho mucho. Otras que algo han hecho. Y la mayoría que sufren el mundo como lo han heredado de siglos, por no decir de milenios. Para las que han ayudado y para las que han sufrido la exclusión, la discriminación y la violencia de todo tipo, es este pequeño homenaje-recordatorio. Esto no quiere decir, y deseo explicitarlo, que la exclusión, la discriminación y las violencias, sean sólo contra las mujeres. Desde luego que no. Hay discriminación racial (no me gusta el término "raza", porque es racista), social propiamente dicha, por opciones sexuales, por ideas políticas, religiosas, etc. Nuestras sociedades modernas, son insensibles máquinas de discriminación. Pero aquí, estamos hablando de un sector, quizás el más fuertemente discriminado: el de las mujeres. Pero, ellas están levantando su voz de protesta y de denuncia. Estoy con ellas. Y deseo que, ojalá, su voz se levante como manifestación de un feminismo omnicomprensivo, "omnihumano"; es decir que esa voz que se levanta, se haga sentir en la denuncia y condena de todas las discriminaciones sociales…

Para terminar, no puedo dejar de manifestarles que, con relación al tema, me siento atraído por la mitología griega (en la versión de Hesiodo), en cuanto al origen de lo existente: lo primero que sale del Caos, esa nebulosa del "no-ser", es Gea, madre de todo lo que existe. Ella, sin ayuda de nadie, engendra a Uranos, (el Caelus romano), el Firmamento o Cielo. Gea y Uranos, engendran a Rea, la Magna Mater romana, y a Cronos. Rea y Cronos engendran a Deméter (Diosa Madre), identificada también como Cibeles a quien los romanos llamaban Mater nostri (nuestra Madre). Es claro que Gea y Rea, se personificaron en Deméter. Hermano menor de Deméter, es Zeus (Deus Dios), el "padre de los dioses y de los hombres...". De acuerdo con lo anterior, la materia (mater-ia), clara u oscura, el universo todo, tiene un principio femenino: la Madre (Gea), la Magna Madre (Rea) o la Diosa Madre (Deméter). Por eso me gusta.

Nuestras sociedades modernas, son insensibles máquinas de discriminación. Pero aquí, estamos hablando de un sector, quizás el más fuertemente discriminado: el de las mujeres

En lo que se refiere a la palabra mulier (mujer), derivada de de mollitia (así con doble ele) molicie, blandura, debilidad; no olvidemos que salió del habla popular, y creo que pudo ser una degradación de otra palabra que "pudo" existir: molier(con una sola ele y, por eso, más parecida a la palabra mulier), derivada del verbo Melior-molieri, que quiere decir "construir fuertemente, fortificar", pero que, como está en voz pasiva, se refiere a algo que ha sido construido para resistir; algo muy fuerte como un muro, una pirámide, una muralla. Esa es Molier, la mujer de mi poema "Joya Divina". Ella, debe participar en el Derecho Divino a estar consagrada. No en el sentido de dedicada, sino de "portadora de lo sagrado", con el carácter que imprime (cum sacrum, de una vez para siempre. Es decir, debe poder ser sacerdote). Y, por lo tanto, debe poder consagrar el pan y el vino. Y administrar todos los sacramentos. La vocación, como llamado, otorgado como un don de Dios, no puede seguir reducido al género masculino. Si todos y todas, somos hijos de Dios, todos y todas, participamos de "lo divino", Y esto nos da acceso a "lo sagrado", no solo en forma pasiva, sino en forma activa.

Como he dicho, parte de la Iglesia Anglicana, abrió las puertas a la igualdad. Todos los seres humanos, sin importar su opción sexual, si llenan unos requisitos, que no tienen que ver con lo anterior, tienen acceso al sacerdocio. Por eso tenemos mujeres sacerdotes y mujeres obispos (o mejor, obispas).

La Iglesia Católica, continúa con las puertas cerradas. Frente a las reclamaciones de teólogas, monjas y grupos de católicas y católicos, el papa Juan Pablo II, con toda la influencia que llegó a tener en la iglesia, en su Carta Apostólica Ordinatio Sacerdotalis del 22 de mayo de 1994, después de argumentar por qué no se admitía a las mujeres al sacerdocio, afirmaba tajantemente:

... en virtud de mi ministerio de confirmar en la fe a los hermanos (cf. Luc. 22,32), declaro que la iglesia no tiene en modo alguno, la voluntad de conferir la ordenación sacerdotal a las mujeres, y que este dictamen debe ser considerado como definitivo por todos los fieles de la iglesia.

Es decir, usó su poder papal para cerrar definitivamente la puerta al sacerdocio femenino. ¿En qué se basó el papa? En la tradición; en las Sagradas Escrituras, en la escogencia, sólo de varones, como apóstoles, por parte de Jesucristo, en la prédica constante de la iglesia sobre el mismo tema y, finalmente en algo con un sabor teológico de fondo: la afirmación de que las enseñanzas del Magisterio sobre la exclusión de las mujeres del sacerdocio, están de acuerdo con el plan de Dios para su iglesia.

Como se ve, esto es, prácticamente, una tautología, basada en la tradición. O, porque así lo ordenó Dios. Pero lo que Dios ordenó, y el conocimiento de su plan, nos llegó por la tradición. Pero, si hubiésemos respetado la tradición, la historia jamás hubiese despegado. Es más: tradiciones, y normativas hubo en la iglesia que fueron desapareciendo pero que, en su momento, fueron incuestionables. Por ejemplo, la confesión pública de pecados graves como el adulterio, la fornicación, el homicidio y la idolatría ante el obispo, el Jueves Santo y frente a la comunidad a la que se pedía perdón. Confesión que podía hacerse sólo muna vez en la vida. En cuanto al matrimonio de los sacerdotes: recordemos que varios apóstoles eran casados, y así los escogió el Maestro. Pero, en contra de ese ejemplo, la iglesia impuso el celibato. Hasta el Concilio Vaticano II, a las mujeres, por tradición, no se les permitía acceder al presbiterio. Menos aún, ser acólitos, leer las epístolas o los evangelios, o dar la comunión. En el templo, las mujeres estaban separadas de los hombres. No podían entrar con falda corta o blusas ligeramente escotadas. Y tenían que cubrir su cabeza. Ya lo había dicho San Pablo en su Epístola a los corintios:

Porque si la mujer no se cubre, que se corte también el cabello, y si le es vergonzoso a la mujer cortarse el cabello o raparse, que se cubra. (11,6). Porque el varón no debe cubrirse la cabeza, pues él es imagen y gloria de Dios; pero la mujer es gloria del varón. (11,7). Porque el varón no procede de la mujer, sino la mujer del varón (11,8), y tampoco el varón fue creado por causa de la mujer, sino la mujer por causa del varón (11,9).

Hoy vemos que las mujeres entran al presbiterio, no se cubren la cabeza, son acólitos, leen la palabra de Dios, dan la comunión, etc. Pero, en el etc., no está el ser sacerdotes. Como vemos, han caído tradiciones. Pero no por bondad de la iglesia, sino por la presión de las mujeres, y de muchos varones, en el contexto de la sociedad moderna.

La Iglesia Anglicana, abrió las puertas a la igualdad. Todos los seres humanos, sin importar su opción sexual, si llenan unos requisitos, que no tienen que ver con lo anterior, tienen acceso al sacerdocio

En cuanto a las Sagradas Escrituras, por supuesto que no se hace referencia al sacerdocio de las mujeres: ¡ningún libro de la Biblia fue escrito por una mujer! El Evangelio de María Magdalena, fue considerado como apócrifo y quedó fuera del canon. Pero, en tratándose de Escrituras, es bueno recordar lo que decía San Pablo sobre la igualdad de la mujer, esta sí igualdad teológica y que, por lo tanto, es mucho más importante que lo que decía con relación a cubrirse la cabeza. Y, con ello, San Pablo, universalizó el cristianismo:

Ya no hay judío ni griego; no hay esclavo ni libre; no hay varón ni mujer, porque todos vosotros sois uno en Cristo Jesús. (Gal.3,28).

En cuanto a la práctica de la iglesia y al Magisterio, se fundamentan en la tradición excluyente y discriminatoria. La mujer no ha sido excluida por voluntad de Dios, sino por el contexto patriarcal que ha sometido la mujer al varón.

No hay texto sagrado que deje a la mujer fuera del sacerdocio. Sería una injusticia divina con la mitad de "lo humano". Y, de existir ese texto, la Iglesia ya hubiese declarado dogma, la exclusión de la mujer. Pero no ha podido hacerlo. Lo de Juan Pablo II, es una Carta Apostólica, no un dogma enunciado "Ex cátedra", es decir, con el protocolo que implica la verdad absoluta. Por eso se le pidió al papa Francisco que retomara el tema del sacerdocio femenino. Pero él, fácilmente, se lavó las manos, diciendo que la última palabra sobre eso ya la había tenido Juan Pablo II y que no iba a cambiar. Que las mujeres ya desempeñaban importante papel en la iglesia. Que ahí estaba la Virgen María y que la iglesia era femenina. Lo que no dijo es que la Virgen María tampoco podría ser admitida al sacerdocio y que la iglesia es un femenino donde "lo sagrado", es privilegio de varones. Y, a partir de ahí, ejercen un control casi total sobre la mujer. Le controlan el alma y el cuerpo. A este último se lo administran. Se lo "legislan" como si, nada más, fuese, una máquina de procreación, sometida a la voluntad de los machos. Han brillado las mujeres en todos los campos del saber y del actuar. Heroínas que han luchado en los ejércitos y en los contra-ejércitos; en todas las artes; en la filosofía y en la ciencia. Han soportado la maternidad con amor y con estoicismo. Con eso les bastaría y les sobraría, para que los varones les rindiéramos permanente tributo de gratitud. Porque, para ese "oficio", no tendríamos ni la fuerza, ni el coraje, ni la constancia, para soportarlo. Pero, para la iglesia patriarcal, son sólo "mujeres".

Y, ahí estamos... pero no lo dejemos ahí, porque ahora, más recientemente, el papa Francisco, en una entrevista sobre la ordenación de mujeres, volvió con el mismo cuento de antes, y tratando de poner a las mujeres "en su puesto". En efecto, nos da la razón, en algo tan fundamental, cuando dice que el asunto es un problema teológico. Teológico para el papa; para nosotros, planteado como un problema teológico, que no lo es. Dice que la ministerialidad (el sacerdocio), es petrina, o sea "de Pedro", como quien dice algo "masculino", agrega: que la iglesia es mujer y esposa. Que este "esponsalicio" de la Iglesia, debe entenderse como que la Iglesia es esposa y, por lo tanto, mujer. Que esto tiene que ver con el principio Mariano, que es superior al petrino [¡¡!!]. el papa se pregunta ¿Y por qué una mujer no puede entrar a los ministerios, a la ordenación? Es por que el principio petrino no da cabida a eso, sí tiene que estar en el principio Mariano que es más importante. La mujer, es más, asemeja más a la iglesia, que es mujer y que es esposa…

"Entonces, que la mujer no entre en la vida ministerial no es una privación, no. Su lugar es aquello, que es mucho más importante y eso es lo que nosotros no hemos desarrollado todavía, la catequesis sobre la mujer en la línea del principio Mariano" (Esto está basado en "Papa Francisco descarta ordenar mujeres en una reciente entrevista". Por Andres Jaromezuk en Church.com, nov-22/22).

A las mujeres les han achacado casi todas las desgracias de la humanidad, comenzando por la pérdida del Paraíso Terrenal. Nada más injusto

Vamos pues:

  1. ¿De verdad cree el papa que el Marianismo (Valorización de la mujer porque la virgen María es mujer), vale, desde la teología, y en la práctica, más que el sacerdocio?
  2. ¿En 20 siglos no han podido desarrollar la catequesis para demostrar que ¨supuestamente¨, el Marianismo es superior al sacerdocio?
  3. ¿Cree el papa que los cristianos comprometidos con la valorización de la mujer (hembra) como igual al varón van a aceptar los postulados que, de acuerdo con la Iglesia, le impiden serlo? 

Se dirá que tengo que estar loco para decir estas cosas. Lo acepto. Como dije al principio, esto no es normal. Loco es el que se sale de lo aceptado como real; como incuestionable, para decir y hacer otras cosas. Para decir y hacer locuras, porque considera, o siente, que la locura, o los momentos de locura, es lo que le da, o le dan, a la vida un sentido. No hay duda de que cuando Eva comió del árbol de la ciencia, su curiosidad la llevó a convertirse en la primera investigadora pragmática. Fue un momento de locura, pero un momento de locura que fundó la historia. Admirable, en verdad, la "madre de todos los vivientes". Con eso nos puso a ser. Y a ser nosotros mismos. No fuimos dioses, pero, con dioses o sin dioses; humanizándolos, o endiosándonos a nosotros mismos, nos pusimos a la tarea de buscarle a la historia un sentido. Ese es el papel de toda cultura. Y, aunque se le ha negado a la mujer el acceso al sacerdocio que, por justicia, espero que se logre más temprano que tarde, por esas cosas misteriosas de la vida, a los católicos nos enseñaron a decir: "Santa María, Madre de Dios...". Eh ahí una expresión cristiana de lo que, en la visión griega fue, el principio femenino del mundo.

A las mujeres les han achacado casi todas las desgracias de la humanidad, comenzando por la pérdida del Paraíso Terrenal. Nada más injusto. Si somos creyentes, tenemos que aceptar que eso estaba en el Plan Divino, desde "el comienzo", de la eternidad misma. Y, ¿el libre albedrio? Bueno, este estaba incluido en el Plan, como parte fundamental. Es el elemento divino que contribuye con Eva a la fundación de la historia. Nada queda fuera de la Providencia....

Si de algo puede acusarse a la mujer, es de haber sido y de ser, una maravilla incomprendida.

Rostro y rastro de mujer