domingo. 26.05.2024

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Las próximas elecciones al Parlament de Catalunya cabe esperar que signifiquen un punto y aparte en la última “década perdida” de la Catalunya del “procés”. Ya es hora de que Catalunya vuelva a la realidad y se aparte de los aciagos años del independentismo que han sumido a Catalunya en la decadencia económica, social y política.

Estas elecciones se presentan como la posibilidad de un cambio de página que permita afrontar las necesidades y las urgencias que la sociedad catalana precisa. Los datos económicos y sociales determinan de forma clara el tiempo perdido en Catalunya y lo urgente que se hace afrontar el futuro desde un nuevo tipo de gobierno y de políticas. Catalunya ha perdido su papel de abanderada del progreso en España como se significó durante el siglo XX. Desde los años del Gobierno Tripartito la política catalana dirigida por un independentismo anacrónico en busca de “el estado que nunca existió” abandonó el gobierno de las necesidades reales y cotidianas de la población. La situación de los servicios sociales de Catalunya ha retrocedido décadas con déficits en sanidad o en educación muy graves. La situación económica ha padecido una importante salida de empresas del territorio. Por otra parte Catalunya se ha marginado de las nuevas necesidades entre ellas la imprescindible transición energética sostenible, situándose como la última comunidad en energías renovables (hoy en día Catalunya sólo se abastece básicamente de energía nuclear), por no hablar de la falta de previsión ante problemas como el de la sequía. ¿Es propio de un Gobierno autonómico delegar en los ayuntamientos las normas para afrontar la sequía?

Catalunya ha de optar ya por un gobierno aferrado a la sociedad y sus necesidades y con el objetivo de transformarla y adaptarla a los retos del futuro

Catalunya precisa un cambio radical, abandonar la política virtual de un independentismo históricamente superado por la realidad de la actual realidad mundial. Catalunya necesita un nuevo impulso, un gobierno que apueste por hacer frente a las necesidades de todo tipo de la sociedad catalana y que permita superar la situación de retraso derivada de la inacción e ineficiencia de los gobiernos procesistas.

Catalunya ha de optar ya por un gobierno aferrado a la sociedad y sus necesidades y con el objetivo de transformarla y adaptarla a los retos del futuro. Un nuevo gobierno y una nueva forma de gobierno que sea transversal y que afronte el cambio desde la realidad social. 

El cambio no puede surgir de un gobierno de fuerzas independentistas que además se han dedicado a competir permanentemente por la hegemonía del espacio. El cambio en este momento sólo tiene la alternativa a la vista de las opciones que se presentan a las elecciones del 12 de mayo de un gobierno plural y con políticas de progreso que se dediquen a afrontar las necesidades reales de la sociedad catalana. Un gobierno plural que permita suturar las heridas de una sociedad profundamente dividida y afectada por las políticas divisorias provocadas por todos los efectos del “procés”.

Un gobierno plural que rompa las divisiones de bloques identitatarios y eso sólo será posible a partir de un gobierno de progreso que recoja las mejores experiencias del “tripartito”. Para ello se precisará de capacidad política, voluntad de entendimiento y generosidad por todas las partes.

Es evidente que el PSC sería el principal socio, pero ERC permitiría un tránsito democrático de los independentistas más realistas

En este momento y a la vista de las previsiones que nos presentan les encuestas pre-electorales el único gobierno con posibilidades sería un gobierno tripartito de PSC, ERC y Comuns (Sumar). Y es la mejor fórmula porque nadie puede olvidar el papel de pegamento que jugó en el anterior tripartito el socio más pequeño ICV que con Joan Saura a la cabeza ayudó a superar las discrepancias que en determinados momentos surgieron en el Govern Tripartit. La suma de tres partidos situados a la izquierda que ya confluyen en las políticas del gobierno del Estado, todas ellas vinculadas históricamente al catalanismo político y que con más o menos acento social es hoy en día la única alternativa. La otra posibilidad, si obtienen los escaños suficientes sería un nuevo gobierno fracasado de antemano, de coalición inestable independentista entre la derecha y el centro izquierda independentista que significaría un nuevo gobierno de JUNTS y ERC, que no haría más que continuar con una política virtual, ajena a la realidad social, que conduciría a incrementar el fracaso y el retraso económico y social de Catalunya.

Si los votantes progresistas de Catalunya consiguieran una mayoría suficiente de estas tres formaciones de progreso, la sociedad catalana no sólo daría un paso adelante en superar la etapa política de la última década, sino que permitiría abrir un futuro nuevo con perspectivas de mejora en cuanto a convivencia y bienestar social. Alejando de la política el fantasma retrógrado liderado por Puigdemont, y a la vez dejando en los límites de la política catalana a la derecha y la ultraderecha del nacionalismo españolista no hay duda que se abriría un nuevo camino en Catalunya. A la vez el Gobierno de coalición progresista de España se vería reforzado en Catalunya. Es evidente que el PSC sería el principal socio, pero ERC permitiría un tránsito democrático de los independentistas más realistas y menos iluminados, y a la vez los Comuns (Sumar) compensarían en buena manera las pulsiones “sociovergentes” de algunos sectores importantes del PSC inclinados a la deriva “desarrollista” cómplice con la patronal de Foment.

Un Gobierno de este tipo en Catalunya reforzaría al conjunto de la izquierda de progreso en el conjunto del Estado, pero a la vez podría ser un vector que ayudara a conseguir un proceso de reforma en el conjunto del estado hacia unas normas más favorables a la consecución de caminos federalistas más solidarios en el conjunto del estado. Lo que comportaría un estado más comprensivo y favorable hacia las particularidades y necesidades de las diversas naciones y regiones que componen el conjunto del estado español. Un estado que será más sólido cuanto mejor sea el justo acomodo de sus diversas partes a partir de una visión de igualdad pero con pleno reconocimiento de sus difentes particularidades.

Elecciones en Catalunya: por un punto y aparte