miércoles. 21.02.2024
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Núñez Feijóo en el Hormiguero.

Parece injusto que en la ya próxima campaña electoral haya tanta desproporción entre la intensidad del foco mediático dedicado a Pedro Sánchez y el que merece Alberto Núñez Feijóo. La igualdad de oportunidades obliga a que haya una equivalencia de posibilidades. En definitiva, deberíamos estar hablando tanto de sanchismo como de núñezfeijóoismo (escríbase con dos acentos). Para ello, me dispongo a colaborar en corregir esa situación tratando de perfilar lo que podría ser ese núñezfeijóoismo y, lo haré por comparación con los rasgos más singulares del sanchismo.

Empecemos por lo más sustancial, lo que más se le ha criticado a Sánchez: su viaje en Phantom con gafas negras, pagado con cargo al erario público. Eso, jamás parece que haría don Alberto. Él es más partidario del barco que del avión y, sin coste, al menos directo, para el Estado ya que se lo pagaba su amigo, un exportador de tabaco que optimizaba sus costes fiscales reduciendo el pago de aranceles. Además, no usaba gafas de sol cosa que puede documentarse con las fotografías que inmortalizaron el hecho.

La importancia de lo anterior estriba, tanto en que demuestra su convencimiento de la colaboración público-privada, como su deseo de transparencia, lo que queda demostrado por su carencia de unas gafas negras, por lo que se puede apreciar toda su cara.

Precisamente ese deseo de transparencia ha sido puesto en duda recientemente por la supuesta ocultación de los ingresos que, por todos los conceptos, recibe Núñez Feijóo. Y, esto, es injusto ya que no hay que confundir lo secreto con lo discreto. Si nuestro personaje no quiere dar a conocer lo que gana es, exclusivamente, por no molestar a nadie ya que considera, además, que los señores no deben hablar de dinero. En esto, contrasta también con Pedro Sánchez, a quien le gusta presumir de lo que gana como signo externo de su éxito en la vida. No, don Alberto es muy recatado y no quiere dar cuartos al pregonero hablando de lo que considera que es su vida privada.

Esa discreción, la lleva a todos los ámbitos de su actividad, no abusando, como hace Sánchez, de sus posibilidades de comunicación a través de los medios. Así, y por ejemplo, no le gusta presumir de sus conocimientos, especialmente de economía, limitándose a expresarlos de manera sencilla aunque, a veces, choque con la opinión de especialistas en la materia. Pero él, al que no le gusta tampoco transitar por caminos trillados, no tiene inconveniente en expresar cosas que parecen chocar, incluso, con la propia realidad, cualidad esta que caracteriza a los grandes líderes, esos que encuentran nuevos caminos a la sociedad.

Con ello, podría decirse que es un innovador pero, en realidad, Núñez Feijóo es un conservador, sobre todo, de las tradiciones. Así, conservó la sede de Génova 13, que su antecesor quería vender por estar llena de fantasmas corruptos y ha protegido hasta a la familia de su principal rival política, Díaz-Ayuso. Además, la innovación está sobrevalorada ya que, incluso, el descubrimiento de nuevos mundos no ha estado siempre ocasionado por el conocimiento de lo que se iba a hacer y, si, por la pura casualidad. Así llegó Colón a América y ha logrado un lugar en la historia como "descubridor". Núñez Feijóo, dando palos de ciego puede llegar muy lejos, dando esos palos siempre en el mismo sitio. Porque, tonto, nadie ha dicho que lo sea, a pesar de que, a veces, se le acuse de ignorante, cosa muy distinta. Puede ignorar muchas cosas, pero solo se le nota cuando habla de ellas.

A Núñez Feijóo le basta con el castellano y el galego. Total, Europa no está en su mapa

Por eso, tira de discreción. Porque le evita tener que hablar varios idiomas, como hace Sánchez. A Núñez Feijóo le basta con el castellano y el galego. Total, Europa no está en su mapa y, como los políticos gallegos que le han precedido en la política española, no necesita salir de España para pasar a la historia. Lo único es que no parece probable que su pueblo llegue a llamarse "La Peroja del Presidente del Gobierno Español" como si ocurrió con un predecesor suyo con su lugar de nacimiento en Galicia.

Y, junto con la discreción, la prudencia es algo que guía su quehacer político. Procura no hacer nada extraordinario, nadando sin hacer olas. O, mejor aún, flotando, como hacen esos barcos que tanto le gustan. Al fin y al cabo, es de Galicia, tierra de marineros. Esta cualidad le sirve para evitar cualquier pronunciamiento que le impida ensanchar su espacio político que va, desde VOX hasta los desertores de Ciudadanos y más allá. En este sentido se diferencia claramente de Sánchez a quien no se le recuerdan llamadas a filas a renegados del PP, mientras que Feijóo, disponiendo de una manga más ancha, no se recata en hacer un llamamiento a descontentos socialistas para incorporarlos a su proyecto. Feijóo se sitúa, así, en el centro de su espacio político, ese que se llama el antisanchismo y en el que, efectivamente, cabe mucha gente de distintas ideologías.

Núñez Feijóo no es amigo de emplear grandes esfuerzos. Es, como Federer, como si no sudara

Pero, para todo ello, Núñez Feijóo no es amigo de emplear grandes esfuerzos. Es, como Federer, como si no sudara. Espera que las cosas fluyan naturalmente, como cuando llegó a la presidencia de su partido, y prefiere desmotivar al votante progresista con historias para no dormir que motivar a gente proclive mediante ofertas electorales en positivo. Además, dispone de una sargenta mayor que se puede ocupar de la parte más dura de la tarea.

Porque la base de su política para los próximos años, y aquí se diferencia claramente de Sánchez, es, precisamente, derogar el sanchismo, es decir, desmontar el conjunto de leyes y decisiones adoptadas por el gobierno progresista y que fueron votadas en contra por el Partido Popular.

Me refiero, y en eso debe consistir el núñezfeijóoismo, a reducir el salario mínimo, volver a las pensiones actualizadas al 0,25% anual, derogar la reforma laboral que ha ocasionado un gran, e indeseable, aumento de la contratación, renunciar a la excepción ibérica en política energética y cambiar la política económica que ha producido resultados por encima de la media europea. Eso y la derogación de cuanta ley se ha aprobado en este periodo sin los votos del PP. Quizás, también, devolver a Europa parte de los fondos recibidos y que fueron aprobados con el voto en contra del Partido Popular.

Especial atención habrá que prestar al no deseable caso de que nos afecte una nueva pandemia. Si eso ocurre, y por aplicación de la disyuntiva "socialismo o libertad", que formuló la líder espiritual de su partido, podremos disfrutar de la falta de restricciones para pasar nuestro tiempo ante una barra de bar.

Puede haber quien, militando en el antisanchismo, crea que eso consiste, simplemente, en la desaparición de un régimen o de su máximo exponente, sin más. Pero no, la cosa lleva aparejada la llegada de otro régimen, el núñezfeijóoismo. En la medida en la que, con las líneas anteriores, haya podido describirlo, puedo haber colaborado a una sabia elección entre ambos regímenes el próximo 23 de julio. Porque de eso va la cosa. Espíritus puros, absténgase.

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