lunes. 22.07.2024

Casi el 99% de los 23 millones de empresas de la Unión Europea son Pymes que emplean a las dos terceras partes de la mano de obra y, en este contexto, hacia los años ‘70 del pasado siglo apareció la Sociedad Laboral (anticipo y definición del modelo de empresa del siglo XXI) con la característica de que el 51% del capital social tiene que estar en manos de socios trabajadores que presten servicios en la empresa de manera estable.

La tenencia del capital significa que el centro de toma de decisiones empresariales se desplaza desde el capital (o inversores) hasta los trabajadores quienes, al reunir la doble condición de trabajadores y socios no van a regirse exclusivamente por la regla del beneficio sino que van a tener en consideración la concurrencia de otros factores como la vinculación con el territorio, el esfuerzo, el compromiso interpersonal, el arraigo y en definitiva la intervención en la gestión y en los resultados, derivada de su participación (con capacidad decisoria) en la propiedad del capital.

Casi el 99% de los 23 millones de empresas de la Unión Europea son Pymes que emplean a las dos terceras partes de la mano de obra

Participar es formar parte. Formando parte se construye la principal herramienta para abordar los problemas comunes (ya sean empresariales o de otro calado -despoblación, sanidad, educación, nuevos empleos, desigualdad…) y si la falta de solución a muchos de estos problemas tiene que ver con la falta de participación, hemos podido comprobar que participando se puede, si no resolverlos inmediatamente, sí debatirlos como paso previo a la construcción de alternativas.

Si desde una perspectiva de “emprendimiento joven” hay consenso en que su principal motivación es la libertad para la toma de decisiones y la gestión propia del tiempo frente al sometimiento a decisiones de terceros, desde una perspectiva de valores éticos aplicados a la economía resulta significativo que la Sociedad Laboral se asiente sobre la confianza, la cooperación, la solidaridad y la voluntad de compartir constituyendo estas características una ventaja competitiva, en tanto que implican un “compromiso social” que forman parte esencial del emprendimiento del futuro.

La Sociedad Laboral se asienta sobre la confianza, la cooperación, la solidaridad y la voluntad de compartir constituyendo estas características una ventaja competitiva

Fomentar el emprendimiento joven no solo consiste en instruirles en los pasos necesarios que culminan en la constitución de una entidad mercantil, sino en dotarlos de las capacidades que, más allá de esa iniciativa inicial les permitan desarrollarse en un entorno competitivo en el que la manera de gestionar la empresa y la corresponsabilidad sobre la toma de decisiones también son factores esenciales en el camino hacia el éxito.

El trabajo en equipo y el fomento de los valores éticos en torno a los que se estructuran los planes de estudios facilitan una predisposición por parte de los jóvenes emprendedores que se ve materializada a través del desarrollo de unas habilidades que entroncan de manera directa con las peculiaridades de la Sociedad Laboral donde, si como en cualquier empresa, la participación en el capital es la llave que posibilita la participación en la gestión, aquí ésta se ve matizada a través de la seña de identidad más vanguardista de la Sociedad laboral (la “dimensión humana” del trabajo) efectiva precisamente, mediante la posibilidad de participar en la toma de decisiones desde una posición influyente.

“Emprendimiento” y “empresa” en el siglo XXI sólo pueden entenderse como proyectos compartidos extensibles a los grupos de interés y a su vinculación con el entorno

El énfasis, la planificación y el análisis contextual de la idea de negocio en el entorno en que ésta vaya a desarrollarse, entendiendo que “emprendimiento” y “empresa” en el siglo XXI sólo pueden entenderse como proyectos compartidos extensibles a los grupos de interés y a su vinculación con el entorno, posiciona a la Sociedad Laboral como referente en un proyecto empresarial en el que el individuo cuenta (y que ve así reforzado su desarrollo personal y profesional) y que favorece el desarrollo local mediante la sostenibilidad económica y ambiental, contribuyendo a la estabilidad de la población mediante el empoderamiento de la persona potenciando su capacidad para generar riqueza en su territorio.

Si las cualidades que se exigen a los jóvenes emprendedores suelen sistematizarse en torno de la creatividad (o el ingenio) la pasión (o la motivación) la visión (o la anticipación) el liderazgo (o el carisma) la confianza (o la seguridad) la responsabilidad (o la madurez) la receptividad(o la curiosidad) la empatía (o la solidaridad) y la capacidad de tomar decisiones previo análisis de las distintas situaciones, no hay duda de que la Sociedad Laboral es el marco que permite que aquellas se desarrollen al unificar la doble visión de un socio que además es trabajador enriqueciendo la perspectiva, al aplicar a cualquier decisión una visión poliédrica incrementando de manera exponencial las posibilidades de éxito.

Después de lo acontecido durante la última década con el blanqueamiento de las crisis al otorgarles naturaleza de “oportunidad” y aunque se esté consolidando un modelo basado en la temporalidad, la parcialidad, y la subcontratación (en principio razones suficientes para impulsar el emprendimiento joven, colectivo y comprometido con el territorio y con las personas) “recuperar la economía” no puede consistir solamente en recuperar los beneficios sino también en “democratizarla” en una apuesta por mantener el paradigma tradicional de un empleo estable, protegido y a tiempo completo que es precisamente el modelo que representa la Sociedad Laboral.

“Recuperar la economía” no puede consistir solamente en recuperar los beneficios sino también en “democratizarla” 

Desde este punto de vista se está poniendo de manifiesto un cambio de perspectiva en el que a cuestiones como la asimilación de la corresponsabilidad entre mujeres y hombres, la incidencia de las nuevas tecnologías en el empleo (con las incertidumbres que provoca) o el envejecimiento de la población y la importancia de la sucesión dentro de la empresa como garantía de supervivencia, ha dado respuesta la Sociedad Laboral desde su aparición a finales de los ‘70 facilitando la conciliación profesional y familiar, adaptando la empresa a las nuevas necesidades desde una visión de conjunto que no se ve condicionado sólo por el beneficio y de coordinar el relevo generacional en la toma de decisiones al ser los trabajadores que se van incorporando los socios trabajadores del mañana, sumándose así al compromiso social implícito en el hecho mismo del emprendimiento, ya sea inicial o mediante la incorporación a un proyecto ya consolidado.

Si a todo esto unimos la peculiaridad de su comportamiento anti cíclico, al estar contrastada que una característica de las Sociedades Laborales es que precisamente es durante los periodos de crisis económica cuando más Sociedades Laborales se constituyen, llegamos a la conclusión de que este modelo mercantil es, efectivamente, el mejor modelo de emprendimiento para la economía que nos espera en el S.XXI, teniendo además una proyección extraordinaria en el contexto de la juventud donde el camino del éxito y de la estabilidad en el empleo pasa por la constitución de empresas comprometidas con el territorio y donde cada persona cuente.


Rubén Molina Pascual | Junta Directiva de la Federación Empresarial de Sociedades Laborales y Empresas Participadas de España (Laborpar) Gerente. Sociedades Laborales de Castilla y León (AEMTA)

El modelo de emprendimiento del siglo XXI