martes. 23.04.2024
Roberto Sotomayor (candidato alcalde ayuntamiento de Madrid. Unidas Podemos) Yolanda Díaz y Alejandra Jacinto(Candidata presidenta a la Comunidad de Madrid. Unidas Podemos)

Reconozco palmariamente haber leído poco a Lenin, al igual que no conozco a casi ningún marxista de pedigrí notorio que se haya leído poco más de citas diversas y dispersas de El Capital. Pero haberlos haylos como las meigas, aunque muchos son los así autodenominados y bien pocos los elegidos. Dicho lo cual, a no ser que se sea anticomunista recalcitrante o sectario tribal -que de eso hay multitud- reconocer la inteligencia o capacidad en los hombres decisivos que jugaron un papel en la historia de la humanidad y tener en cuenta algunas de sus reflexiones o máximas no nos hace necesariamente conmilitones.

He utilizado conscientemente la frase de Lenin, (al igual que podría haber utilizado expresiones similares  de Julio Cesar en La Guerra de las Galias, El texto de la Guerra de  Carl Von Clausewitz,  o El arte de la guerra de Sun Tzu,  a fin de llamar la atención de la importancia de las retiradas estratégicas, tanto en la política como en la vida, para salvar no solo el decoro personal sino, a veces, las propias posibilidades de permanencia de proyectos que, de perpetuar sus fases agónicas, tienden necesariamente a su desaparición definitiva.

Ejemplos hay a rabiar. UCD, CDS, UpyD, y ahora C,s en los siempre etéreos y supuestos espacios centristas centrifugados por la derecha española. Pero no deben de olvidarse los otros espacios políticos desaparecidos en combate desde hace décadas, en el triángulo de las bermudas a la izquierda del PSOE. Hay bastantes ejemplos (ORT, PT, LCR MC, PCE entre otros), e incluso la fusión por absorción parcial de IU por PODEMOS, que a una velocidad vertiginosa está reduciendo sus expectativas iniciales por debajo del suelo político de la primera absorbida. Lo que ha hecho bastante incongruente el camino hacia ningúna parte recorrido.

Sin embargo, la extinción de todas esas siglas no implica la desaparición del espacio político que no han sabido representar adecuadamente tras la restauración democrática.

Es un hecho que hay un sector importante del electorado no polarizado en el centro político español que continúa sin representación adecuada; y todavía más palmaria es la existencia de un amplio espectro a la izquierda de la socialdemocracia, hegemonizada sin duda por el PSOE, que pugna por tener una adecuada representación política, como la que en su día ocupó plenamente el PCE de la lucha antifranquista y en todo el periodo de la transición democrática en España.

Veremos en poco tiempo si se verifica la capacidad o no de consolidarse la recomposición unitaria de ese espacio político, en un proyecto creíble y democráticamente solvente que represente a ese sector del electorado y que coopere unitariamente para la gobernanza progresista del país.

El primer elemento que debería superar la llamada izquierda de la izquierda en y con sus múltiples “influencias” es asumir definitivamente la liquidación de una estrategia que viene cosechando derrotas implacables desde la restauración democrática. El llamado “sorpasso” al PSOE ha devenido en una estrategia obsesiva por derrotar al competidor en su ámbito ideológico que ha resultado insuperable. En política puede suceder lo que en algunos deportes que uno cree tener la patente original del juego y otro lo gana todo.

El segundo aspecto supone superar un concepto partidario que ha traído consecuencias dramáticas en la historia contemporánea de la izquierda. El patriotismo sectario de partido frente al mundo exterior.

Basta el ejemplo de la pérdida del Ayuntamiento de Madrid en 2019. Cuando comenzaron las divergencias entre Pablo Iglesias y Manuela Carmena esta última concertó una entrevista para transmitirle su preocupación sobre la deriva que estaba teniendo el conflicto y las consecuencias previsibles para la pérdida del gobierno de la ciudad para la izquierda. -No me importa- contestó Pablo Iglesias -me importa mi partido- zanjó.

Y, en efecto, su partido presentó una candidatura que al no llegar al porcentaje necesario para obtener concejalías permitió, por dos votos electos de concejales de derecha, la conjunción PP-C,s-Vox que eligió alcalde de Madrid a pesar de la abrumadora victoria parcial de la hasta entonces alcaldesa Carmena. Y este relato son hechos verificados, no una opinión.  

De alguna manera la historia puede repetirse cuatro años después.

En 2023 todas las previsiones demoscópicas presentan un panorama para Unidas Podemos, en las elecciones municipales de Madrid, que difícilmente le permitirían alcanzar el porcentaje necesario para obtener concejalías. Y, por el sistema proporcional vigente, esos votos se suman necesariamente fundamentalmente a las candidaturas mayoritarias. Momentos de gloria o deshonor que son posibles en España donde, por desgracia, no existe el procedimiento de doble vuelta para producir concentraciones naturales de voto por intervención directa de los ciudadanos.

En España el votante no tiene una segunda oportunidad para corregir directamente su opción de gobierno sin someterse al método D´Hondt, a las manipulaciones posteriores del transfuguismo o, simplemente, para que su voto de izquierda o derecha vaya directamente a la candidatura con posibilidades de ganar.

La doble vuelta es una retirada forzosa por voluntad popular y democrática cuando solo dos de las opciones en juego alcanzan la cifra suficiente para poder gobernar la ciudad o el país. Su carácter plebiscitario tiene su complejidad crítica a nivel de un estado cuasi federal como el español, pero es difícil de sostener que no sea la opción más viable para el ámbito local que en la práctica es cuasi plebiscitario residenciado en la figura de la alcaldía.

Por ello, sería de una enorme dignidad democrática una negociación proactiva en esos espacios e influencias que permitiese la retirada de opciones sin posibilidad de obtener representación y que podrían impedir de nuevo la formación de un gobierno de izquierda en la ciudad de Madrid el próximo 28 de mayo.

Es exactamente lo que sucede en el sistema de segunda vuelta, donde los que ya no pueden concurrir establecen las condiciones por la que pueden apoyar, sin rendiciones vergonzosas, a los que continúan en la carrera para ganar el gobierno. Ayer mismo Ione Belarra declaraba que iba hacer hasta el último esfuerzo por llegar a la unidad. Pues esos “esfuerzos” llevan costes incluidos, algo que hasta la fecha no parecía haber entendido y habrá que comprobar que entiende por ello.

Dependería también de los beneficiarios directos el ofrecer condiciones honrosas a los que les pueden permitir gobernar y, por ello, no se les pueden exigir concesiones inasumibles por sus electores. A los que todo esto les pueda parecer una ingenuidad habrá de recordárseles las no tan lejanas exigencias de acuerdos que superasen las bipolarizaciones y la necesidad de una nueva manera de hacer política. Pues están a tiempo de demostrarlo con esta u otras fórmulas que no alejen de la viejísima política con solo caras nuevas de temporada.

Sólo desde esas alturas de miras se puede validar, desde una generosidad compartida, un nuevo modelo político útil y reconocible por los electores progresistas. Probablemente es a partir de acciones ejemplarizantes de desapego al poder institucional y el sectarismo de partido cuando algún que otro proyecto pueda evitar también su muerte política sobrevenida. Ejemplos recientes hay para aburrir de lo contrario por permanencia indebida en una inútil perseverancia con bandera y escudo en la boca.

Termino recordando partes seleccionadas del legado de Sun Tzu hace 2.500 años “Si tus fuerzas, tu estrategia y tu valor son menores que las de tu adversario, entonces debes retirarte y buscar una salida. Triunfan aquellos que saben cuándo luchar y cuándo no. De este modo se avanza sin pretender la gloria, se ordena la retirada sin evitar la responsabilidad”.

Por aquello de atender a reflexiones más recientes de este tipo he citado al inicio a Lenin. Lo mismo algunos así hacen más caso. aunque tengo grandes dudas de que lo hagan. Porque los epitafios están llenos de poesías de las derrotas, aun siendo mejor no morir declamándolas. Lo mismo hay suerte. Veremos

Una retirada útil