martes. 27.02.2024

La izquierda construye sus programas políticos con debate, ideas, la libre expresión y los objetivos a corto plazo para lograr un fin último, lo que los socialistas llamamos el programa máximo y el programa mínimo. Los nuevos populismos que desde Podemos han venido a contaminar las izquierdas y que arrancaron con fuerza, basan toda su acción en asuntos concretos y determinados, muy concretos, tales como por ejemplo la vivienda que al menos esa fue una de sus excusas iniciales, los derechos de determinadas minorías que ahora son su eje central o cuestiones como la reforma laboral. Todo eso es perfecto, todas y todos estamos en ello desde posiciones de justicia social, pero ¿cuál es el fin? Que sociedad diferente se pretende construir, porque al contrario de lo que afirma la propaganda fascista-trumpista de VOX/PP, Podemos no es comunista y esto es su diferencia, esa es la diferencia con el populismo que no aspira a una sociedad socialista. Podemos ha dilapidado su enorme caudal político construido en base a una leyenda urbana que el mismo difundió y es que es el partido del 15M, cuando gentes que estuvimos en el 15M militábamos y militamos por muchos sitios diferentes incluso contrapuestos.

Por tanto conocidas las limitaciones de todo tipo de Podemos, surge la operación Sumar que conforma una alianza y/o coalición con varios partidos entre los que predomina el verde urbano, el rosa clase media teñido de nacionalismo y el rojo tipo PCE con el deseo confesado de gobernar en coalición con el PSOE socioliberal y cesarista de Sánchez, con un partido hoy monolítico frente a una oposición igualmente neoliberal pero más de derechas todavía. Si bien en ambos casos ejecutan las políticas que manda la UE. El dilema es ante esto como construir una izquierda alternativa y a su vez conjurar la amenaza de un gobierno ultra conservador, ultra liberal y ultra nacionalista español. Ahora de cara al 23 de Julio, no es posible ya. 

El dilema es ante esto como construir una izquierda alternativa y a su vez conjurar la amenaza de un gobierno ultra conservador

Las desgracias de la izquierda perpleja y acomplejada ante el liberalismo, colaboradora del globalismo y que no se cuestiona la continuidad de la monarquía católica y ultra conservadora que sufrimos le lleva a enfrentarse al fascismo, al conservadurismo y al nacionalismo neofranquista con un discurso muy débil en medio de una ola conservadora y la Unión Europea cuya única preocupación es aplicar las recetas del globalismo anglosajón que está al servicio de intereses diferentes a los de los pueblos de Europa en especial de su clase obrera, sus agricultores y pescadores y sus pequeñas industrias y comercios. Es decir todos los sectores que pueden aupar la extrema derecha unidos por las nefastas políticas de la UE contra los intereses de los pueblos. Mientras la extrema derecha es capaz de construir un discurso demagógico y doble que hace creer a las clases perjudicadas y olvidadas que solo ellos se preocupan por su situación mientras que realmente trabajan a fondo para los ricos y sus intereses y los intereses extranjeros de los EEUU y la OTAN, es decir de la guerra. Guerra en cuya prolongación coinciden todos los partidos del régimen. Guerra contra el 70% de la población mundial que Europa Unión solo puede perder. Una clave para explicar nuestro posible futuro es Meloni, nadie lo olvide, Meloni ya es buena para Europa Unión. Mientras Sánchez recorre España diciendo que viene el lobo pero muy poco más y sobre todo sin difundir esperanza, cambio y medidas concretas para proteger de ricos, multinacionales, un confesionalismo talibán adobado por los evangélicos y la eurocracia de Bruselas a las clases unidas perjudicadas.

Construir esa izquierda obrera, trabajadora y aliada de agricultores, pescadores y autónomos no es tampoco cuestión de sectarismos, ni de discursos excluyentes de una izquierda sectaria, doctrinaria y fuera de la realidad o que confunde la realidad con su realidad y que estas clases tampoco entienden. Es preocuparse de sus problemas y estar con ellos, reivindicar lo concreto para construir lo colectivo y avanzar de lo local a lo global. Potenciar desde el reparto, el futuro socialista y la lucha social. Una izquierda que recoja las esperanzas de quienes no tienen esperanza.

Construir esa izquierda obrera, trabajadora y aliada de agricultores, pescadores y autónomos no es tampoco cuestión de sectarismos, ni de discursos excluyentes

¿Y ahora qué? Pues puestas así las cosas votar y a quien hacerlo se convierte en un dilema para la clase trabajadora y las clases subalternas máxime si se tiene y lo tengo, el deseo que no tener un gobierno del PPVOX misógino, ultra religioso y reaccionario, con el objetivo principal de controlar y quitarle derechos a la propia clase trabajadora sin partido propio. Hemos de frenar el centralismo españolista y ultramonarquico. Pero sabemos que ambas partes, es decir el PPVOX y el PSOE/SUMAR tienen una agenda oculta y esa agenda oculta la marca e impone la burocracia de Bruselas y los intereses de los ricos muy ricos de Europa y EEUU que son los que realmente mandan. Por tanto van a volver a imponer todos ellos la austeridad y los recortes. La Unión Europea va a volver a imponer medidas de recortes para financiar su guerra y acabar con la políticas de expansión que han permitido tímidas medidas de apoyo a las clases trabajadoras.

Por eso es importante saber que opinan y prometen los progresistas sobre las pensiones y su futuro, la guerra, el laicismo, la demanda de un referéndum legal sobre la forma de estado o los salarios, la vivienda y el trabajo. Los precios, la sanidad o la educación y sobre cómo acabar con las injusticias y discriminaciones contra el rural y la España Vaciada. La Unión Europea, la PAC, la OTAN y la guerra.

La mística ultraprotestante estadounidense que difunde y apoya a la nueva extrema derecha solo está preocupada por el hoy y para el hoy el cambio climático no importa. El futuro en el hoy o el mes que viene como mucho y el gozar de buena cerveza y terrazas porque el mañana no existe y solo Dios dirá. Así de simple es su guerra cultural, pero estos urbanistas de clase media que dominan las izquierdas oficialistas, no se enteran. En el próximo artículo abordamos la guerra cultural del trumpismo y la extrema derecha.

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