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La izquierda alternativa en la encrucijada. Unidad de acción o irrelevancia política

Un artículo de Carlos Tuya y Antonio Valle con la colaboración de Elisa Sanchís, Pepe Gálvez, José Candela Ochotorena, y Julio Irazábal.

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Carlos Tuya y Antonio Valle* |

Vivimos tiempos de profunda incertidumbre en los que la historia se acelera, y los sistemas socioeconómicos se enfrentan a poderosas presiones adaptativas, abriendo escenarios de alta conflictividad con grave riesgo de desencadenar una crisis civilizatoria. El capitalismo global, sostenido por el dogma del crecimiento infinito y por la lógica compulsiva de la acumulación, ha convertido la vida en un recurso y el planeta en una mercancía. Su obsesión por maximizar beneficios a corto plazo está llevando a la humanidad al límite ecológico de la sostenibilidad de la vida en el planeta. La tierra se agota, la atmósfera se envenena, las catástrofes ambientales se multiplican, la desigualdad aumenta, el futuro se estrecha y las democracias se erosionan ante el avance de las fuerzas de extrema derecha (o directamente neofascistas). Fuerzas que canalizan el malestar ciudadano hacia viejos y nuevos chivos expiatorios: migrantes, feministas, minorías, ecologistas, o incluso contra quienes se atreven a defender la evidencia científica. Fuerzas que promueven un supremacismo alimentado por la nostalgia del viejo orden jerárquico y de la dominación patriarcal, transformando el malestar en odio y el miedo en identidad. Mientras tanto, las izquierdas llamadas a plantarles cara parecen más ocupadas en sus luchas internas y disputas estériles que en construir una alternativa sólida frente a los poderes reaccionarios. Poderes que, apoyados por las megacorporaciones tecno-financieras, redoblan sus esfuerzos por desmantelar el Estado Social y Democrático de Derecho, revertir las conquistas laborales y neutralizar cualquier intento de regular su actividad depredadora.

Vivimos tiempos de incertidumbre en los que la historia se acelera y los sistemas socioeconómicos se enfrentan a poderosas presiones, abriendo escenarios de alta conflictividad con grave riesgo de desencadenar una crisis civilizatoria

Ante esta situación, es lícito preguntarse cómo ha sido posible un desacople tan radical entre las izquierdas alternativas y una coyuntura histórica marcada por la Emergencia Climática antropogénica, consecuencia directa de una lógica extractivista que trata a la naturaleza como un recurso inagotable y de una ética depredadora que antepone el beneficio privado a la sostenibilidad de la vida. A ello se suman los efectos disruptivos de la Revolución Digital, sin comparación con ninguna otra transformación científico-técnica previa, que está redefiniendo vertiginosamente la vida personal, las relaciones sociales, la actividad económica y el desarrollo cultural, propiciando nuevas formas de dominación, desigualdad y conflicto. El resultado es una sociedad global hiperconectada y, paradójicamente, cada vez más desarraigada y vulnerable. Hoy, unas pocas corporaciones tecnológicas concentran una capacidad de vigilancia y control sobre la población que ningún Estado autoritario del pasado habría podido imaginar. Los datos personales generados con nuestra actividad en las redes sociales son la nueva materia prima del capitalismo contemporáneo, explotada con la misma voracidad con que ayer se hacia con el petróleo y hoy con las tierras raras. De ahí la urgencia de establecer la regulación y control democrático de las plataformas y aplicaciones digitales que configuran el actual ciberespacio de socialización.

La interacción sinérgica entre la emergencia climática, la revolución digital disruptiva y la creciente inestabilidad geopolítica multiplica los riesgos existenciales

Finalmente, asistimos a un inquietante y peligroso incremento de la inestabilidad geopolítica. La elección de Donald Trump, y su agresiva agenda de Hacer América grande de nuevo (MAGA), ha acelerado la ya de por sí arriesgada fractura del orden mundial basado en reglas, instituciones multilaterales y el derecho internacional. Hasta alcanzar, en 2025, el punto más crítico desde la Segunda Guerra Mundial, con cerca de sesenta conflictos activos, entre ellos el genocidio en Gaza y la invasión de Ucrania. Nos acercamos peligrosamente a una conflagración global de consecuencias imprevisibles. En definitiva, la interacción sinérgica entre la emergencia climática, la revolución digital disruptiva y la creciente inestabilidad geopolítica multiplica los riesgos existenciales, plantea desafíos significativos para la seguridad y la sostenibilidad global a largo plazo, y exige una respuesta urgente, coordinada y global de las izquierdas con una visión transformadora del sistema capitalista, causa y origen de la actual situación. Una nueva mirada analítica, capaz de examinar el sistema capitalista en su raíz y devolver sentido al proyecto humano de habitar el mundo en paz, libertad, justicia y armonía.

El capitalismo contemporáneo es cada vez menos compatible con una democracia amplia y efectiva, capaz de defender los intereses de la mayoría social trabajadora

La creciente concentración del poder en megacorporaciones tecno-financieras, que operan con una lógica ajena a cualquier tipo de control y regulación democrático, hace que el capitalismo contemporáneo sea cada vez menos compatible con una democracia amplia y efectiva, capaz de defender los intereses de la mayoría social trabajadora. La paradoja es que, pese a la magnitud de la crisis, todavía no existe aún un proyecto alternativo articulado y viable que despierte la adhesión de las mayorías. Las izquierdas alternativas, en lugar de actuar como agentes de transformación, parecen atrapadas en una disputa permanente por la hegemonía del relato. El riesgo no es solo político o institucional. La degradación de la democracia puede derivar, como ya ocurrió en el primer tercio del siglo XX, en formas autoritarias y militaristas, revestidas de tecnocracia o populismo. La disyuntiva es clara: o consolidamos una mayoría progresista que actúe como dique frente a la ola iliberal, o nos resignamos a un futuro de autoritarismo tecnocrático y creciente descomposición social. Frente a ese panorama, la unidad de acción de las izquierdas alternativas con vocación transformadora no es solo una aspiración moral, es sobre todo un imperativo histórico. En nuestro país asistimos a una ofensiva de la ultraderecha y de la derecha más conservadora contra el gobierno de coalición, ejecutada sin escrúpulos ni respeto por los principios democráticos más elementales. El riesgo de involución es muy grande. No parece sensato facilitar el desenlace de esa ofensiva manteniendo la división de las izquierdas alternativas. En consonancia con lo propuesto por el Coordinador Federal de Izquierda Unida, Antonio Maíllo, urge aunar esfuerzos para avanzar en la transformación social y en la profundización de las reformas estructurales que el país necesita. Ese proceso solo podrá fructificar sobre la base de un proyecto participativo y democrático de unidad, sostenido en un programa común articulado en cinco ejes fundamentales:

  • Defensa del gobierno de coalición. Como una necesidad estratégica para garantizar la continuidad de cualquier proceso de transformación. Su defensa no excluye la crítica ponderada y constructiva cuando sea necesaria, pero debe partir del reconocimiento de su papel frente a la extrema derecha y la ultraconservadora.
  • Ampliación de la democracia. Para avanzar hacia una democracia participativa, deliberativa y directa en la formulación de políticas públicas concretas, tanto desde el gobierno de coalición como desde la sociedad civil. Particularmente desde el movimiento de los trabajadores y los sindicatos de clase, actores imprescindibles para democratizar el poder político y económico.
  • Potenciación de la Democracia Económica. A fin de fomentar sus múltiples expresiones, como cooperativas, mutualidades, sociedades laborales, cofradías y sociedades agrarias de transformación, ampliado la democracia interna en las empresas mediante fórmulas avanzadas de  cogestión ejecutiva y autogestión que se corresponden con la naturaleza del trabajo en la sociedad del conocimiento, donde el trabajador invierte sus capacidades intelectuales y creativas en la empresa. Y extendiendo el papel racionalizador del mercado del Estado mediante la planificación democrática para orientar la actividad productiva de forma sostenible. Hoy factible gracias a la Inteligencia Artificial, la supercomputación y el análisis masivo de datos.
  • Profundización del Estado Social y Democrático de Derecho. Específicamente, el Estado de bienestar, cuya capacidad de actuación se potenciará mediante una reforma fiscal que grave de forma claramente progresiva tanto la renta como el patrimonio y que permita, entre otros objetivos, incorporar de manera efectiva, y no retórica, el llamado quinto pilar: la vivienda, un campo de enorme conflictividad social y de crucial repercusión socioeconómica.
  • Impulso de la Unión Europea. Reafirmando su papel como espacio geopolítico necesario para poder avanzar en la transformación gradual del sistema socioeconómico capitalista en nuestro país, dado el carácter global e interdependiente de los procesos nacionales.  Ello implica apostar por una Europa federal, mutualista y dotada de verdadera autonomía estratégica, capaz de actuar como actor soberano y solidario en el escenario internacional.     

Millones de personas buscan respuestas a su precariedad y a la ausencia de un futuro digno. Si la derecha cultiva el miedo para prometer seguridad, la izquierda debe ofrecer soluciones y esperanza

Millones de personas buscan respuestas a su precariedad y a la ausencia de un futuro digno. Si la derecha cultiva el miedo para prometer seguridad, la izquierda debe ofrecer soluciones y esperanza. No una promesa utópica, sino un proyecto realista de transformación gradual del capitalismo que amplíe la democracia, redistribuya el poder económico y proteja la vida en un planeta finito. La historia no nos juzgará por nuestras intenciones, sino por la capacidad de actuar con valentía y unidad. Es el momento de dejar atrás las rencillas estériles y de trabajar juntos. La pedagogía de los hechos, de las soluciones concretas que mejoran la vida de la gente, es la mejor arma para desactivar el discurso reaccionario y construir un futuro donde la justicia, la equidad y la sostenibilidad dejen de ser eslóganes para convertirse en los cimientos de un nuevo sistema socioeconómico. El dilema al que nos enfrentamos es ineludible: o avanzamos hacia una democracia ampliada, una economía sostenible socialmente justa, y un ecosistema limpio y renovado; o retrocedemos hacia un mundo dominado por la plutocracia tecno-financiera asentada sobre un planeta exhausto. No parece que haya otra opción.

* Han colaborado en su redacción Elisa Sanchís, Pepe Gálvez, José Candela Ochotorena, y Julio Irazábal.