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Viñeta de Rafa Maltés
Hay una edad en la que difícilmente se escapa a los pasillos de los hospitales. La esperanza de vida de los españoles ronda los ochenta y cuatro años, todo un éxito para el país, un triunfo que debiera ser el orgullo de todos, nuestra bandera más venerada. Visitar hospitales nunca es un placer, ni cuando se hace a la fuerza ni cuando acudimos para acompañar a un ser querido, sin embargo raro es, aunque hay casos, que pasados los sesenta no haya averías que arreglar o piezas que sustituir en cuerpos que han superado ya todas las garantías del fabricante. La Sanidad Pública, los ambulatorios y hospitales son los responsables de que los españoles, que éramos los más pobres y hambrientos de Europa hasta hace unas décadas, seamos ahora quienes más vivimos: Todavía son mayoría los facultativos formados en el ideal del servicio público, de la Medicina como profesión vocacional en la que ante todo prima la curación del enfermo y su bienestar futuro. No creo que pueda haber trabajo más hermoso.
Hay una voluntad alevosa de cargarse el mayor logro de la sociedad española
Empero, desde que la derecha heredera de Fraga llegó a los poderes autonómicos, que son los que de verdad rigen la sanidad, la estrategia dominante ha sido abandonar los centros públicos y, pese al enorme incremento del gasto, potenciar las clínicas concertadas y los acuerdos carísimos con las empresas dedicadas al negocio de la salud, un negocio en el que éstas no arriesgan nada puesto que la clientela está garantizada y de forma creciente dado el progresivo envejecimiento de la población. Todavía no se han atrevido a cerrar los hospitales públicos que tanto bien han hecho a nuestra población, pero están en ello, no hay más que ver las listas de espera para cualquier revisión o intervención, pasarse por cualquier servicio y ver como muchas consultas están vacías, como cada vez hay más plazas sin cubrir y la edad media de los médicos está más cerca de los sesenta y tantos que de la treintena. Hay una voluntad alevosa de cargarse el mayor logro de la sociedad española, voluntad en la que no sólo porfían los gobiernos autonómicos de derecha y ultraderecha, sino que en ella colaboran sin disimulo muchos especialistas que consideran obsoleto el modelo de servicio púbico y mucho más atractivo el inspirado en el sistema norteamericano, es decir, aquel que permite hacerse millonario al profesional y que condiciona la salud de los ciudadanos al montante de su patrimonio.
Es dentro de este mundo tan poco edificante y feo que hemos conocido que uno de los jefes del Hospital de Torrejón, hospital público gestionado por Ribera Salud, ordenó no recibir a determinados pacientes dado que atenderlos no contribuiría a aumentar los beneficios pretendidos. Como es sabido hay varios tipos de pacientes y diversas enfermedades, unas que pueden dejar beneficios adecuados y otras cuya atención depara indudables pérdidas, suele ocurrir con las enfermedades más graves, con aquellas cuyos tratamientos son más caros, sí esas que quienes hemos tenido alguna vez un seguro médico privado sabemos que derivan a los hospitales estrictamente públicos, que son los que de verdad saben tratarlas y hasta hace poco no ponían límites económicos a la curación, de manera que los privados sólo acometen enfermedades susceptibles de deparar beneficios, dejando para la Sanidad Pública, que es la única que escribo con mayúsculas, todas las que generan pérdidas salvo que se paguen en metálico por el afectado siguiendo el modelo Clínica de Navarra.
Los políticos y empresarios que patrocinan el cambio de modelo hacia el americano, son conscientes de que éste es uno de los más desiguales y caros del mundo
La noticia revelada por el diario El País no es ninguna novedad, todo el que haya tenido que acudir a un hospital o una clínica privada -que hoy también pretenden llamarse hospitales, porque da más credibilidad- saben que es una práctica habitual, que en los hospitales públicos se atiende a todo el mundo y todas las patologías con un presupuesto menguante, que en las clínicas la cuestión es diferente, que todo depende de la patología, del tipo de seguro contratado o de la cuenta corriente. Del mismo modo, los políticos y empresarios que patrocinan el cambio de modelo hacia el americano, son conscientes de que éste es uno de los más desiguales y caros del mundo, que en Estados Unidos la mayoría de la población ha de empeñarse o hipotecarse para ser atendido en caso de enfermedad grave, que más de cuarenta y cinco millones de personas no tienen derecho alguno a la asistencia médica, que enfermar es, literalmente, una ruina en todos los sentidos.
Como en tantos otros campos, en la actualidad asistimos al desguace de la Sanidad Pública, de la que es de todos, de la que cuida de la salud de todos los españoles sin tener en cuenta su condición social o económica, el color de su piel o sus ideas, es un modelo más barato y eficaz que el privatizado que nos están imponiendo y que terminará por convertir a los hospitales públicos en centros de beneficencia y eliminará por completo los centros de salud tal como los conocíamos, de hecho ya es así cuando se dan citas en atención primaria para dentro de dos y tres semanas, cuando quien tiene una afección preocupante ha de desplazarse a Urgencias, servicios convertidos en hospitales de campaña más propios de una situación bélica que de un país civilizado. Entre tanto, y dentro de la misma estrategia, las autoridades autonómicas siguen sin ampliar el número de plazas para estudiar Medicina o Enfermería, continúan despreciando a los profesionales que todavía mantienen el espíritu del Médico hipocrático, que todavía creen que la salud de sus conciudadanos no depende ni debe depender de su nivel de riqueza.
En la actualidad asistimos al desguace de la Sanidad Pública, de la que es de todos, de la que cuida de la salud de todos los españoles sin tener en cuenta su condición social o económica
Lo sucedido en el Hospital de Torrejón no es anecdótico, es una práctica general en todos los centros concertados, y no sólo en los sanitarios sino que ocurre exactamente igual en los centros de enseñanza, en los de gestión forestal o de residuos: La empresa privada no se mueve por la búsqueda del bienestar de la sociedad, sino por alcanzar beneficios mayores cada año. Maximizar beneficios es su objetivo, y eso es perfectamente legítimo en muchos campos de la vida humana, en absoluto en el de la Sanidad, que debe ser gestionada con rigor pero con los mismos medios para cualquier enfermo. Lo contrario es retroceder a tiempos anteriores al de Homo Erectus.



