sábado. 02.03.2024
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Primer Consejo de Ministros del nuevo Gobierno de Sánchez. (Imagen: La Moncloa)

No es despreciable para el futuro de un programa de izquierdas para lo inmediato y para el próximo futuro la relación enrarecida entre la coalición de Sumar y su principal componente que es el partido de Podemos. Según queja fundamentada por lo hechos y previamente por las intenciones de Sumar, esa queja se deriva de la situación en la que han quedado en la coalición algunos miembros de Podemos, especialmente Irene Montero. Antes de seguir es menester señalar los comportamientos fascistas del PP y de Vox, empujando, aplaudiendo consintiendo o, al menos, no denunciando el acoso a la casa de Irene y Pablo Iglesias en la que vivían además tres niños. De Vox podemos esperar cualquier comportamiento fascista porque ese es su papel en la democracia: utilizar la razón de la fuerza en la medida que se pueda hasta acabar con la democracia. Ahora, que el PP lo consienta merced a sus pactos de gobierno es un baldón del partido ahora y de momento de Feijóo pero que, tarde o temprano, lo pagará políticamente.

Pero siguiendo con el tema, el partido de Pablo Iglesias se presentó a la sociedad como el partido que sólo él podía asegurar unas políticas de izquierdas dentro de la coalición con el PSOE. Tanto es así que forzó una repetición de las elecciones en el 2019 y que estuvimos a punto de dar el gobierno de la Nación al PP coaligado con alguien más. En su momento parecía que era un empecinamiento del Sr. Iglesias para llevar a Podemos a su máxima capacidad de influencia, a pesar de que en un momento determinado el partido en coalición con otras fuerzas llegó a tener 71 diputados (elecciones 2016), lo cual le hacía absolutamente imprescindible en el Parlamento para sacar en el BOE leyes progresistas o de izquierdas junto con el PSOE. Sin embargo, con la carta de la líder ahora de Podemos, la Sra. Belarra, enviada a los militantes del partido el pasado 23 de julio, parece que esa necesidad ha prendido en la militancia podemita, incluso ahora que el partido se ha integrado en una coalición que es Sumar y que se presentó como tal en las elecciones generales.

Desconozco los pormenores y la lucha dialéctica interior entre partido y coalición, entre Belarra y Yolanda Díaz, pero el caso es que Irene Montero no repetirá como ministra. No obstante, en la coalición de Sumar, Podemos tiene a 5 ministros en el nuevo gobierno de Pedro Sánchez, fruto de esos 179 votos en el Congreso frente a los 171 de la coalición filo-golpista de PP y Vox. Es comprensible desde el punto de vista personal el malestar en Podemos por el trato inadecuado que haya podido recibir de Yolanda Díaz y de Sumar, pero hay dos cuestiones que han de plantearse: la primera es que el objetivo era obtener una mayoría en el Congreso que impidiera a la coalición filo-golpista llegar al BOE; la segunda es de más hondo calado y exige una mayor reflexión incluso por parte de Podemos y es la siguiente: ¿es más eficaz para los intereses de un posible programa y política progresista o de izquierdas para el país -otra cosa es para Podemos- estar en el Gobierno o estar en la Oposición? Yo soy un simple, si se quiere, analista político sin ninguna afiliación pero con ideología de izquierdas y con el convencimiento de que este país necesita compensar las seculares épocas pasadas por las armas por parte de la derecha (pronunciamientos, siglo XIX; golpes de Estado, siglo XX) con una pasada secular por la izquierda dentro de la democracia y de la Constitución vigente en cada momento. Afortunadamente España va ahora a contra corriente de Europa, es decir, a contracorriente de los brotes fascistas que surgen. Acabamos, además, de recibir la triste noticia para Argentina y el hispanismo que otro fascista ha ganado las elecciones presidenciales en este importante país.

Son necesarios los 5 diputados de Podemos para cocinar con el fuego del BOE leyes progresistas

Pero no quería perder el hilo del tema Podemos, Sumar, Gobierno. Si yo fuera militante de Podemos desearía con todo convencimiento la libertad de poder criticar y poder tener un criterio propio, no atado al hecho de estar presente en la gobernanza, como por ejemplo, condenar sin paliativos el terrorismo de Estado del gobierno israelita y sus militares, como por ejemplo condenar el ataque a un Estado soberano que perpetró el presidente de la Federación rusa el Sr. Putin, condenar permanentemente los intentos del sátrapa aluita de Marruecos de emprender una guerra para apoderase de territorios españoles en África que, además, nunca fueron de ese país, es decir, que nunca fueron colonias sino territorios propios como Asturias, Extremadura o Valencia; tener autonomía para pedir un 155 para la Sanidad Pública en la Comunidad de Madrid que la analfabeta funcional de la Sra. Ayuso está deteriorando y privatizando a marchas forzadas; poder si es menester y se piensa que fue un error el acercamiento de España a Marruecos, cediendo a una especie de protectorado del Sáhara occidental aunque sea dentro de las resoluciones de la ONU; exigir al gobierno de coalición y al Parlamento que se aprueba una ley que permita renovar el CGPJ por mayoría sólo absoluta. En fin, son sólo algunos ejemplos que Podemos podría tener posición propia con mucha más firmeza y, sobre todo, con coherencia, si el partido como tal no participa en el gobierno de la Nación. Es verdad que pareciera que ambas cosas son compatibles porque es fácil y gratis verbalizar una postura, pero esta verbalización ha de ser posible y coherente con la intención de acompañarla con hechos que surgen del deseo, la posibilidad y la necesidad, las tres cosas, y no contentarse con palabras, palabras, palabras, que diría el tonto de Hamlet. Además, incluso ahora, son necesarios los 5 diputados de Podemos para cocinar con el fuego del BOE leyes progresistas.

Ahora Podemos puede desligarse de Sumar salvo en las elecciones, porque si se presentara solo, fuera de la coalición liderada actualmente por Yolanda Díaz, tal cosa podría permitir un gobierno filo-golpista de PP-Vox dado el sistema electoral español. Dicho de otra forma, si Podemos quiere ser de izquierdas no puede facilitar gobiernos de derechas por el deseo de tener ministros, y eso por justificadas que sean sus diferencias con la coalición de Díaz, porque no puede salir de la trampa que nos han puesto los electores y es la de que, para que no gobierne la coalición infernal, se debe contar con dos partidos nacionalistas que son de derechas. Hay un consuelo histórico de esta situación entre Sumar y Podemos que es aquella de Izquierda Unida y PCE, y no puede asegurarse que el PCE de Julio Anguita fuera más de izquierdas que IU, salvo en la verbalización de los deseos, que ahí don Julio no tenía rival.

Con la nueva composición del Congreso, lo que en el 2019 se podía presentar como el frontispicio de Podemos, ahora queda la cosa entre bambalinas porque el problema principal para el gobierno de coalición PSOE-Sumar es que no hay una mayoría de izquierdas. Es verdad que hay un gobierno de izquierdas, pero sin esa mayoría porque Junts y PNV son, en lo económico, tan de derechas como el PP. Por ello Podemos, fuera del gobierno, está en el mejor de los mundos políticos posibles: su concurso parlamentario es imprescindible para leyes progresistas y puede ejercer la oposición en todos los casos que lo considere pero siempre que sepa distinguir entre las causas que los justifiquen, siempre que no considere suficientemente de izquierdas las posiciones del gobierno de coalición pudiendo ser otras pero no aquellas derivadas de la posición de derechas de los partidos catalán y vasco y que están en la suma de los 179 escaños. Y eso no será fácil de calibrar, de afinar, esta actuación de Dr. Jekyll y Mr. Hyde, para que el relato salvaguarde las posibilidades presentes y futuras de gobiernos de izquierdas. Quizá sea una responsabilidad injusta, excesiva, pero esa es la lotería -los votantes- que le ha tocado, en mi opinión, al partido de Podemos. Y es que ese papel, a pesar de todo, es necesario en este país, donde el PSOE no ha sido siempre consecuentemente de izquierdas; bueno, en tiempos no muy lejanos no siempre lo fue en los hechos.

Gobierno de progreso y Podemos