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Roy Batty el replicante de la peli Blade Runner interpretado por Rutger Hauer le dice algo parecido a Rick Deckard, su eliminador, justo cuando éste está a punto de perecer colgando de una tabla insegura y del brazo tenso del “pellejudo” ¿recordáis la escena verdad? Si no habéis visto la película no perdáis el tiempo, merece la pena buscarla y disfrutar dos horas de acción, entretenimiento y cavilación ética.
El biobot que se diría en el lenguaje actual medita sobre su corto tiempo de vida y lamenta tener que desaparecer habiendo visto cosas que no creeríais, como el ataque a naves ardiendo más allá de Orión.
Sí, he visto el desplome selectivo de edificios residenciales y de barrios enteros, he visto disparar a quemarropa y por la espalda a jóvenes desarmados y reducidos
Eso mismo me está ocurriendo a mí, y supongo que a muchas otras personas, estamos asistiendo a escenas tan pavorosas que huellan el recuerdo y merecen no ser borradas de la memoria de los individuos, ni de la historia como relato colectivo. Vemos cosas que no habríamos creído solo unos años antes.
El androide lamenta que su testamento vital vaya a diluirse como lágrimas en la lluvia, así lamentaría yo que se perdiese el registro de la extraordinaria crueldad que los dirigentes americanos, Donald Trump y su secuaz Hegseth han sido capaces de volcar sobre la humanidad. Este par de soberbios sicópatas pasarán, no os quepa duda, pero confío en que su desaparición no sea excusa para olvidar hasta dónde puede llegar el rencor y el odio, hasta atacar naves ardiendo en el estrecho de Ormuz os digo y también sobre los techos derrumbados de Teherán, de Beirut y de Gaza.
No sería bueno que la memoria de cosas terribles infligidas a desamparados desaparezcan con la extinción de sus principales responsables, después de todo ellos me parece meros ejecutores encantados con su papel de verdugos sí, pero comparsas de fuerzas de orden superior.
Si sobre Dirk Deckard se levantaba el emporio de bioingeniería Tyrrell Corporation, sobre este par de mamelucos se erigen las empresas tecnológicas especializadas en hacernos tragar IA hasta en la sopa y convencernos de la infalible destreza de los technobros que pilotan las operaciones de mercado con las que el dinero de nuestros bolsillos acaba en sus cuentas establecidas en Delaware y otros paraísos fiscales.
No obstante hay algo que debemos agradecer a Trump y a su equipo de cretinos que parecen salidos de una película de Tod Browning: su extraordinaria transparencia. Son crueles, brutales, engreídos, desinhibidos y en competencia unos con otros, como les marca su dios mercado, no engañan. Es de agradecer que nos revelen la sustancia última de su proceder, su devoción a su dios mercado permite desentrañar sus designios ocultos, pues como toda deidad se ha revestido de ropajes litúrgicos para que no se vean las vísceras horribles de su interior. Es difícil de desenmascarar pues se manifiesta en forma de objetos que hacen la vida más fácil, más feliz, más amigable…
Su biblia, en formato spot publicitario, oferta o catálogo especial, se nos muestra como la salvación de las almas perdidas (aburridas), aunque sospechemos que lo que hay en todo mercado es lo que lucen sin ningún rubor esta dupla de carniceros: explotación, dolor, racismo, clasismo y transmigración de dineros.
La claridad y el desparpajo con el que se conducen es muy de agradecer insisto, las sospechas devienen certezas, el mercado en su última versión incuba una Inteligencia Artificial autónoma que programada de manera artera se conduce como una entidad sádica que solo se sacia con un porciento más. Y esa inteligencia (sí que) está fuera de control humano, digo humano de humanidad, ya sé que hay hombres y mujeres con nombre y apellidos tras sus tropelías.
Pero hay más, en concreto la manipulación de los principios de la ética en todo lo relativo a justicia y dignidad que han desempolvado la infantil mentalidad de Trump y de sus comparsas aquí y allá. Se trata del lamentable juego apuntar y denunciar quienes son buenos y quienes malos. Como los niños de mi infancia que tomaban el control de la clase cuando el profe había de salir, escribiendo en el encerado el nombre de los revoltosos para más tarde ser pasados por las armas (bueno, miradas de reprobación del profe revenido) así actúan estos atolondrados: tú bueno, tú malo.
España en estos momentos está señalada y con tres cruces por reincidente, ahí es nada lo peor de lo peor y si no que se lo pregunten a Feijoo o a Ayuso. No es que sean solo tontos o malvados, es que son pueriles.
Sí, he visto como vosotros escuelas infantiles volar por los aires, destrucción llevada a cabo por fuerzas desmesuradas después de tenaces entrenamientos en tierras de Palestina, he visto el desplome selectivo de edificios residenciales y de barrios enteros, he visto disparar a quemarropa y por la espalda a jóvenes desarmados y reducidos, todo eso lo hemos visto y no podemos permitir que esas imágenes se desvanezcan con la debilitación de nuestra memoria, hay documentos a cientos, y por ello no lo hará, la historia y la justicia internacional sobrevivirá.
La convicción de que los mercados serán capaces de presentarnos a otros tan canallas como éstos una vez sean juzgados es lo que debemos conservar y trasmitir a terceros.





