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Llevo semanas resistiéndome a escribir sobre la peste naranja, comparto casi todos los artículos que leo sobre el susodicho en el que se analiza tanto sus desvaríos imperialistas como sus movimientos de caderas (perdón, de puñitos). No me alejo de la demonización general, no he expuesto mi opinión por no resultar cansino. Yo diría que todo está dicho, menos una cosa que quisiera exponer en esta tribuna. Nadie ha dado las gracias sinceras y cómo se merece a Mr. Trump.
Si, así como lo oís. No, no me he vuelto turulato, quiero expresar desde aquí mi gratitud al piticorto Trump, y de manera muy sincera, tanto que estoy dispuesto a compartir con él la única medalla que he conseguido en mi vida, así a lo Corina Machado, una mitad para mi otra mitad para ti mi rey, quiero decir mi emperador. No os admiréis, lo mío no tiene mérito, la medalla me fue concedida en los juegos floripondios de Lepes, gané, me dieron dos medallas, una por tonto del culo y otra por si la perdía. Por la nimiedad de mi agasajo, por la poquedad de lo compartible es por lo que quiero rendir pleitesía en esta columna, algo es algo, espero sirva como desagravio por tanta inquina y el apenas el reconocimiento que de verdad se merece el muchacho.
Sé que es un triste consuelo, que no tiene ni puta gracia, una sola muerte injusta es demasiado, pero parece que la secuela del siglo XXI del fascismo del siglo XX viene a ser como casi todas las secuelas, una mala copia
¿Cuántas veces habéis oído la sentencia lapidaria de Marx sobre la conducta de la historia que primero se manifiesta como tragedia y después como farsa? Decenas de veces seguro, pero ¿cuándo habéis tenido la oportunidad de comprobarlo con vuestros propios ojos? Pues ahí lo tenéis, no me digáis que lo de Trump no viene pintiparado para aclarar el sentido de la frasecita. La primera manifestación del fascismo contemporáneo fue la encabezada por Hitler, Mussolini, Franco y el emperador Hirohito (et al). La segunda vendría encabezada por Trump, Milei, Farage, Abascal… ¡joder que tropa! que balbucía Rajoy.
Tragedia y farsa, no hay color lo mires como lo mires, los primeros creían en la irredención del fascio con una vehemencia tal que fueron capaces de llevarse por delante más de treinta (30) millones de personas para certificar que, finalmente, lo suyo era pura comedia, una película de terror, un thriller macabro en el que solo creyeron ellos mismos y la cineasta Reifensthal. Pocas bromas con ellos, eran unos auténticos artistas, del horror pero artistas, que no dejaron nada al albur de la suerte. Banderas, uniformes, industria bélica, mapeos del expansionismo, enemigo, víctima propiciatoria, todo lo necesario para completar un teatrillo en el que el capitalismo se reconociese como director de la escena. Había que ver a aquellos tipos enjaezados con parafernalia militar bramando a las multitudes encuadradas de manera dócil y admirable retumbando en sus oídos consignas sobre la patria, la superioridad de los auténticos mensch, arios de raza blanca, y el derecho de conquista como norte de la acción política ¡Pedazo de espectáculo!
Pena que no esté entre nosotros Berlanga para que hiciera los honres que se merece con un ¡bienvenido mr. Trump!
Lo de ahora no deja de resultar la puesta en escena de un vodevil de tres al cuarto. Recordad el desfile improvisado en Washington, quizá no tuvieron tiempo de ensayar como los rusos y los chinos para aproximarse a su marcialidad, pero aquello parecía el ejército de Pancho Villa, la verdad sea dicha. El capo, con su mirada perdida y un álbum de fotos para compartir con pajilleros no asusta, claro que provoca pavor pues un tipo con esa cara de ido y un botón rojo al alcance siempre pone nervioso incluso al más cuajado, pero lo de TACO (Trump Always Chiken Out) no le viene porque sí. De momento sus hazañas se circunscriben a un rapto inducido por la nomenclatura chavista (ya se verá en que queda todo esto, de momento consta como el secuestro más caro de la historia) y la jauría del 6 de diciembre del capitolio, esta vez uniformados bajo las siglas de ICE, molestando a vecinos y ajusticiando a personas indefensas. Dan miedo sí, pero no fijan impronta alguna, no parecen capaces de dejar huella, de provocar siquiera una muesca en la historia. De Milei qué decir, que nivelazo de líder que se comporta como los sobrinos nietos yendo a pedir la paga el domingo en casa de la tata. Farage sí que mola, ha conseguido antes de figurar en ninguna parte que la UE establezca una barrera anti rebrexit (volver a Europa) mientras existan dudas sobre el menda y lo que representa. No quisiera hacer leña del árbol caído con el caso Abascal, el pobre va a tener que poner orden en el partido popular, con eso ya te digo todo.
Pero dejemos a estos locos con sus cosas para volver al besamanos del inicio del artículo, mi más absoluta y clara admiración por Trump por habernos demostrado que la farsa ha llegado, que no era una vacía predicción marxista, que la historia se repite degradada, que todos los vicios y los pecados del fascismo están aquí, pero parece que esta vez la cosa no va a requerir hectólitros de sangre derramada aquí y allá para desenmascararlo. Lo hacen ellos solitos quedando en evidencia continuamente.
Banderas, uniformes, industria bélica, mapeos del expansionismo, enemigo, víctima propiciatoria, todo lo necesario para completar un teatrillo en el que el capitalismo se reconociese como director de la escena
Sé que es un triste consuelo, que no tiene ni puta gracia, una sola muerte injusta es demasiado, pero parece que la secuela del siglo XXI del fascismo del siglo XX viene a ser como casi todas las secuelas, una mala copia. Digan lo que digan los artículos más en boga, el fascismo de hoy produce más terror por su recuerdo que por su presente, si exceptuamos el caso del fascismo israelí personificado por un genocida capaz de esto y lo que fuere necesario con tal de no dar con sus huesos en la cárcel por corrupción en los negocios y la más grave corrupción de la moralidad de la Humanidad.
Pena que no esté entre nosotros Berlanga para que hiciera los honres que se merece con un ¡bienvenido mr. Trump! Como solo usted podría imaginar.




