martes. 16.04.2024
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Asamblea de RFEF.

El deporte es una actividad física que requiere, en dosis distintas según la modalidad, fuerza, velocidad, coordinación de movimientos y espíritu competitivo. De esas cuatro características, las mujeres pueden competir con los hombres de forma distinta y en grado descendiente: pueden tener las mismas, o más, espíritu competitivo y coordinación de movimientos pero, morfológicamente, estarán en desventaja en velocidad y, sobre todo, en fuerza.

Por esas diferencias, en el deporte profesional y semiprofesional, prácticamente en todos, los hombres y las mujeres no compiten juntos. Exceptuando alguno, como el tenis, en el que hay partidos "mixtos" donde una pareja de hombre y mujer pueden jugar contra otra igual, hay competiciones de hombres, por un lado, y de mujeres por otro.

Hablar, en esas condiciones, de igualdad de género en el deporte creo que no tiene mucho sentido. Porque no la hay. En Sudáfrica, había un régimen así para regular las relaciones entre personas de razas blanca y negra y se llamaba apartheid.

Especialmente curioso es, en España (hablo de memoria y no recuerdo como está en el resto del mundo), el caso del fútbol. Resulta que en el fútbol femenino, reglamentariamente, no pueden jugar hombres, pero resulta también que no hay ninguna norma que impida que una mujer juegue en un equipo de hombres. Curioso, pero real como la norma misma. Bueno, pues no hay ni una sola mujer que juegue en un equipo de fútbol de primera o segunda. Y, eso, que para alguna afortunada, sería la forma de equiparar su salario al de sus compañeros de equipo. El fútbol "mixto" está reservado para las categorías de formación, hasta los catorce años, aunque en los clubes de fútbol españoles más importantes, también hay separación en estas categorías iniciales.

Bien, aceptemos esa situación por motivos, como digo, morfológicos. Pero si pasamos a analizar lo que pasa en el resto de los oficios del fútbol, entrenadores, árbitros/as, ojeadores, utilleros/as, etc y, sobre todo, directivos/as, la cosa resulta sorprendente. Los que mandan son, en su inmensa mayoría, hombres y, eso, que para llegar a directivos/as no hace falta correr mucho o ser muy fuertes. Con tener una gran coordinación de movimientos para acceder al despacho correspondiente o un espíritu competitivo para ganarlo, es suficiente. El resultado es que, por ejemplo, en la RFEF (la federación española de ese deporte), de 140 miembros, solo 6 son miembras. Y, eso es así a pesar de que, a diferencia de lo que pasa en el terreno de juego, donde hombres y mujeres están separados en la forma que ya hemos dicho, en los despachos no hay nada, más que la costumbre consuetudinaria, que impida que, por ejemplo, la presidencia de esa RFEF pudiera estar ocupada por una mujer. O que hubiera una federación de hombres y otra de mujeres, como ocurre en los campos de juego.

Habrá igualdad de género en el fútbol cuando se apliquen los mismos criterios que para confeccionar las listas electorales, el Consejo de Ministros o los consejos de las empresas del IBEX

Pero no, hay una sola federación, está oligopolizada por hombres, regulan también el fútbol de las mujeres, "que ya juegan tan bien como los hombres", y tiene como presidente a Rubiales. ¿Es eso machismo? No, es simple masculinización. Lo que es machismo es lo que ha hecho "ese señor del que hablamos" y la aclamación que han tenido sus palabras tras la excusatio que pronunció ante la asamblea de la RFEF.

Es curiosa la evolución del entendimiento de ese hecho que ha dado la vuelta al mundo. Desde coger la cabeza de la jugadora, con las mismas manos, y lamento recordarlo, que poco antes se había palpado sus genitales, hasta explicar cómo Jennifer Hermoso extendió un certificado previo de consentimiento, han pasado varias cosas. La confesión de la víctima de que, eso, no le había gustado, las críticas, dentro y fuera de España, la descalificación de esas críticas por parte del agresor, tildándoles de "tontos del culo" (¿en que estaría pensando?), la intervención de la FIFA y del Gobierno de España y la instalación de Rubiales en el "no pasarán".

Para eso, Rubiales ha hecho un relato en el que ha incluido, además de a sus propias hijas, la declaración, casi jurada, de que "cuando acercó su cuerpo" y le dio un beso en la boca a la jugadora, no "tenía deseo". Alegrémonos de que eso fuera así y de que no hubiera sido de otra forma porque el acontecimiento se estaba retransmitiendo por televisión y, en España, era en horario infantil. ¡Que hubiera sido con deseo! ¿Se acuerdan de las explicaciones que dio Clinton de su encuentro con Lewinsky? ¿No les recuerdan las explicaciones de Rubiales? El acto terminó con los aplausos del seleccionador del equipo femenino a las palabras de su jefe.

Así pues, que nadie se llame a engaño. Las leyes de igualdad de género no son de aplicación en el planeta fútbol.

Habrá igualdad de género en el fútbol cuando se apliquen los mismos criterios que para confeccionar las listas electorales, el Consejo de Ministros o los consejos de las empresas del IBEX. Es decir, cuando Jenni Hermoso pueda jugar con Vinicius, por ejemplo. Y, si eso no puede ser así, por motivos ya explicados, que, al menos, pueda haber una presidenta de la Federación que le dé un "piquito" al capitán del equipo que gane la Supercopa de España. Siempre, claro está, que no se juegue en Arabia Saudí, como ahora, donde, además, es probable que esa presidenta tuviera que ver el partido, de pie.

Pero, algo se ha empezado a mover. En pocos días, quien no se quejaba, por miedo, ya ha empezado a hacerlo. Quien aplaudía, ya hace comunicados. Quien miraba para otro lado, ya no desvía la mirada. Y quien, sobre todo, vio un piquito, un poco extraño, pero nada más, ya se ha enterado de lo que significa el “solo sí es sí”. Esto marcha.

Fútbol e igualdad de género