lunes. 22.04.2024
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Quizá el bochornoso incidente hubiera podido pasar con más pena que gloria y quedar enterrado en el terreno de las anécdotas zafias. Para eso Rubiales tendría que haberse disculpado de veras con toda humildad y avergonzarse por un comportamiento impresentable. Pero ha demostrado ser su peor enemigo al intentar convertirlo en una cruzada que pretende asesinarlo socialmente. Ahí queda eso. Reivindica su gestión al tiempo que sepulta un acontecimiento deportivo sin precedentes cargado de simbolismo por los cuatro costados. No sabe callarse y con cada nueva declaración va descubriendo una personalidad patológica, propia de quien reparte prebendas y dinero a espuertas para seguir en un puesto que desacredita con su estrambótico proceder. Sin ir más lejos le triplicó el sueldo al entrenador en medio de la reunión convocada para salir airoso del trance.

Ha intentado disculparse por su elegante gesto de agarrase los cataplines para celebrar el triunfo, aunque ni siquiera eso suena muy convincente. Sin embargo, lo del piquito puede arruinarle literalmente, al privarle de los pingües ingresos que recibe por su cargo. Muy seguro de su comportamiento no estará, cuando intento presionar a Hermoso para que posara con él en un vídeo, presionando igualmente a todo su entorno sin éxito alguno. Esto ha debido enfurecerle, acostumbrado a que se respalden sus caprichos gracias al reparto de regalías. En lugar de dimitir y conservar un mínimo de dignidad, ha decidido hacerse pasar por una victima. El beso fue pactado y consentido, por mucho que lo niegue la protagonista pasiva del mismo. La federación sabe lo que pasó entre ambos y acredita la versión de Rubiales. Semejante respaldo refleja que hay muchos y muy turbios intereses en juego. Se diría que nos encontramos ante un iceberg en cuyo insoldable fondo reposan chanchullos financieros de alto voltaje.

La federación sabe lo que pasó entre ambos y acredita la versión de Rubiales. Semejante respaldo refleja que hay muchos y muy turbios intereses en juego

Esta desfachatez colegiada viene a poner las cosas en claro, por si alguien albergaba la más mínima duda. ¿Cómo es posible que conozcan con pelos y señales las palabras cruzadas en medio de semejante algarabía? ¿Qué demanda piensan interponer contra el sindicato de la jugadora? ¿Por qué amenazan con sanciones a quienes han decidido plantarse contra tanta desmesura y abuso de poder? Se han pasado de frenada y ahora deben dimitir en bloque, porque no les queda otra, después de haberse posicionado como lo han hecho. Casi nos habíamos olvidado de las omisiones millonarias pactadas con Piqué para llevar el campeonato a un país como Arabia Saudí. Comparado con eso, el viajecito a Nueva York no es más que un signo de prepotencia.

¿Recuerdan el argumento que Rubiales esgrimió para explicar su apuesta por Arabia Saudí? Gracias a su decisión allí se construyeron retretes para mujeres. Creo no estar inventándomelo, porque carezco de una imaginación tan portentosa para cultivar el esperpento. Este caballero pretende presentarse con un adalid sin par del auténtico feminismo, tal como demostrarían los váteres recién mencionados o ser victima del feminismo de pacotilla que a su juicio supone una lacra para el país. Viene a presentarse como la punta de lanza del feminismo fetén y el más ardoroso defensor de las mujeres, tal como les dice a sus hijas, instrumentalizadas por cierto para justificar su candoroso piquito.

¿Por qué se ve obligado a decir que no hubo deseo? ¿Acaso intenta convencerse a sí mismo de sus castas motivaciones? El relato va cobrando tintes realmente psicodélicos, como si se hubiera urdido en un fumadero de opio y tras consumir grandes dosis de absenta. Según la última crónica del suceso, la jugadora le habría izado en volandas acercándole a su cuerpo. Vamos que le habría provocado sexualmente y solo su contención le permitió no practicar a renglón seguido alguna postura del Kamasutra. ¿Cómo cabe inventarse tantas estulticias y hacerlas valer entre tu sequito?

Es obvio que todo esto pide a gritos una rigurosa inspección fiscal en las cuentas de la federación. Hay que seguir la pista del dinero. El comportamiento asquerosamente machista y ultramontano del personaje se condena solo. De no ser así, estaríamos ante un capitulo más del poder de la desinformación y el peligroso hábito de negar las evidencias. Esto no debería generar polarización alguna entre la ciudadanía o las fuerzas políticas. Estamos ante un abuso de poder cuyo protagonista pretende tomarnos el pelo e insultar nuestra inteligencia. La pregunta es cómo ha podido mantenerse tanto tiempo en el cargo y qué ha pasado allí adentro bajo su mandato, porque al parecer afuera hay ciertas cosas que no podían comprenderse. Resulta espeluznante imaginar lo que se consideraba normal entre bastidores y detrás de las bambalinas.

La lectura positiva es que Rubiales no necesita ningún empujoncito para irse, porque se basta y se sobra para segar la hierba debajo de sus pies. Y por añadidura viene a recordarnos la importancia de calificar ciertas cosas por su nombre. Por desgracia existe la violencia machista, como demuestran los asesinatos cotidianos y las cada vez más frecuentes violaciones grupales grabadas en vídeo para presumir de tales hazañas. Ver a la mujer como un objeto sexual que provoca continuamente al varón bien dispuesto para satisfacer los deseos proyectados no es algo del pasado y, bien al contrario, emponzoña nuestro ambiente social aterrorizando a quienes muchas veces ni siquiera lo denuncian para no verse vilipendiadas.

Sin sus alambicadas y rocambolescas explicaciones del piquito dado por el crack como muestra de magnánima generosidad, Rubiales hubiera seguido al frente de la federación, beneficiándose por añadidura del éxito conseguido al ganar el campeonato mundial. Pero su arrogancia y sus desatinos conseguirán expulsarle, al tiempo que se activan las alertas para investigar posibles corruptelas financieras. Y su contribución a la causa feminista es igualmente impagable, al recordarnos la presencia entre nosotros de machitos acostumbrados a coger el rábano por las hojas para camuflar sus constantes abusos.

Rubiales: la punta de lanza del feminismo y el peor enemigo de sí mismo