martes. 16.04.2024

Feijóo no fue elegido líder de la derecha española por sus bases o electores en un proceso congresual al uso de los partidos democráticos. El aún hoy presidente del PP fue cooptado por los auténticos poderes fácticos de la derecha política y mediática, tras defenestrar a Pablo Casado.

Esos poderes fácticos, integrados por gobernantes extremistas en Madrid, por las voces y plumas más radicales, y por los intereses económicos ligados a los anteriores, hacía tiempo que buscaban un relevo en el cartel del PP. Casado fue solo una solución de urgencia para frenar a Soraya Sáenz. Su decisión de combatir la corrupción del PP de Madrid desencadenó la caída y sustitución.

Aquellos poderes, cada vez más a la luz, impusieron a Feijóo en su momento, y ahora le vigilan, le marcan, le corrigen y le dirigen de facto.

Hoy, el presidente del PP no es un líder autónomo, sino que ha de consultar, y ha de modificar, y ha de renunciar, en muchas de sus decisiones y posicionamientos, en función de lo que otros establecen, atendiendo a intereses que distan mucho del interés general.

Si a esta influencia externa decisiva añadimos el complejo permanente de la dirigencia del PP respecto a Vox en cuestiones clave como la igualdad de las mujeres, los derechos de las personas migrantes o la memoria democrática, el problema del partido de Feijóo comienza a convertirse en un problema para el conjunto del país.

Durante los meses que han transcurrido desde su cooptación, Feijóo ha demostrado estar en muchas ocasiones en manos de los extremistas que le nombraron. Pero pueden destacarse tres situaciones en las que su falta de autonomía quedó patente de modo dramático.

Primero fue la alianza con la ultraderecha de Vox. Hasta su llegada a la presidencia del PP, el líder gallego presumía de no pactar, incluso de ignorar y despreciar a la extrema derecha representada por el partido de Abascal y Ortega Smith. Sin embargo, su primera decisión relevante como máximo dirigente del Partido Popular fue precisamente la de validar y legitimar el primer gobierno autonómico de España con vicepresidente y consejeros de Vox.

Desde entonces, el supuesto perfil “moderado” de Feijóo es desmentido cada día por las barbaridades que perpetran sus socios ultras en el gobierno de Castilla y León. Desde la persecución a los sindicalistas, hasta las coacciones a las mujeres en el ejercicio de sus derechos más elementales.

El segundo episodio significativo tuvo lugar cuando el presidente del PP intentó demostrar su condición de “constitucionalista”, acordando con el Gobierno de España la renovación de los órganos constitucionales. Cuando el acuerdo estaba ultimado, hasta en la última coma, las llamadas de atención de la presidenta madrileña y las advertencias de la derecha mediática le echaron atrás.

Esta renuncia demostró a todos los españoles, sin lugar a dudas, quién manda de verdad en la derecha. Feijóo tuvo que rectificar su discurso, renunciar al acuerdo suscrito por él mismo, e incumplir la palabra dada al Gobierno, porque sus auténticos jefes así se lo exigieron. A partir de entonces, el aún presidente del PP solo puede presumir de ser constitucionalista a tiempo parcial, con contrato fijo discontinuo, o mientras le dejen…

La tercera escenificación del secuestro se ha producido recientemente, con ocasión del debate público en torno a la promulgación de la reforma de la ley del aborto, y la sentencia del Tribunal Constitucional validando la ley socialista de 2010. El Feijóo pretendidamente moderado intentó centrar a su partido con unas declaraciones que daban por buena la sentencia del TC y aceptaban la ley de plazos. Pero nuevamente tuvo que rectificar, precisando más tarde que, en realidad, “el aborto no es un derecho fundamental de las mujeres”.

La enésima rectificación del aún presidente del PP, esta vez sobre un tema de interés clave como lo es la defensa de los derechos de las mujeres españolas, se confirmó con el voto contrario del grupo parlamentario popular a la ley del aborto en el Congreso. Se demostró, una vez más, que los Ayuso, Trillo, Mayor Oreja, Fernández Díaz y compañía representan mejor que Feijóo a los auténticos poderes fácticos que siguen manejando los hilos en el partido de la derecha.

Los retrasos, los titubeos y las idas y venidas que se han producido en torno a algunos nombramientos, como la secretaría cuarta de la Mesa del Congreso y el consejero del Banco de España, son buenas pistas también respecto a esta situación de falta de autonomía por parte del líder de la derecha a título formal.

Si a esta influencia externa decisiva añadimos el complejo permanente de la dirigencia del PP respecto a Vox en cuestiones clave como la igualdad de las mujeres, los derechos de las personas migrantes o la memoria democrática, el problema del partido de Feijóo comienza a convertirse en un problema para el conjunto del país.

En definitiva, Feijóo, y por extensión el PP, no son hoy factores fiables en la defensa de intereses fundamentales para la sociedad española, como la garantía de los derechos y libertades plasmadas en la Constitución, y la renovación de las instituciones que rigen nuestra democracia.

Ahora bien, ¿cuánto durará Feijóo al frente del PP? ¿Llegará como candidato a las elecciones generales? ¿Será sustituido tras las elecciones autonómicas y locales? Por lo comprobado en estos meses, la respuesta a estas preguntas no dependerá de la voluntad de líder gallego, sino de la decisión de quienes mandan en la derecha española, en función del comportamiento que mantenga hasta entonces el aún presidente del PP.

Feijóo, rehén de extremistas y poderes fácticos