martes. 23.04.2024
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Núñez Feijóo y Marcial Dorado. (Foto: diario Público).

Los narcóticos adormecen la conciencia y nos dejan fuera de juego al trasladarnos a una ficticia e inexistente realidad paralela. Generan dependencia y su consumo compulsivo provoca el muy lucrativo negocio del mercadeo con estupefacientes que tantos males causa. En el plano ideológico también hay quien comercia con sustancias tóxicas. Aquellas que conocemos bajo el nombre de noticias falsas o hechos alternativos, que antes denominábamos bulos y patrañas. Parapetarse tras las mentiras para esconder la falta de propuestas pretende dar gato por liebre. Con esa estrategia lo único que cuenta es vender tu producto sin reparar en sus consecuencias para el destinatario. En vez de brindar soluciones para uno u otro problema social, conviene inventarse problemas y hacer profecías apocalípticas que nos quiten el sueño, con el fin de hacernos desear consumir sus narcotizantes ocurrencias.

¿Para qué debatir programas, cuando basta con descalificar la gestión del adversario sin ofrecer precisiones o alternativas?

¿Para qué debatir programas, cuando basta con descalificar la gestión del adversario sin ofrecer precisiones o alternativas? ¿Qué hubiera hecho Feijóo como presidente del gobierno para paliar los estragos de una pandemia o las consecuencias económicas de un conflicto bélico? Nunca lo sabremos. Bueno, en realidad sí. Con su fórmula de rebajar impuestos a los más pudientes y preocuparse por un endeudamiento tan extraordinario como justificado, difícilmente podrá mantener las ayudas para los más desfavorecidos y las prestaciones asistenciales. Tampoco le parece sostenible revalorizar las pensiones con arreglo a la subida de los precios. Firme partidario de privatizarlo todo, la sanidad y la educación públicas continuarían desmantelándose a buen ritmo. También velaría por tutelar nuestras constares en materia erótico-sexual, además de oponerse a la eutanasia e incluso al aborto. La censura en el ámbito cultural también se anuncia como una imposición de su imprescindible socio para formar gobierno.

Nadie hubiera pensado hace poco en que se diera luz verde a esta nostalgia del nacionalcatolicismo franquista, rehuyendo el espacio de centro que tan útil fue para verificar nuestra transición a la democracia parlamentaria desde una dictadura impuesta por las armas. Queriendo conquistar el espacio de Vox, el Partido Popular apuesta por una derechización tan extrema como para hacer saltar las alarmas en Europa. Convertir al sanchismo en un chivo expiatorio para desacreditar la socialdemocracia y bromear con el maquillaje de quien lidera Sumar como si suscribiera una mentalidad machista, no parecen buenas credenciales para gobernar España ni defenderla en los foros europeos.

Lo peor además es que Feijóo ni siquiera reconoce traficar con esas patrañas tóxicas y narcotizantes. Para colmo pretende pasarlas de contrabando y endosar a Vox el coste ideológico de sus aranceles. Algún maestro puede haber tenido en estas lides. Ahora recuerda que su amigo Marcial Dorado debía ser contrabandista, para esquivar que supiese algo de sus actividades como narcotraficante. Además no pudo consultarlo en Internet y tampoco recibió ningún teletipo al respecto. Menuda forma de aspirar a mantener el tipo. Su enfrentamiento con una periodista que matizaba sus afirmaciones nos reveló al auténtico Feijóo. ¿Cómo se atrevían a interrumpirle, con lo bien que había memorizado su intervención? Así no vale.

Lo suyo es resucitar a una extinguida organización terrorista y utilizarla como un fantasma que deslegitime al adversario político. Esta fue la tesis para explicar el fracaso electoral del 2004. La masacre del 11M se perpetró al parecer para provocar un vuelco electoral. Esta inquietante y nauseabunda visión de las cosas tan solo puede obedecer a una grave patología mental. Pero también se respaldó una guerra cuya motivación resultó ser falsa, pese a que Aznar mantenga lo contrario. La fundación aznarista por cierto hace unos análisis políticos muy finos, como muestra el chascarrillo del figurín hecho de retales a toda prisa. Menudos asesores. Deben estar algo nerviosos para echar mano de ocurrencias como esa. Quizá vean que su candidato no ha dado la talla y la campaña ha neutralizado de nuevo el efecto Feijóo. Si este no logra formar gobierno, Ayuso le sustituirá y puede que ni siquiera le dejen volver a Galicia tras haberse aireado sus malas compañías en ese terruño con un célebre contrabandista cuya embarcación gustaba de pilotar.

¿Cabría describir a Feijóo como un contrabandista del extremismo más reaccionario?