martes. 28.05.2024
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El candidato de Bildu, Pello Otxandiano, junto a Arnaldo Otegi en la noche electoral.

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Las elecciones del pasado 21 de abril dejan a todos los partidos contentos salvo a Podemos que sigue, impertérrito, la senda hacia su desaparición o, cuando menos, hacia la irrelevancia.

ETA “cesó su actividad armada” en 2011, pero no se disolvió hasta 2018. Estas son, pues, las segundas elecciones post – ETA, es decir, elecciones sin la amenaza del terrorismo. Las de 2020 fueron elecciones en medio de la pandemia. Así es que estas han sido las primeras elecciones en total normalidad, sin la presencia del terrorismo ni tampoco en medio de una emergencia sanitaria. Importa destacar que, a diferencia de lo que sucede en Cataluña, en la campaña electoral vasca las cuestiones identitarias han tenido poca relevancia. Más bien el debate se ha centrado en las “cosas de comer” como la sanidad o la vivienda.

A diferencia de las elecciones gallegas, el PP se ha abstenido de plantear las elecciones vascas como un referéndum contra Sánchez, conscientes de que los partidos que apoyan al gobierno de coalición representan algo así como el 90% del arco parlamentario vasco. A diferencia de lo que sucede en Madrid, en Euskadi el debate no ha sido crispado ni insultante. Incluso cuando a Bildu se le ha recordado su pasado terrorista, ha sido en tono moderado, solicitando a su candidato que admitiera que ETA era una organización terrorista.

La normalidad de la vida política vasca es criticada por el PP como el “blanqueo de Bildu”

La normalidad de la vida política vasca es criticada por el PP como el “blanqueo de Bildu”. El Pacto de Ajuria Enea (1988) fue firmado por todos los partidos, incluido el PP. La esencia de ese pacto consistía en aislar a Batasuna como forma de presionar para que ETA abandonara las armas y pusiera fin al terrorismo. En el bien entendido que el abandono de las armas implicaría la normalización de Batasuna (o, como se dice ahora, su blanqueo), a quien se invitaba expresamente a defender sus ideas por las vías pacíficas y democráticas previstas en la legislación vigente. De donde se deduce que la normalización de la izquierda abertzale tras el fin del terrorismo estaba previsto desde 1988 y tenía el acuerdo del PP de entonces. Finalmente, en 2011 ETA dejó las armas y en 2018 se disolvió sin alcanzar ninguno de sus objetivos.  Quiero subrayar esto último.

El fracaso del terrorismo es tan palmario como apabullante. Quien sostenga que ETA ha ganado la batalla debería indicar uno solo de los puntos reivindicativos que haya sido alcanzado, por no hablar del objetivo supremo: crear una república vasca independiente.  ETA no fue una mera “banda terrorista”, como si fueran el “clan de los castaña” en vasco. Conviene recordar que, elección tras elección, el terrorismo etarra, concurrió a las urnas bajo distintas siglas y obteniendo entre un 15% y 18% de los votos. Esta cifra de votantes explican los ejercicios de contorsionismo político y de semántica abstrusa que hacen los líderes de Bildu para no admitir que aquello fue puro terrorismo y, consecuentemente, condenarlo con contundencia. Temen que la condena abierta del terrorismo también sea una crítica a sus votantes que, conscientes o no, apoyaron el terrorismo. Sin embargo, la izquierda abertzale tiene pendiente esta condena por razones éticas y morales y, de paso, una autocrítica. Construyeron un partido político financiado por la extorsión; coaccionaron a sus competidores con dianas puestas en sus casa y apoyando la amenaza con tiros en la nuca; amedrentaron a muchos votantes. La inferioridad moral de la izquierda abertzale es obvia: es como una mierda en el zapato que acompañará a Bildu hasta que se renueve su personal dirigente con gente que no militó durante los años de plomo.

Pero ETA es ya historia. Una historia que habría que enseñar en los colegios, por cierto. Aunque si, después de tantos años, aun no hemos sido capaces de enseñar en los colegios lo que fue la dictadura franquista, tengo muchas dudas de que podamos hacerlo con el terrorismo que acabó hace tan poco tiempo. Lo importante de estas elecciones es que el terrorismo no ha estado en el debate de campaña, salvo como un argumento de lucha partidista.

Lejos de las interpretaciones estúpidas de las derechas patrias, lo que se aprecia del resultado vasco es cuanto más lejos de ETA, más votos para Bildu

En estas elecciones la izquierda abertzale ha alcanzado un gran resultado. Pero es una solemne majadería interpretarlo como una victoria de ETA o del terrorismo. Durante la larga noche del terrorismo la izquierda abertzale obtuvo un resultado menguante, lo cual creo que fue una buena razón en favor de abandonar la “lucha armada”. La subida de la izquierda abertzale viene después del abandono de la lucha armada y tras dejar claro que ellos ya no son ETA. Eso es lo que han querido subrayar con la puesta en escena del nuevo candidato de Bildu. Lejos de las interpretaciones estúpidas de las derechas patrias, lo que se aprecia del resultado vasco es cuanto más lejos de ETA, más votos para Bildu.

El ascenso de Bildu en estas elecciones se explica bastante bien por el trasvase de votos de Podemos. Podemos fue primera fuerza política en Euskadi y obtuvo el 29% en las generales de 2016 y el 15% en las autonómicas vascas del mismo año, se ha desplomado hasta un 2,3 % en estas, pasando de 6 escaños a 0. Un desplome solo comparable al de Ciudadanos en Cataluña. Cómo se pasa de ser primeros a extraparlamentarios en ocho años, es algo que los interesados deberían explicar. Pero es bastante claro que el caudal de votantes de Podemos que le han abandonado ha ido, en buena medida a Bildu, cosa que públicamente ha agradecido el candidato. Y eso no es por casualidad, sino por la apuesta que Pablo Iglesias lleva haciendo por las izquierdas soberanistas. En Galicia, Pablo Iglesias recomendó a los suyos votar al BNG. En Euskadi no ha llegado a tanto, pero es evidente que sus prédicas a favor de las izquierdas soberanistas ha tenido mucho que ver con el trasvase de votos hacia Bildu. Pero, sobre todo, han procurado que esos votos no fueran a Sumar por la inquina de Podemos contra Sumar. Parece que para Podemos lo esencial es hacer abortar la formación de Sumar. No lo ha conseguido porque esta formación ha logrado arañar un escaño, lo cual da para eludir la “muerte súbita”, pero mantiene muchas interrogantes sobre el futuro de Sumar.

La situación de la izquierda a la izquierda del PSOE es muy preocupante. Seguramente el principal peligro para la pervivencia de la coalición progresista sea el estado catatónico de esta izquierda. O dicho de otro modo, el gobierno progresista hace aguas por su componente más a la izquierda. Esa es la mala noticia para el gobierno que llega desde Euskadi.

La buena noticia es que el PSE ha mejorado resultados, contrariamente a lo sucedido en Galicia. Es cierto que esta subida no compensa el desastre de la otra izquierda, pero menos da una piedra.

El PP también ha subido un escaño, pero no ha logrado atraer al electorado de Vox, es decir, parece que la extrema derecha va a seguir y no se va a subsumir en la casa común de todas las derechas. No es una buena noticia para el PP.

La resistencia del voto a los partidos tradicionales contrasta con la volatilidad del voto a los nuevos partidos. El PNV resiste porque es un partido en toda regla y con todos sus avíos. Y lo mismo se puede decir del PP o del PSOE. Pero formaciones políticas nuevas como Podemos o Ciudadanos terminan siendo efímeras porque no han sido capaces de construir partidos políticos solidos, sino fantasiosos artefactos electorales cuya fragilidad es palmaria. Sumar aún tiene que definirse: ¿va a ser un partido, construido a pico y pala o va a ser otro más de los artefactos electorales tan brillantes como efímeros. Veremos.

Mucho se ha escrito sobre un cambio de ciclo en Euskadi, sea lo que sea que se entienda por ciclo. Pero hay un detalle a valorar: todos los partidos sin excepción han cambiado de líderes. Los que han estado al frente de los partidos vascos en la etapa anterior han dejado paso a otros nuevos. Es tan general la renovación que hay que concluir que hay algo de cierto en decir que una nueva etapa se abre en Euskadi.

Elecciones vascas: una reflexión