jueves. 29.02.2024
podemos_escenario
Imagen de archivo.

La ruptura de Podemos con Sumar, materializada con el paso al Grupo Mixto de sus diputados, abre un interrogante sobre el futuro de esta formación y de la izquierda en general. Para empezar quiebra el proyecto de “frente amplio” que, a trancas y barrancas, ha construido Yolanda Díaz. Como toda ruptura, puede conducir a un retroceso electoral de esa formación. La forma en que se ha producido la ruptura desacredita a la izquierda y mancha la credibilidad de Podemos. El momento elegido no puede ser más inoportuno: cuando arrecia la ofensiva contra el Gobierno recién constituido, la crisis abierta por la salida de Podemos debilita objetivamente al Gobierno. No creo que eso vaya a ser algo muy apreciado por los electores progresistas. De momento lo que ha producido es la baja de algunos miembros de ese partido.

Sobre las formas

De acuerdo con la definición dada en el Acuerdo sobre el transfuguismo (firmado también por Podemos), los diputados que han salido del grupo parlamentario de Sumar y se han ido al grupo mixto son tránsfugas. Esos diputados fueron elegidos en candidaturas de Sumar y aceptaron formar parte de su Grupo Parlamentario en cumplimiento del acuerdo que formalizó la coalición. Pasarse al grupo mixto es un acto de transfuguismo político con todas las letras. Practicar el transfuguismo remite a las peores prácticas políticas de nuestra democracia y liquida el discurso de Podemos sobre la regeneración democrática que está en la base misma de ese partido.

Importa destacar que la ruptura no se justifica en discrepancias de orden político. Hace poco se redactó el programa de gobierno de la coalición sin que consten discrepancias significativas. En concreto, la queja consiste en no atender la exigencia de incluir en el gobierno a Irene Montero y, en general, la pérdida de visibilidad de Podemos. Podemos ha tenido gran visibilidad cuando era el eje vertebrador de UP. Pero ahora no es más que uno más de la docena larga de partidos que componen el espacio Sumar y eso lógicamente le resta visibilidad. Metafóricamente, Podemos ha pasado de ser el que parte el bacalao a ser uno más en la cola pidiendo cacho. Cuando esto ocurre inevitablemente se pierde protagonismo.

Son los electores los que les han quitado el foco a Podemos y no una conspiración universal

Los líderes de Podemos interpretan la pérdida de foco y protagonismo como el producto de una persecución y lo viven como un agravio. Pero la pérdida de protagonismo es, en primerísimo lugar, consecuencia de la debacle electoral que se aprecia a simple vista en los resultados electorales municipales y autonómicos. Son los electores los que les han quitado el foco a Podemos y no una conspiración universal.

Nadie ha echado del Gobierno a Irene Montero, a pesar de haber hecho muchos méritos para que la cesaran. Lo que no han hecho es volverla a poner. Hacer de la presencia de Irene Montero en el Gobierno la piedra de toque de la “izquierda valiente” y feminista indica que Podemos se ha reducido a un sectarismo superlativo.

Sobre el fondo

No sé cuál será el futuro de Podemos, pero mucho me temo que caminan a paso decidido hacia la marginalidad política. Y es una pena porque Podemos con Pablo Iglesias al frente ha hecho dos aportaciones a la política española que es justo reconocer.

La primera fue echar al Gobierno de Rajoy. El gran dinamizador de la moción de censura fue Pablo Iglesias. Fue él quien gestionó muchos de los votos necesarios y el que, a la postre, abrió a Sánchez la puerta de la Moncloa.

La segunda, haber promovido el primer gobierno de unidad de la izquierda en el ámbito nacional. Fueron públicas y notorias las reticencias de Pedro Sánchez a esta fórmula de gobierno. Tantas reticencias, que optó por ir a una repetición electoral pidiendo el voto para no tener que apurar el cáliz de la coalición.

Ironías de la historia, el Gobierno de coalición, el que solo Pablo Iglesias quería, ha sido todo un éxito

Ironías de la historia, el Gobierno de coalición, el que solo Pablo Iglesias quería, ha sido todo un éxito. Esta afirmación se soporta en los datos sobre el desempeño de la economía española y en los acuerdos sociales, entre otros. El manejo de la pandemia y de la crisis de la guerra de Ucrania, también avalan lo dicho. En el marco de la coalición progresista, la aportación de UP no ha pasado desapercibida. Para bien en materia laboral y para mal en las cuestiones feministas. Pero siempre han sido visibles. ¿Por qué, entonces, el desplome de Podemos? Esta es la cuestión que deberían contestar los líderes de Podemos en lugar de buscar conspiraciones. 

La decisión de Pablo Iglesias de abandonar el Gobierno y la dirección de Podemos indica que ya 2021 se veía venir el desastre que se materializó en 2023. Pablo Iglesias se fue y colocó a Yolanda Díaz en su lugar (un dedazo en toda regla). Fue una maniobra a la desesperada y un revulsivo para sortear la debacle. Las elecciones autonómicas de Madrid demostraron con claridad que ni Pablo Iglesias podía volver a ser el líder sobre el que se agrupara la izquierda a la izquierda del PSOE, ni Podemos podría ser el eje vertebrador de esa izquierda. Para superar la debacle que se avecinaba, Yolanda Díaz no podía limitarse a ser la candidata de un Podemos en caída libre. Tenía que alumbrar un proyecto nuevo. Y ahí empezaron las discrepancias.

El cambio de Iglesias por Yolanda fue algo más que un simple cambio de liderazgo: ha resultado ser un cambio de discurso político

El cambio de Iglesias por Yolanda fue algo más que un simple cambio de liderazgo: ha resultado ser un cambio de discurso político. Escuchando a Yolanda hablar de Marcelino Camacho y de Nicolás Redondo como referentes se puede apreciar el cambio de discurso porque Podemos ha sido claramente hostil a los sindicatos. Con los resultados electorales en la mano, hay que decir que Yolanda ha salvado los muebles, porque, aún bajando, ha logrado un resultado suficiente para repetir la coalición de gobierno progresista. Pero, atención, esta es otra coalición distinta a la que tuvimos en la pasada legislatura.

Sumar es hoy un proyecto en construcción, que tiene pendiente la configuración orgánica y, sobre todo, el programa. Nada menos.  Sumar no puede permitirse el lujo de ser simplemente la plataforma electoral de Yolanda Díaz. No sabemos que es lo que Sumar quiere ser. Lo único seguro es que en la definición de ese proyecto no estará Podemos.

En las elecciones de 1982, la UCD pasó de ser el partido del gobierno a la irrelevancia. Algo parecido le ha pasado a Podemos que en 2023 ha pasado de ser uno de los partidos en el gobierno a la irrelevancia. Para rematar la jugada parece que ahora quiere formar un frente de partidos soberanistas con Bildu y ERC. Siempre he pensado que uno de los defectos de fábrica de Podemos es haber abrazado, con frivolidad manifiesta, la causa de la soberanía de regiones y nacionalidades. Algo así como un cantonalismo decimonónico. Terminar su andadura siendo un partido auxiliar de un nacionalismo identitario no resulta un final feliz para un partido que no hace mucho estuvo a punto de convertirse en el más importante de la izquierda. Paradojas de la política, Podemos es el principal “culpable” de que el PSOE gobierne de nuevo en España. Es como si el destino de Podemos fuera devolver el poder al PSOE y una vez conseguido esto su existencia careciera de sentido. Veremos.

Podemos: desde el gobierno a la irrelevancia