lunes. 15.04.2024
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Mario Regidor |

Creo que no somos del todo conscientes, y me dirijo especialmente a casi el tercio de personas con derecho al voto que permanece indeciso a día de hoy y que incluso se plantean no votar, de la magnitud de la decisión que debemos tomar expresada en nuestro sacrosanto derecho al voto.

No me gusta hablar de tendencias inefables, pero sí es cierto que en Europa, desde hace tiempo, venimos observando una variación de la balanza ideológica hacia la derecha, que está situando a Giorgia Meloni, de Frattelli de Italia como jefa de gobierno en Italia, al ultraderechista AFD segundo en los últimos sondeos electorales en Alemania, a Le Pen, consolidando su segundo puesto en Francia, después de dos elecciones presidenciales consecutivas en donde ha pasado a segunda vuelta sin excesivos problemas. Nótese que estamos hablando de países importantes dentro de la Unión Europea y España parece seguir esa senda donde la ultraderecha consigue poder de gobierno en cada vez mayor número de naciones.

Es cierto que el caso español tiene sus peculiaridades. Para empezar, nuestro sistema electoral es de carácter proporcional, pero con un sesgo evidentemente mayoritario debido a la escasa magnitud de los distritos (en esencia, el número de diputados que se elige por cada provincia). Tiempo habrá para criticar la anticuada Ley Orgánica de Régimen Electoral (LOREG) que prohíbe la publicación de encuestas 5 días antes de las elecciones, privando a la ciudadanía del conocimiento que no se le niega a las empresas, periodistas, o partidos políticos y obligando a navegar “a ciegas” los últimos y tradicionalmente movidos últimos días de campaña. También podríamos hablar del por qué la provincia sigue siendo el distrito electoral que usamos en unas elecciones generales cuando, políticamente, no tiene sentido. Quizás, sería más consecuente con nuestra España de las Autonomías el optar por una circunscripción con una magnitud más alta y, por ende, más proporcional, con lo que el territorio dejaría de tener tanta importancia para concentrarse en la población. Por ejemplo, la región...

A pesar de lo anterior, y de que el sistema electoral suele favorecer al PP por estar mejor implementado en la España Rural, aún queda partido. Para eso, es vital tener una mayoría de izquierdas, contando con los partidos nacionalistas. En este sentido, nos puede ayudar mucho el hecho de que Vox, disputándose la tercera posición con Sumar, lleva desde el inicio oficial de la campaña e incluso antes, en bajada constante, una decadencia progresiva que, lamentablemente, parece estar recogiendo el PP, sin que haya un trasvase inter bloques que podría ayudar a la izquierda a arañar algún escaño.

En circunstancias normales, la medalla de bronce en unas elecciones, especialmente, si hablamos de partidos que concurren en todas o la inmensa mayoría de provincias, sería decisiva, pero me atrevería a predecir que, en el caso que nos ocupa, no será así. La izquierda tendrá posibilidades de ganar en función de la implantación que puedan tener en sus comunidades autónomas los partidos nacionalistas, especialmente en Cataluña y Euskadi y, parece ser que el número de escaños de estos partidos, va a menguar en beneficio, seguramente, del bipartidismo. Aunque, es evidente, que venderán caro la reedición de su apoyo a la investidura de un presidente de gobierno de izquierdas, sin olvidar que el PNV no descarta apoyar al PP, siempre que Vox se mantenga al margen.

Por todo lo anterior, cada voto es importante, y aunque la media de las encuestas no favorece las opciones de izquierda, sí es cierto que el gran número de indecisos a estas alturas de la contienda, convierte a la manida frase de “cada voto cuenta” en una verdad innegable y que no admite vuelta atrás, si finalmente el escrutinio permite que la suma de los votos de PP y Vox lleguen a 176 diputados.

Debemos pensar muy bien hacia donde decantar la balanza, ya que, usando otro refrán, “construir es mucho más difícil que destruir”, el hecho de situar un ejecutivo de extrema derecha en España aunque no tenga la jefatura de gobierno como en Italia, nos sitúa medio siglo atrás en nuestra historia política, económica y social y recuperarnos como sociedad y como país, puede llevarnos lustros.

Por eso, a tod@s l@s que todavía no han votado por correo, a tod@s l@s que dudan, a tod@s l@s que creen en su país, a tod@s l@s que se plantean si ir a votar o no, a tod@s l@s que quieren que su país progrese, a aquell@s que piensan en un futuro mejor para sus hij@s y, en general, a tod@s l@s hombres y mujeres de buena voluntad, voten a la izquierda, no se queden en casa. Háganlo por el futuro y por el presente y, sobre todo, háganlo por tod@s aquell@s que dependen de ustedes. ¡VOTA!

Esta semana nos jugamos nuestro futuro