jueves. 18.04.2024
elecciones

Conteníamos la respiración. Después de la ola reaccionaria que ganó las elecciones autonómicas y municipales de finales de mayo, el derrotismo de unos y la euforia de los otros por los resultados obtenidos, presagiaban un asalto a los cuarteles de las instituciones democráticas del país por quienes creen que sólo ellos están llamados a ocuparlas. Las fuerzas progresistas se preguntaban cómo era posible que se les castigase en las urnas después de haber subido el Salario Mínimo Interprofesional a 1080 euros mensuales, es decir, de haberse incrementado un 47% en los últimos cinco años de gobierno de coalición; de que el número de parados se hubiera rebajado en ese periodo en más de medio millón de personas; de que la contratación indefinida pasara del 10 al 44 por ciento; de que la revalorización de las pensiones se incrementase un 8% y la garantía de que en el futuro se ajustaría, como mínimo, al IPC; de haber sorteado con cierta dignidad la pandemia con la puesta en marcha de los ERTE (Expediente de Regulación Temporal de Empleo) que salvó a los trabajadores del despido y a las empresas y autónomos de la quiebra; de las consecuencias del incremento de los precios por la guerra de Ucrania, con una ¨excepción ibérica¨ que, junto con Portugal, redujo los gastos en energía considerablemente en ambos países; de que la legislación en materia de derechos sociales se ampliase hasta cotas nunca antes vistas, con mayor protección jurídica  para las mujeres, los colectivos trans o LGTBI; de que en el terreno independentista o nacionalista los cauces democráticos se abrieran por caminos de dialogo y no de enfrentamiento… Nos mirábamos el ombligo y no entendíamos nada.

Y en esa desolación de unos y entusiasmo de otros, cuando nadie lo esperaba, el presidente Sánchez da un puñetazo sobre la mesa y convoca elecciones generales anticipadas. Alucinante. Después, una campaña fea, donde la derecha se aferra al trumpismo de manera grosera, con mentiras y medias verdades que avergüenzan  la inteligencia y el decoro, extendiendo bulos y poniendo en duda los instrumentos o instituciones del estado, como la Sociedad Estatal de Correos y Telégrafos (donde se emiten y registran los votos por correo); resucitando el fantasma de la ETA y sus asesinatos después de más de diez años de la desaparición de la banda terrorista; asumiendo y dando pábulo a las consignas de grupos cuasi paramilitares como DESOKUPA, que se mueven en el filo de la ilegalidad con métodos fascistas en la 'desocupación' de viviendas ocupadas, al margen de los tribunales y de las fuerzas de seguridad del estado, un fenómeno, el de la ocupación, en el que sólo se denunciaron un 0,06 por ciento de casos en 2022 (es decir, lo que no es un problema sustantivo ni generalizado y que en el mayoría de los casos se resuelve por la vía del Desahucio Exprés, los más graves, o por la desocupación inmediata, pues la calificación jurídica no llega a ocupación sino a allanamiento de morada, lo que simplifica muchísimo los procedimientos del desalojo). Con todo, el 23 de julio, algunos conteníamos la respiración.

La derecha, el Partido Popular, ha ganado las elecciones, sin embargo, ha perdido porque es casi imposible que pueda formar gobierno, porque ninguna fuerza democrática quiere pactar con sus únicos aliados: la extrema derecha neofranquista. Hay que recordar que el sistema constitucional español no es presidencialista sino parlamentario; de manera que los electores eligen a sus representantes al Congreso de los Diputados, y que éstos, a su vez, al presidente del gobierno. El PSOE no sólo se ha mantenido, sino que ha incrementado el número de votos y obtenido dos diputados más que en la anterior legislatura; y que la otra fuerza del gobierno de coalición, Sumar, ha salvado los muebles y se mantiene con 31 escaños, a pesar de una pérdida considerable de representantes, pero que vaticinan un nuevo o posible acuerdo de gobierno. Aunque la negociación será difícil con el resto de los grupos parlamentarios de derecha y de izquierda nacionalista, casi nadie quiere retroceder en derechos y contaminarse con la barbarie sectaria, populista y retrógrada de la extrema derecha; así que, este servidor, confía en que las fuerzas democráticas tenga la suficiente altura de miras como para no condenarnos a la regresión cultural, social y política, y saquen adelante un gobierno de coalición con un programa de investidura de mayoría parlamentaria que permita mantener y avanzar en los derechos habidos y por venir.

En momentos así uno piensa en lo frágil que es la libertad y lo fácil que puede ser perder derechos

Conteníamos la respiración, pero, de momento, respiramos, que no es poco. Sin embargo, en momentos así uno piensa en lo frágil que es la libertad y lo fácil que puede ser perder derechos. Siempre tengo presente que Hitler alcanzó el poder en Alemania en las elecciones de 1933, que fueron las últimas de la República de Weimar. Lo demás ya lo sabemos. Tal vez hoy no nos amenace del mismo modo la fuerza bruta indiscriminada, quizá porque los organismos internacionales (especialmente la Unión Europea) tienen suficiente fuerza económica y política como para garantizar que sus instituciones democráticas resistan los ímpetus arbitrarios de los neofascismos; pero no hay que dejar que el lobo despierte, porque el primer zarpazo, si despierta y puede, irá contra los emigrantes y contra los niños no acompañados que ellos llaman MENAS, deshumanizándolos con el acrónimo; el segundo irá, como ya hacen de hecho allí donde pueden legislar, contra las leyes que protegen a las mujeres o la identidad sexual y, una vez instalados en la bacanal de la ignorancia y el negacionismo, prepárense ustedes para asistir a la quema de libros o la prohibición de representaciones de teatro, lo que ya es una realidad en algunos territorios de España con gobiernos autonómicos o municipales del PP con VOX.

A veces uno olvida que respirar es maravilloso, pero que hay tipos a los que les gustar jugar a las ahogadillas; y, por si acaso, hay que decirles que ese juego no tiene ninguna gracia. Esto es lo que ha pasado en las últimas elecciones generales en España, que la gente ha decidido, por los pelos, que la vida con derechos es más amable y más culta y más humana y más divertida y más interesante; y que, además, da mucho gustirrinín.

José Luis Romero Lora | Abogado y licenciado en Historia del Arte

Conteníamos la respiración