domingo. 21.04.2024

Reequilibrios en la izquierda transformadora

Sumar tiene una ardua tarea por delante, externa e interna: promover y cogestionar una nueva etapa de progreso y consolidar las condiciones orgánicas y su institucionalidad democrática para articular una mayor acción política.
yolanda diaz

Tiene especial interés la controvertida valoración sobre el voto a Sumar y su comparación respecto de las expectativas electorales de hace unos meses, cuando se relanzó esta plataforma política, o con el resultado inmediato del 28M. Afecta a la legitimidad de la reorientación política y su liderazgo así como al sentido de toda la operación unitaria, por lo que es muy sensible, en estos comienzos constitutivos de la nueva coalición electoral.

Pero, al mismo tiempo, junto con la evaluación de la acción política y el esfuerzo colectivo integrador, ambos globalmente positivos, es necesario valorar de forma realista y constructiva las insuficiencias y los límites experimentados para reforzar su andadura unitaria, democrática y transformadora. Por tanto, tiene impacto en la conformación de la estrategia global a seguir y la articulación de su plural representación institucional, objeto de debate y decisión colectiva en las próximas semanas.

Un balance positivo. Expectativas y realidades

Veamos algunos elementos en que se basaban las mayores expectativas iniciales. Según 40dB, en diciembre de 2022, con la primera gran encuesta y la oferta de Sumar -con la unidad con Podemos-, superaban los 50 escaños, con un claro ensanchamiento electoral que llegaba al 18,7% y unos 4,5 millones de votos. Era la base de legitimidad del nuevo liderazgo de Yolanda Díaz y del esfuerzo unitario del conjunto de ese espacio del cambio de progreso. En enero, bajo la sigla de Unidas Podemos (y sus confluencias) el CIS les daba el 11,2% más 1,5% de MP/Compromís, o sea, un total de 12,7%, algo superior al 12,3% conseguido ahora. Incluso algunas encuestas constataban cierto desánimo en votantes de Podemos, pero no una desafección de voto. Y en junio el CIS, aun con un alto porcentaje de indecisos, les daba un 14,3%, e igualmente 40dB, les daba en torno a 40 escaños.

La diferencia más significativa es con los resultados de las elecciones de noviembre de 2019 en que Unidas Podemos (13%) junto con Más País/Compromís (2,3%), sumaron el 15,3%, con 3,7 millones de votos, es decir, con una reducción de 0,7 millones de votos conseguidos por el conjunto de grupos políticos integrados en la coalición. O sea, tanto bajo la sigla de Sumar (unida) como de Unidas Podemos (y sus convergencias), durante el último periodo, ofrecían datos superiores a los conseguidos ahora.

La otra comparación más cercana, expuesta en el diario Público, es con los datos de las elecciones autonómicas del 28M, con la adicción de las autonomías con elecciones precedentes. Esos datos son más asimilables que los de las municipales, más parciales tanto por su menor extensión participativa al no llegar a muchos municipios pequeños -indicio de cierta debilidad territorial-, cuanto por la mayor incidencia de la problemática y los liderazgos locales, incluso con siglas diversas. Así, salvo, precisamente, en Madrid y País Valenciano que tuvieron unos resultados extraordinarios el 28M, de la mano de Más Madrid y Compromís, y el 23J han disminuido, en el resto de territorios la coalición Sumar revirtió el descenso acontecido por las candidaturas de Podemos-IU-Alianza Verde y sus confluencias, juntos o separados, y ha obtenido mejores resultados.

De todo ello se deduce una doble conclusión sobre lo aportado por el Movimiento Sumar, como nuevo grupo político específico, promovido por Yolanda Díaz y con un papel prevalente, junto con los otros quince grupos políticos que conforman la coalición Sumar y cuyos electorados precedentes han convergido en la nueva coalición. Ese conjunto de fuerzas políticas, diversas, de carácter estatal, unas, y territorial, otras, y ahora unidas, han configurado, desde hace más de una década, el llamado espacio sociopolítico y electoral del cambio de progreso o de izquierda transformadora, diferenciado de la socialdemocracia, con un perfil reformador sustantivo, sociolaboral, feminista, ecologista y plurinacional.

La nueva coalición electoral ha permitido frenar el deterioro de los apoyos electorales de ese conglomerado fragmentado, puesto en grave evidencia el 28M

Así, por un lado, la nueva coalición electoral ha permitido frenar el deterioro de los apoyos electorales de ese conglomerado fragmentado, puesto en grave evidencia el 28M. Por otro lado, tras dos años de lenta maduración y refuerzo del liderazgo de Yolanda Díaz, con la recomposición de su dirigencia y la reorientación de su estrategia y su discurso, no ha ampliado ese electorado alternativo de hasta seis millones de personas, que había experimentado un fuerte retroceso en el periodo 2016/2019, hasta los 3,7 millones, aunque persistente todavía en 2019 y hasta ahora.

En especial, el gran ensanchamiento electoral desde ese punto de partida se preveía del rescate de sectores desplazados hacia el PSOE y la abstención, con unos dos millones perdidos por el espacio del cambio en la etapa precedente a 2019. Es el sector intermedio y compatible con la izquierda transformadora que, en esta ocasión, aun con posiciones críticas y de izquierdas, se ha mantenido en el apoyo socialista, aumentado por ese medio de millón perdido en traslación hacia el Partido Socialista. Por tanto, la motivación del proyecto propio no haya sido suficiente para contrarrestar la atracción de la operatividad del voto útil, en estas circunstancias dramáticas de polarización, hacia el partido dirigente del bloque progresista.

En conclusión, la experiencia de la coalición Sumar ha sido positiva. Como decía antes, principalmente, por su contribución a la reactivación del conjunto del electorado progresista que ha permitido ganar a las derechas y asegurar una nueva etapa del gobierno de coalición, con el refuerzo de las políticas de progreso. También por la capacidad unitaria de toda la izquierda transformadora que favorece una mayor operatividad reformadora en beneficio de la mayoría social. Son los dos aspectos que auguran la continuidad de Sumar, con el beneficio para las capas populares y el país y, por tanto, para la legitimidad de su representación política y el liderazgo de Yolanda Díaz.

Insuficiencias por superar

No obstante, se han manifestado dos insuficiencias. Una: no se ha ensanchado el electorado transformador, que era el principal argumento legitimador para la recomposición de la dirigencia del espacio y su reorientación política. Dos: no se ha mejorado la relación de fuerzas representativas respecto del PSOE, como elemento de condicionamiento reformador sustantivo; así, en términos parlamentarios se pasa de un porcentaje del 22% al 20% de escaños de las fuerzas gubernamentales, aunque en legitimidad electoral de votos se pasa de un peso del 35% (de 8,77 millones), en 2019, al 28% (de 10,8 millones), en 2023.

Es decir, se incrementa la subalternidad de Sumar respecto del partido hegemónico que es el socialista, con las correspondientes dificultades para condicionar en el plano institucional las, a veces, excesivas políticas timoratas o posiciones controvertidas del propio Partido Socialista, o bien para empujar hacia mayor determinación reformadora, en particular en campos sensibles y sustanciales como la política social y laboral, feminista, democratizadora y territorial, aparte de aportar una perspectiva progresista en los grandes proyectos modernizadores, económico-productivos y medioambientales, fiscales y distributivos o de relaciones internacionales. Supone el refuerzo prolongado del espacio a largo plazo con el desarrollo de la autonomía propia del proyecto y su arraigo social y territorial.

Recambio dirigente

Por otra parte, respecto del grupo confederal de Unidas Podemos, En Comú Podem y Galicia en Común, junto con Más País/Compromís, se ha producido una relevante modificación de la composición del grupo parlamentario, la dirigencia y el liderazgo de la coalición y las prioridades y talantes de la estrategia política. Doy por supuesto, la convencional opinión del consenso programático en torno al 90% de las propuestas políticas y la gestión institucional. La cuestión es que el 10% restante, a veces tiene una gran trascendencia política y mediática, y hay que regular los procedimientos decisorios y la autonomía de cada parte con el respeto y la articulación de la pluralidad existente.

La coalición Sumar está compuesta por 15 grupos políticos más el Movimiento Sumar, como movimiento ciudadano y plataforma política de referencia para el conjunto bajo el liderazgo de Yolanda Díaz que debe combinar sus dos funciones: líder del Movimiento Sumar y portavoz y coordinadora de la coalición Sumar. Se trata de un conglomerado de tipo confederal y, expresamente, como plataforma electoral y grupo parlamentario estatal. Habrá que ver su articulación orgánica, la distribución de las responsabilidades institucionales entre los distintos grupos políticos, su traslación a los territorios y su cohesión política.

Con los datos disponibles hago la comparación de tres tipos de datos: la composición del grupo parlamentario nacido en 2019; el acuerdo suscrito sobre los recursos económicos y de representación en las comisiones parlamentarias, y los resultados en escaños de estas elecciones generales del 23J. Todo ello lo expongo en porcentaje para facilitar su comparación. Queda pendiente la distribución del resto de las responsabilidades institucionales y ministeriales y la definición del acuerdo gubernamental, a negociar con el Partido Socialista.

Representación parlamentaria y recursos de la coalición Sumar (%)

cuadro elecciones

Fuente: Datos oficiales con elaboración propia. * Además, en 2019, había un escaño de Alianza Verde y uno de Más Madrid que era de Equo. Ambos no están en 2023. Las personas de las confluencias catalana y gallega de I.U. y Podemos se han sumado con sus partidos iniciales. En el acuerdo del Turia están las organizaciones territoriales: Más Madrid/Más País (1+1), que solo tiene representatividad en Madrid, Compromís (2), Mes Illes (1) y Chunta aragonesista (1); añado en sus recursos al 1% de Equo, sin representación parlamentaria. El resto de siete grupos políticos sin representación parlamentaria se reparten el 1,5% de recursos financieros.

En una rápida mirada se observa que las dos partes más beneficiadas son, por un lado, el Movimiento Sumar, que no tenía ninguna representatividad en 2019 ni el 28M al no haberse presentado, pero que para su primacía dirigente se ha considerado otro criterio adicional: el liderazgo de la propia Yolanda Díaz y todo su proceso de ‘escucha’, con la constitución de su grupo político específico, y que tiene la prevalencia consentida de ser el grupo mayoritario y determinante. Finalmente se queda con el 32% del grupo parlamentario, por encima del 25% de los recursos acordados. Y, por otro lado, tiene ventaja la convergencia de grupos territoriales del llamado Acuerdo del Turia, que han pasado de tres a seis escaños, multiplicando por 2,5 su representación parlamentaria respecto del conjunto. En una posición intermedia están Izquierda Unida y Catalunya en Comú, que mantienen la misma cantidad de escaños (5 cada uno), suben un poco su proporción respecto del conjunto al reducirse este, mientras se compensa algo en recursos a IU por su extensión territorial.

Al contrario, el grupo con mayor desventaja y reducción de su representación es Podemos, que queda en la cuarta parte de la anterior, y con estos resultados definitivos de cinco escaños lo asimilan al resto de otras organizaciones (IU, Cat. en Común y Acuerdo del Turia), cuando incluso en el acuerdo unitario se aceptaba una representación y recursos superiores, del 23%. Es una fuente que explica el malestar en Podemos y su sentimiento de injusticia distributiva y de reconocimiento. Es una dinámica para superar, frente a las voces, no solo de las derechas sino también en el campo progresista que desean una completa marginación de Podemos, basada en su firme exigencia transformadora y su supuesto radicalismo discursivo, pero incompatible con una actitud integradora con todas las fuerzas del cambio de progreso y la formación de un frente amplio, plural y con lealtad al proyecto común.

Articulación democrática de la pluralidad interna

Dos observaciones se pueden aportar en un asunto escabroso como este, a veces lejano de las preocupaciones ciudadanas, con muchos intereses corporativos y personales y que, como instrumentos mediadores imprescindibles, deben regularse en los grupos políticos con procedimientos democráticos y reglas transparentes y consensuadas. Se trata de fortalecer la institucionalidad de la gestión política y su función hacia el bien común y sus personas representadas.

Un comentario es sobre la legitimidad de las representaciones o élites políticas e institucionales de acuerdo con su representatividad y con una evaluación democrática y colectiva. Otro, es sobre la necesaria cultura democrático-pluralista, con un auténtico código ético y de transparencia relacional, que conlleva una actitud unitaria e integradora, la tolerancia por la diversidad y el respeto por las minorías, frente a los talantes burocráticos, prepotentes y sectarios.

Tienen máxima importancia en una coalición compleja, con grandes desafíos inmediatos y a largo plazo, con la misión de impulsar una democracia participativa y una activación cívica y colaborativa con los movimientos y grupos sociales y culturales, y que debe aspirar a una mayor cohesión interna e influencia política y sociocultural.

El Movimiento Sumar ya ha anunciado su formalización orgánica para septiembre. Falta definir y consolidar la articulación del conjunto de la coalición

El Movimiento Sumar ya ha anunciado su formalización orgánica para septiembre. Falta definir y consolidar la articulación del conjunto de la coalición Sumar, con un consenso amplio sobre el liderazgo de Yolanda Díaz y un acuerdo mínimo forzado por las circunstancias, suficientes para echar a andar.

Pero, de forma más sosegada y cooperativa, debe ganar en legitimidad democrática respecto de sus órganos coordinadores, de tipo confederal en el plano territorial y de sensibilidades políticas, y con procesos deliberativos y decisorios compartidos. Se trata de la correspondiente aceptación de los equilibrios representativos de las distintas formaciones políticas, tachados como injustos por alguna de las partes, y cuya baremación común se ha demostrado difícil. En ausencia de un proceso constituyente a gran escala, supone articular los mecanismos negociadores y transparentes para garantizar el avance unitario de la gestión político-institucional de la pluralidad existente en este espacio transformador.

En definitiva, la base del éxito de la coalición Sumar es su contribución al freno de las derechas y su involución autoritaria y regresiva, así como la dimensión transformadora que, en continuidad y mejora de su acción reformadora precedente, debe incorporar a la acción del Ejecutivo y las instituciones políticas, con el correspondiente arraigo cívico y democrático.

Junto con esa aportación política, el cambio más relevante ha sido la modificación, en este largo proceso transitorio de más de dos años, de la primacía dirigente de Podemos, por el nuevo equipo dirigente del Movimiento Sumar, comandado por Yolanda Díaz. Ambos tienen sus particularidades políticas, orgánicas y discursivas, más transformadoras y confrontativas en el primer caso y más dialogadoras y amables en el segundo, pero con un amplio campo compartido que se debería cuidar y fortalecer para ser útiles en beneficio de la gente popular y el proyecto igualitario y emancipador del país.  

Además, la legitimidad de la nueva estructura representativa y coordinativa y, en especial, el liderazgo de Yolanda Díaz, se verán reforzados en la medida de su esfuerzo unitario y siempre que se mantenga su carácter integrador, representativo y de respeto al pluralismo. Sumar tiene una ardua tarea por delante, externa e interna: promover y cogestionar una nueva etapa de progreso y consolidar las condiciones orgánicas y su institucionalidad democrática para articular una mayor acción política, implicación participativa e influencia social transformadoras.

Reequilibrios en la izquierda transformadora