domingo. 21.04.2024
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Los pactos que comienzan a materializarse en gobiernos de coalición entre el PP y Vox en distintas autonomías, anticipan la supeditación que en pocas semanas podría poner a Alberto Núñez Feijóo al servicio de las exigencias de Santiago Abascal, líder ultraconservador que no dará su voto a los populares a cambio de nada. 

El PP navega por aguas difíciles de timonear, y se inmiscuye en turbulentas contradicciones cada vez que se opone a los dislates de Vox para, acto seguido, aceptarlos a cambio de poder gobernar. Un ejemplo reciente ha sido la bochornosa marcha atrás que la candidata del PP Extremadura, María Guardiola, ha tenido que dar como consecuencia de las reprimendas —y puede que también amenazas— de su partido al forzarla a no dimitir como dijo que haría si se veía en la tesitura de gobernar con Vox.

Tras las elecciones locales y autonómicas, el acuerdo al que han llegado el PP y Vox en la Comunidad Valenciana («Feijóo me ha felicitado por el acuerdo» dijo Carlos Mazón) ha sido la traca inicial de la gran mascletá que tal vez se dispare la noche del 23-J cuando se sepa quién gobernará España durante los próximos cuatro años. En el supuesto de que esta responsabilidad recayera sobre un PP supeditado a las exigencias de Vox, la colorista, moderna y progresista España que se ha ido construyendo tras la transición de la dictadura a la democracia, podría experimentar el viraje a un blanco y negro con tonalidades de No-Do. 

El PP navega por aguas difíciles de timonear, y se inmiscuye en turbulentas contradicciones cada vez que se opone a los dislates de Vox

Un PP supeditado a las exigencias de la ultraderecha sería la antesala de un cúmulo de derogaciones así como de trabas a cualquier normativa que no esté en sintonía con el nacionalcatolicismo y con las buenas costumbres que identifican a los españoles de bien. Los principales objetivos de la limpieza que la extrema derecha quiere llevar a término son la eutanasia, el aborto, los derechos del colectivo LGTBI, las reivindicaciones conseguidas por el feminismo, la educación sexual en las escuelas, los derechos reproductivos, la ley de memoria histórica, la ley trans, el derecho a utilizar las lenguas cooficiales españolas, y muchos más los logros que han situado a España en un lugar de honor en el reconocimiento de la igualdad y los derechos de toda la ciudadanía, y en especial los colectivos más penalizados por la represión sufrida en un pasado no tan remoto.

A poco más de dos semanas para acudir a las urnas, la disyuntiva a la que se enfrenta el electorado no es algo tan sencillo como elegir entre Sánchez o Feijóo, sino aceptar con qué socios tendrá que gobernar cada uno de ellos si ninguno de los dos alcanza, como es previsible, la mayoría absoluta 

De entrada, a punto de concluir la actual legislatura ya conocemos cómo ha gobernado el PSOE en coalición con Podemos, una alianza que la derecha demonizó desde el minuto cero tildándola de gobierno socialcomunista. Cuatro años después, la ciudadanía ha comprobado como Pedro Sánchez ha gestionado algo tan difícil como afrontar una terrible pandemia prácticamente desde el inicio de su mandato, así como lidiar con un conflicto bélico con entidad de guerra mundial cuyas consecuencias venimos sufriendo desde febrero del pasado año tras la invasión rusa de Ucrania. La gestión del gabinete de Sánchez durante este cuatrienio, deja constancia de que a pesar de los más agoreros pronósticos de la derecha, el primer gobierno de coalición de nuestra reciente democracia no ha convertido España en una dictadura comunista, tampoco ha supuesto el final del capitalismo a expensas de una revolución de las clases obreras lanzándose a la calles para acabar con las grandes fortunas. Mas bien al contrario, y a pesar de las zancadillas que la oposición le ha puesto al gobierno ante cada problema surgido en tiempos de pandemia, el ejecutivo presidido por Pedro Sánchez ha conseguido importantes logros sociales como unos presupuestos generales históricos, la primera ley de vivienda de la historia de la democracia, la ley de familia de 2023, la subida del salario mínimo interprofesional, la dignificación de las pensiones incrementándolas en consonancia con el IPC, la ley de febrero de 2023 para la igualdad real y efectiva de las personas trans y para la garantía de los derechos de las personas LGTBI, y así un largo etcétera que ha reconocido en sus derechos a unos colectivos que la ultraderecha tradicionalmente ha penalizado con su marginación y desprecio. 

La colorista y progresista España que se ha ido construyendo tras la transición de la dictadura a la democracia, podría experimentar el viraje al No-Do

Pues bien, así como el elector que acudirá a las urnas el próximo domingo 23 de julio ya tiene una información veraz de lo que ha sido la gestión del gobierno presidido por Pedro Sánchez, no conoce sin embargo quien es Alberto Núñez Feijóo más allá de su gestión como presidente de la Xunta de Galicia. 

Feijóo es un político del que sabemos muy poco y que, al contrario de lo que sucede con Pedro Sánchez, es un perfecto desconocido internacional. Los pocos datos que han ido aflorando acerca de su personalidad apuntan a un político de talante insustancial con una hoja de ruta no bien definida, un personaje proclive a la inestabilidad que cambia de opinión fácilmente y se confunde con demasiada frecuencia en sus intervenciones. De ser un moderado, Feijoó se ha convertido en un blanqueador de la ultraderecha. Hace sólo unos días, su beneplácito al acuerdo del PP valenciano con Vox ha supuesto el pistoletazo de salida de una carrera de pactos que no augura nada bueno si se extrapola este patrón autonómico al más amplio que implica el Gobierno de la Nación.

De ser un moderado, Núñez Feijóo se ha convertido en un blanqueador de la ultraderecha

Sabemos pues que Sánchez no ha convertido España en un reducto comunista como hubieran deseado que sucediera quienes lo consideraban un okupa de la Moncloa. Sin embargo, ignoramos hasta donde será capaz Feijóo de ceder en sus negociaciones con la ultraderecha, y hasta qué extremo su sometimiento propiciará un retroceso en la modernidad y las libertades que hoy definen a nuestro país. Sería lamentable entrar una recesión ideológica que favoreciera lo privado por encima de lo público al considerar que ámbitos tan relevantes como la sanidad o la educación fueran sólo un negocio al servicio del proyecto neoliberal que los convierte en aparatos de poder de las élites económicas. 

Para finalizar, y como respuesta a la cuestión planteada en el titular, mi opinión es que Feijóo no ha sufrido ni una sola noche insomnio desde que dio su bendición al pacto con Vox en la Comunitat Valenciana, ni tampoco creo que lo llegue a padecer por mas que se viera forzado a tener a Abascal como vicepresidente. 

¿Dormirá tranquilo Feijóo si gobierna con Abascal?