sábado. 20.07.2024

¿Por qué votas a la derecha, mamón?

La mayoría de las interpretaciones sobre los resultados en las elecciones municipales, autonómicas y generales tienden a encajarse en el cerebro procustiano de cada cual. Son tan dispares que expresan la confusión y la exhibición, cuando no el aturdimiento y el pesar, de la individual ignorancia.

  1. ¿Por qué votas a la derecha, mamón?
  2. ¿Por qué votas a la izquierda, idiota?
  3. El cainismo de la izquierda
  4. La estupidez tiene la culpa
  5. Madrid es de derechas
  6. Gente irresponsable e ilógica
  7. Nadie explica el porqué pasa lo que ha pasado
  8. “¿Tú, también, hijo mío?”
  9. Oligarquía de las bestias
  10. Unos versos de Miguel Hernández

En parte, porque nadie conoce las razones por qué se ganan o se pierden unas elecciones en Madrid o en Coímbra; ni las motivaciones del personal al votar a gente impresentable o gente maravillosa, según sea nuestro punto de vista.  

¿Quién conoce los principios de causalidad que rigen el comportamiento electoral de la sociedad? Desde luego, no pueden ser los programas electorales, porque son rara avis quienes los leen. Ni, tampoco, consecuencia de la reflexión pausada acerca de lo bien o mal que lo ha hecho el Gobierno del momento. Eso lo hacen los politólogos, pero a estos solo los leen los politólogos. Afirmar que la debacle actual del gobierno de coalición se ha debido a que no supo vender bien los logros alcanzados en la legislatura olvida la evidencia de que la derecha hizo menos, y que, incluso así, dedicándose a joder la marrana ,se ha llevado el gato al agua, lo que es patético.

¿Por qué votas a la izquierda, idiota?

En cuanto atribuir al sonsonete de la “inmoral metedura de pata de Bildu” el descenso de votos en España de la izquierda, nadie puede afirmarlo empíricamente. Los motivos para votar son de lo más variopinto y, al final, todos los votos son válidos, porque no se rigen en función de las intenciones que los deciden. Si fuera así, los emitidos por un pederasta o un corrupto tendrían que ser anulados. De hecho, ¿cuántos de los votos que se introducen en las urnas huelen mal? No parece que se haya aprendido mucho de la historia, en la que reyes, cardenales y papas para llegar al poder pasaban antes por el aprendizaje de asesinar a más de uno, fuera padre, hijo o hermano. Curioso. Queremos que los elegidos sean puros y castos como carrizos de agua dulce, pero nada se dice de los electores, como si estos estuvieran libres de haber cometido cualquier tropelía castigada por el Código Penal.

El cainismo de la izquierda

Se ha dicho que el descalabro de la izquierda se debió al principio de causalidad de siempre: su desunión. Pero recurrir a este tópico evidenciaría, primero, una descalificación del pluralismo político, un valor democrático incuestionable -artículo 6º de la Constitución- y, segundo, la destrucción del dogma conductista que considera que si eres de izquierdas debes votar a la izquierda, olvidando añadir “a la izquierda que uno considere pertinente votar”. ¿Por qué calificar esta actitud de cainita y no como un canto, ingenuo, sí, pero, al fin y al cabo, canto al pluralismo? ¿Es el pluralismo el cáncer que mata a la izquierda cada vez que se convocan elecciones generales? Probablemente, y, además, no tiene cura. O, al menos, no se ha inventado. En este sentido, el PSOE debería mirárselo. El hecho de que sea el partido más votado de la izquierda -o del “centro político” que diría García Page-, no significa que siempre tenga razón y el resto deba supeditarse a sus “fagocitadores” planteamientos que terminan por zamparse a las minorías.

La estupidez tiene la culpa

A lo que iba. Sostener que estas elecciones “se han perdido de una manera estúpida” es una estupidez. Aceptar tal interpretación sería la consecuencia de aplicar otro falso principio de causalidad que obviaría la presencia de múltiples variables que inclinan el voto de la ciudadanía y que nadie conoce y que, para colmo, en cada tiempo de elecciones, son distintas, porque la sociedad es ansí, que diría Baroja. Ansí de imprevista. No ha nacido aún el mago que domine esas variables utilizándolas en beneficio propio. Ya se ha visto que el CIS es un pésimo compañero de viaje y lo mejor que podía hacer es callarse. No es que las elecciones sean una lotería, pero se le parecen bastante. A veces no se sabe bien si es el azar, la simpleza intelectual, la venganza o la estupidez más o menos congénita que en determinados momentos paraliza la inteligencia, quienes llevan al votante a depositar su voto. Pero, proceda del fondo del que proceda, es su voto.

Madrid es de derechas

También se ha dicho que Madrid después de las elecciones es de derechas. Una forma grosera de conductismo interpretativo que olvida lo más elemental. Preguntemos. Una sociedad que vota mayoritariamente a las derechas, ¿es una sociedad que se rige por principios ideológicos y sociales, éticos y morales de derechas? Antes de responder, sería necesario saber cómo se rige una sociedad siguiendo esos principios que he enunciado. ¿Alguien, con pedigrí madrileño, conoce cómo es la sociedad de Madrid en términos de ese comportamiento axiológico? ¿Es de izquierdas? ¿Es derechas? Es imposible saberlo y expresarse en tales términos deleznables, de poca consistencia conceptual, no merece la pena hacerlo. Es irrelevante. Máxime cuando hay gente de “izquierdas” que vota a la derecha. Y al revés, que, aunque no lo parezca, también ocurre. Hay gente pa tó.

Gente irresponsable e ilógica

Sorprende que a estas alturas existan analistas que se rasguen el traje del domingo ante los resultados habidos en Madrid, juzgándolos como “un ejercicio de irresponsabilidad política y de una falta de lógica mayúscula por parte de la ciudadanía”, pues, “no solo ha votado a la derecha que ha gobernado contra ella (la ciudanía) durante la pandemia”, sino que “se ha echado en brazos del fascismo”.

Sinceramente. No es para tanto. Además, si tal cosa ha sucedido, habría que preguntarse por qué gran parte de la sociedad madrileña se ha vuelto tan “irresponsable y tan ilógica”. De Madrid y cabría decir de toda España, la cual, de la noche a la mañana se ha convertido en “irresponsable e ilógica”. Demasiada hipérbole para poder digerirla por el embudo del sentido común.

Dejando de lado, la falacia de que el pueblo es sabio cuando me vota e ignorante cuando no, los partidos deberían reflexionar en el modo de ejercer su actividad, es decir, el rol de ser representantes políticos de la ciudadanía, siempre plural y nada uniforme. Ellos dicen que, cuando están en el poder, gobiernan para todos, pero no es verdad. Dicho axioma es un sofisma. Nadie lo hace.

Nadie explica el porqué pasa lo que ha pasado

Pero considerar que la gente vota en función de si el partido en el gobierno se ha esforzado en satisfacer a unos y defraudar a otros, resulta ser otra falacia. Lo prueba el hecho de que algunos al mostrar su inmensa alegría porque Sánchez haya perdido las elecciones en ningún momento han explicado el porqué, lo que hubiera sido muy didáctico. Savater expresaba su alegría de ver a “Sánchez revolcado y a Podemos aniquilado” sin más explicación. Normal. La derecha sabe bien, aunque nunca lo reconocerá, que quienes más se han esforzado por mejorar la vida de la gente en esta legislatura no han sido premiados con el voto, sino, más bien, todo lo contrario. Y repito: nadie sabe por qué.

Cabría preguntarse si quienes pierden unas elecciones estando en el poder lo han hecho porque se han limitado a satisfacer los intereses de una determinada ciudadanía y han dejado en la estacada a la otra parte de esa ciudadanía que no se siente representada por el poder político. No hay modo de saberlo. Al fin y al cabo, ese ha sido el modus operandi habitual de los gobiernos.

“¿Tú, también, hijo mío?”

Se mire como se mire, resulta más que chocante, trágico-cómico, que quienes menos han tenido en cuenta ese interés por mejorar la vida del común de los mortales, hayan salido ganadores en el envite de estas elecciones. Es algo que tiene que doler. Y mucho. Me recuerda la escena de César y su apuñalamiento trapero por Bruto: “¿Tu, también, hijo mío?” Es lo que Sánchez podría reprochar a la sociedad. Pero ¿lo ha hecho? No me consta. Lo que es digno de aplauso.

Oligarquía de las bestias

No lo es, en cambio, el comportamiento chulesco de la derecha tras su triunfo electoral. Menos mal que, con el anuncio de las elecciones generales, se les ha quedado el espasmo en un cógitus interruptus. Feijóo y la aprendiz de reina de Saba se consideran los reyes del mambo de la política cuando solo han ganado unas elecciones municipales y autonómicas, y no en todas, pues tal triunfo debería causarles pánico, dado el estado tan calamitoso en que, según su dictamen, se encuentra España tras cuatro años de legislatura sanchista. Pero no. Al contrario. Con ellos, España volverá a ser una unidad de destino en lo universal. Sinceramente. La derecha da miedo. Y su claque más. Recuerda a lo que decía el poeta Pessoa en su libro La oligarquía de las bestias. El escritor portugués decía: “soy conservador, pero absolutamente anti-reaccionario”.

Una distinción que, quizás, ahora, sería bueno recuperar, pues resulta ser mucho más clarificadora que autotitularse de izquierdas o de derechas. Lo que llamamos derecha hoy no es derecha. Nada que ver con aquella derecha ilustrada que mamaba del liberalismo de Smith. Hoy la derecha es única y exclusivamente reaccionaria.

Nada que ver con ser conservador. El político conservador, el ciudadano demócrata y conservador, lo que quiere es conservar lo que merece la pena ser conservado. Los reaccionarios pertenecen a “la oligarquía de las bestias”, jauría que se opone a cualquier cambio por minúsculo que sea y, en el peor de los casos, recuperar valores ya periclitados en el tiempo, nada respetuosos con los derechos de la persona, en especial el de la libertad individual tanto del hombre y, ya no digamos, de la mujer, como la defensa sin paliativos del bien general público y del respeto a la pluralidad en cada una de sus manifestaciones religiosa, política, sexual, artística...

Que Feijóo pertenece a esta camada de reaccionarios lo demostraría el hecho de que se ha hartado de decir que si él llega a la Moncloa, Dios no lo quiera que diría el ateo, derogará todas las leyes que, paradójicamente, han supuesto un claro avance en los derechos de muchas personas de este país y han desvelado como nunca el carácter reaccionario del PP.

Unos versos de Miguel Hernández

Claro que, siendo pragmáticos, habría que preguntarse como ya lo ha hiciera el poeta Miguel Hernández en aquellos versos firmados en1937

¿Quién te salvará, Madrid,

si van dejando tus puertas

solas y de par en par

ante el paso de las fieras?

Curioso. Pessoa hablaba de bestias; Hernández, de fieras. Da lo mismo. Lo importante es que hay que cerrarles esas puertas. No solo en Madrid, sino en toda España. Y ello para conservar lo que tanto ha costado conquistar. Y, bueno, ya que hablamos de poetas, habrá que añadir aquel poema que empieza “recuérdalo tú, y recuérdaselo a los otros”. De Luis Cernuda.

Después del diluvio electoral. ¿Por qué votas a la derecha, mamón? ¿Por qué votas a la...