martes. 05.03.2024

Subrayando una vez más los problemas que conlleva una dolarización parcial de la economía como consecuencia de una inflación desbocada, la primera medida que tendría que tomar el Gobierno, como ya ha sido señalado con anterioridad, sería la de  establecer un corralito con el que tratar infructuosamente de reducir la cuantía de los medios de cambio locales que circularan en la economía. Y he dicho infructuosamente, porque para que ese gobierno pudiera cubrir las necesidades presupuestarias con las que subvenir las necesidades del Estado y de la sociedad, se tendría que emitir nuevos medios de cambio; una reducción y un incremento de la masa monetaria que provocarían una mayor estanflación de la que ya estuviera en curso. En este contexto, la presencia del dólar como resultado de las exportaciones brillaría por su ausencia, ya que su entrada en la economía, al ser acaparada como unidad de valor no sometido a devaluación, nunca sería invertido en el proceso que tuviera que llevar a cabo los medios de producción y de consumo. Tendrían lugar una serie de secuelas que por su trascendencia obligaría a los gobiernos a practicar unas medidas restrictivas a las clases más desfavorecidas al objeto de no incurrir en un incremento aún mayor tanto en el déficit de la Balanza de Pagos con el Exterior, como en el del déficit presupuestario. Y para terminar, entre otras medidas aún más dracronianas, recortar la liberalización del mercado, exportando productos e insumos imprescindibles para la población. Todo lo cual conllevaría un círculo vicioso que llevaría al Estado a la bancarrota. A este respecto, para poder superar un incremento permanente de los precios, habría que retroceder económicamente en el tiempo, recurriendo a la utilización de unas monedas sociales que, debido a la carencia de dólares, los sustituyeran por otras denominadas de "crédito mutuo"; un proceso que ya se ha practicado innumerables veces a través de unas redes del trueque en las que se valorarían las transacciones de productos que a pesar de sus muchos defectos, puntual y demarcadamente sustituyera las funciones del mercado.

Para poder superar un incremento permanente de los precios, habría que retroceder económicamente en el tiempo

Pasando ahora a contemplar la economía de un país a través de una completa dolarización de ésta, aun en el supuesto de que éste encontrara la forma de endeudarse, de tal forma que con los dólares adquiridos pudiera sustituir completamente sus medios de cambio, este país habría perdido la facultad de poder reglar los tipos de interés con los que regular su economía; y esto debido a que los tipos de interés de sus dólares estarían fijados por los que rigieran en el mercado de EE.UU.; unas inferencias que en aquéllos países en los que la mayor parte de sus transacciones con el Exterior estuvieran comprometidas con el país cuya divisa fuera el dólar -como ocurre en Panamá, Ecuador y El Salvador-, generalmente no se han producido.

En lo que se refiere a las etiologías que originan las crisis, es preciso distinguir entre las que nos llegan desde el Exterior y las que hay que imputarle a nuestro propio sistema de producción y de distribución; y en este contexto vamos a contextualizarlas utilizando como referencia los procesos político-económicos que han sufrido dos países como Argentina y Venezuela. 

Refiriéndome a los relacionados con el Exterior, tenemos que estas crisis suelen estar ocasionadas por unas guerras que distorsionan los precios de los insumos con los que llevar a cabo la producción de las mercancías y servicios que se hayan de exportar a los mercados exteriores; especialmente en aquellos países que con respecto a otros se vieran afectados asimétricamente por los precios del petróleo; pueden deberse a embargos, injerencias político-económicas por parte de unos Estados, en las economías de otros países, o a un bloqueo, asedio o sanciones económicas, como el que sigue sufriendo Cuba por parte de los EE.UU.

En lo que respecta a las crisis generadas a nivel doméstico, es preciso diferenciar entre las ocasionadas por las políticas socioeconómicas llevadas a cabo por los gobiernos de un determinado país, y las que hay que imputarles a sus empresas. Todas ellas teniendo un denominador común, como es el cohecho y la corrupción. 

En las relacionadas con la constitución y la gobernanza de los poderes que rigen en cualquier país, tenemos las que se derivan de una devaluación de la moneda con la que hacerlo más competitivo; un golpe de Estado, que aunque supuestamente hubiera tenido lugar como consecuencia de un deterioro de sus instituciones, generalmente son debidas a los afanes de los que ostentan el poder económico, como a los intereses del poder eclesiástico. Como ocurre con las dictaduras, las monarquías no parlamentarias y las autocracias.

Los gobiernos emiten unos medios de cambio con los que cubrir las necesidades presupuestarias que no son financiadas a través de gravámenes a los beneficios

En cuanto a las crisis imputables a las empresas se encuentran las derivadas de un proceso económico, que en función de una acumulación de beneficios derivada de la existencia de un plusvalor, se producen unos ciclos que son consubstanciales con la naturaleza de dicho proceso; una naturaleza que además está acompañada por una política monetaria y fiscal que obliga a los gobiernos a emitir unos medios de cambio con los que cubrir las necesidades presupuestarias que no son financiadas a través de gravámenes a los beneficios que obtuvieron las empresas; una emisión de medios de cambio que acostumbrando ser mayor que las diferencias existentes entre dos PNN consecutivos, provoca un efecto inflacionario; los beneficios extraordinarios que obtienen los oligopolios o las macroempresas; unas entidades que al controlar la producción y estar a salvo de lo que representara la demanda, se aprovechan de su falta de competencia, para expandirse horizontal o verticalmente, inflando unos precios que les compensen de una disminución de una concausa que ha sido provocada; una fuga de capitales que origina un traspaso de poder adquisitivo hacia los países receptores de esta fuga, una evasión con la que se genera, o bien la obligación de tener que exportar a esos países, productos y servicios con los que saldar los efectos de esta fuga, o a emitir nuevos medios de cambio con los que equilibrar la masa dineraria necesaria para evitar las consecuencias de una escasez de numerario. Con lo cual, en todos estos casos se empobrece la economía del país.

 A este respecto, en lo que se refiere a Venezuela, el periodista Cesar Batiz examina cómo entre 1950 y 1999 se fueron 70.000 millones de dólares; y analiza por qué entre 2003 y 2013 emigraron otros 111.000 millones más. En este contexto hemos de preguntarnos ¿Esta fuga de capitales se debe a un efecto inflacionario derivado de una mala gestión de ese Gobierno, o un desgobierno que ha sido promovido por una inflación provocada?

A este respecto y como complemento hay que sacar a colación la alocución de Cristina Fernández de Kirchner, cuando ésta dijo textualmente: “¿Ustedes creen, sinceramente, que una empresa argentina que obtiene un crédito en dólares en el exterior se lo dan en el exterior? O es un préstamo de las propias empresas o es un préstamo que está apalancado por fondos en el exterior. ¿Quién va a prestar miles de millones de dólares, sino están apalancados en el exterior con una garantía? Lo que pasa es que después pagan con los dólares que deberían estar dedicados a la industria para sostener la actividad económica para pagar deuda".

Moneda y medios de cambio