martes. 16.04.2024
montero belarra
Irene Montero e Ione Belarra en el Congreso de los Diputados.

Compañeras ministras, Belarra y Montero, he escuchado y leído una y otra vez vuestras declaraciones y argumentos por los que os oponéis frontalmente al envío de armas a Ucrania para su defensa ante la invasión del ejército ruso. No voy a entrar a las complejas y profundas razones geopolíticas, diplomáticas y de estrategia militar que intervienen y explican la actitud de Putin, porque no tengo ni idea en esta disciplina, como supongo que tampoco la tenéis vosotras, porque no es nuestra especialidad, estamos más centrados en otras materias representadas en los ministerios que dirigís.

Me centro sólo en los argumentos que esgrimís para condenar el envío de armas que reclama con desesperación la sociedad ucraniana con el objetivo de defenderse y resistir la cruel invasión. Aunque no estoy de acuerdo con el rosario de descalificaciones que recibís por defender esta posición, tampoco lo estoy con las que vosotras lanzáis a quienes no comparten las vuestras, calificándolos como “defensores de la guerra”.

Igualmente no encuentro la comparación más precisa, a la hora de ilustrar vuestra posición, que me parece está más cercana a la de Chamberlain o a la de Petain. Me parece que la alternativa que expresa vuestra negativa a armar a la sociedad ucraniana y, con ello renunciar a su auto defensa para expulsar al invasor de su tierra, es la realizada por Chamberlain con su apuesta de acceder a todas las exigencias de Hitler para evitar la guerra. Aunque aquella actitud, conocida como Política de Apaciguamiento fracasó. Me parece que lo que defendéis y contemporizáis es conceder todas las exigencias de Putin, que representan el fin de la soberanía de Ucrania, porque con ello se alcanzará el fin de la guerra, igual tenéis razón, aunque no sería justo, ni digno que una opción de izquierdas y progresista defendiera esta solución.

No se entiende que desde la izquierda no se defienda el derecho que tiene una sociedad a defenderse 

La otra comparación podría ser la del mariscal Pétain que para evitar el enfrentamiento con las tropas invasoras del Tercer Reich alemán firmó el armisticio, ante “el abrumador poderío bélico del ejercito alemán”, como ahora se argumenta en relación al ucraniano y ruso. Hitler aceptó el armisticio y estableció las condiciones de la ocupación de Francia, pero miles de franceses y francesas, y muchos de nuestros paisanos españoles republicanos, cogieron sus armas e hicieron frente al invasor, a pesar de la infinita desproporción de fuerzas y el riesgo de perder sus vidas, como así fue para miles de ellos y ellas. Y de los que precisamente aquellas personas con cultura de izquierdas y democracia hemos venerado y agradecido si valor.

No entiendo, no se os entiende, que precisamente desde la izquierda no defendáis el derecho que tiene una sociedad a defenderse y también nuestra obligación de ayudarles a ejercer a este derecho de luchar frente la injusticia.

Es muy posible que tengáis razón cuando argumentáis la escasa efectividad que puede representar el envío de armas a Ucrania ante la desproporción de los respectivos Ejércitos, ya que puede representar una gota en el océano, sin posibilidad alguna de nivelar las fuerzas. Pero deberíais atender los argumentos de expertos y diplomáticos, tan pacifistas como vosotras, que entienden que estas armas pueden prolongar la resistencia durante algunas semanas o meses y con ello rebajar el coste político, disminuir las expectativas del agresor y situarse en mejor posición para la negociación y el cese de la invasión.

Igual, compañeras, Belarra y Montero, gracias a estas armas, Ucrania puede evitar la capitulación total que busca Putin y pueden salvar de la ocupación a una parte importante del país y, además, puede representar una baza importante a la hora de la negociación. Y sobre todo quizás, también, estas armas puede ayudar a mantener viva la esperanza de una sociedad hoy cruelmente agredida. Y, muchos ciudadanos y ciudadanas, podrán gritar ese lema que vosotras dos y nosotros tantas veces hemos gritado, emocionado y aplaudido: “Mejor morir de pie que vivir arrodillado”. 

Compañeras Ione Belarra e Irene Montero, no se entiende, no os entiendo