Junts o el camino a la irrelevancia
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Junts el partido de Puigdemont, heredero de lo que fue en el pasado el omnipresente partido de Jordi Pujol, CiU, no acaba de encontrar una nueva estrategia después de su aventura fallida del “Procés”.
Durante más de 10 años embarcados en una aventura que no iba a ninguna parte, sobre una ilusoria “independencia” que nadie desde una neutralidad real podía creer factible, y durante los que tuvo lugar la declaración por parte de Rajoy del artículo 155, y la huida de Puigdemont a Waterloo.
¿Un PP ligado por fuerza con Vox es una alternativa para Junts? No lo parece, y si eso es así, ¿para qué sirve votar a Junts en unas futuras elecciones generales?
Con la llegada al poder del Gobierno Progresista y la aprobación de la Amnistía, los políticos presos salieron a la calle y la “epopeya independentista” comenzó a diluirse en la mayor parte de la sociedad catalana.
ERC pareció entender la lección y reajustó su política, más en su práctica que en su lenguaje y se aprestó a reconducir su política mediante una negociación política con el gobierno de progreso convirtiéndose en parte de los apoyos del nuevo gobierno en minoría de España.
Junts por su parte, pese a votar la investidura siempre se ha mostrado reticente a la colaboración con el gobierno manteniendo un discurso inflamado muchas veces contradictorio con su propia actuación en las votaciones en el Congreso.
En el momento actual, Junts ha perdido una gran parte del capital del pujolismo. Sus resultados electorales van constantemente a la baja, tanto en las elecciones estatales como en las catalanas y las municipales.
Está llevando a cabo un claro proceso de derechización declarada muy diferente del discurso ambiguo del pujolismo, pese a que su práctica claramente derechista sea la misma.
La base electoral de Junts es claramente ruralista. A nivel municipal su mejor resultado lo obtiene en San Cugat, la decimosegunda ciudad de Catalunya
Únicamente tiene la referencia de la patronal Foment del Treball, en estos momentos en posiciones más duras que la propia CEOE.
En el ámbito del Parlament de Catalunya su papel es nulo. El Gobierno del PSC tiene unos claros referentes en ERC y los “Comuns”, no precisa de Junts para nada y se queda en la oposición con otras fuerzas con las que no tiene futuro conjunto como son el PP, Vox y Aliança Catalana.
Frente al bloque de los partidos de izquierda, donde se puede incluir a la Cup, el bloque de partidos de la derecha opositora son un todos contra todos. Y especialmente en el caso de Junts con una fuerza emergente, como es Aliança, que está dispuesta a disputarle y arrebatarle en lo posible su papel de referente de la derecha independentista.
Junts no puede pactar con las otras fuerzas de la derecha, ni con PP ni Vox, que no comparten su nacionalismo catalán, ni con Aliança Catalana que persigue con más radicalidad competir con el electorado de la derecha catalana cada vez más conservador e intransigente en temas como la inmigración. Todo ello provoca que Junts se vea forzada a radicalizarse hacia esas políticas de su competidor. Pero todo el mundo es consciente que entre el original y la copia siempre acostumbra a ganar el original. Y en este caso en cuanto a independentismo, racismo y políticas islamofóbicas y antiinmigración Aliança siempre será más clara que Junts y por tanto le tratará de limitar su espacio político.
Junts no puede pactar con las otras fuerzas de la derecha, ni con PP ni Vox, que no comparten su nacionalismo catalán, ni con Aliança Catalana que persigue competir con el electorado de la derecha catalana
La base electoral de Junts es claramente ruralista. A nivel municipal su mejor resultado lo obtiene en San Cugat, la decimosegunda ciudad de Catalunya, y la mayoría de las alcaldías de Junts están en pequeños o medianos pueblos fundamentalmente de Girona, Lleida o Tarragona. Es decir, lo que siempre ha sido la Catalunya más rural donde en el pasado crecían los “carlistas” y donde aún hay un sueño de una Catalunya inexistente en la actualidad. Tengamos en cuenta que los más radicales de los independentistas llamaban “colonos” a los emigrantes llegados en los primeros años cincuenta del Siglo XX. Ello nos lleva a entender como ven ellos a la nueva inmigración de otros países, Y toto esto pese a que los necesitan para sus campos e industrias. En pueblos de Lleida o Girona les gustaría que los inmigrantes existieran de día para trabajar sus campos o empresas, pero no los querrían ver por sus pueblos después del trabajo. Es decir, es un tipo de nacionalismo, que hasta ahora votaba a Junts, racista por expresarlo claramente.
Y es este electorado que puede ser fácilmente presa de un partido claramente independentista y claramente xenófobo como es Aliança Catalana que plantea sin tapujos sus propuestas xenófobas y que en el campo político sólo plantea presentarse en elecciones catalanas, autonómicas y municipales, rechazando presentarse al Congreso de los Diputados.
Por otra parte, Junts tiene dificultades en el ámbito estatal. ¿Su voto servirá para algo?
Si descarta el voto a la izquierda, que quieran o no les ha permitido hacer política en el Congreso y que ha logrado avanzar en temas para la normalización de los independentistas: ¿Que les queda?
¿Un PP ligado por fuerza con Vox es una alternativa para Junts? No lo parece, y si eso es así, ¿para qué sirve votar a Junts en unas futuras elecciones generales? Y en el ámbito catalán ahora han de afrontar la competencia de una líder como Silvia Orriols que tiene un discurso radical más claro en su reaccionarismo y en su independentismo y que Junts no puede superar y que le puede costar buena parte de su granero de votos en las zonas rurales y en las ciudades medianas.
Difícil encrucijada para un partido que es heredero de la Convergència de Jordi Pujol que mantuvo su hegemonía omnipresente durante décadas.