jueves. 04.06.2026
ANÁLISIS POSTELECTORAL

¿Que nos dicen las elecciones de Castilla y León acerca de la evolución del sistema político español?

A la izquierda del PSOE, los resultados son una catástrofe sin paliativos.

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Lo primero es que las derechas de ámbito nacional obtienen una holgada mayoría en la región. Sumando PP, Vox, SALF y C´s, obtenemos la bonita cifra del 56,1 %, récord de las 12 elecciones autonómicas habidas en Castilla y León. Mejoran en un 2,6 puntos y 2 escaños respecto de las pasadas elecciones. Teniendo en cuenta que en 8 de las 12 elecciones habidas en esta CCAA las derechas han estado por encima del 50 % puede decirse que se aprecia un desplazamiento hacia la derecha del electorado, pero no un cambio cualitativo, ningún vuelco, como sí sucedió, por ejemplo, en Extremadura.

El PP ha ganado como casi siempre. Esta vez ha mejorado en 4,1 puntos y 2 escaños, que, teniendo en cuenta los precedentes de Aragón y Extremadura, se ha leído como un gran triunfo. En aquellas CCAA, el gran aumento de Vox vino acompañado de un retroceso del PP, lo cual apuntaba a un trasvase de votos desde el PP a Vox. En Castilla y León la mejora de Vox, sin embargo, no se ha hecho a costa del PP, lo cual puede interpretarse como que han detenido la hemorragia. Ya veremos si Andalucía confirma esta tendencia.

El PP quiere dejar claro que es el PP quien gobierna y que Vox es tan solo una fuerza auxiliar. Casar ambas posiciones no va a ser fácil

A pesar de la mejora del PP, el problema de la gobernabilidad queda en las mismas o peores circunstancias que antes de las elecciones: el gobierno de Castilla y León depende de Vox. La propuesta de que gobernara la lista más votada fue rechazada por el PP que, en la misma noche electoral, descartó cualquier entendimiento con el PSOE, lo que equivale a optar por depender de Vox. Éste no se lo va a poner fácil porque Vox no tiene ningún interés en estar en el gobierno como socio minoritario, como ya había acreditado antes. Traduciendo a Abascal, el acuerdo pasa por hacer las políticas que diga Vox. El problema es que no parece que Vox sepa qué quiere, aparte de declaraciones rimbombantes. Por su parte, el PP quiere dejar claro que es el PP quien gobierna y que Vox es tan solo una fuerza auxiliar. Casar ambas posiciones no va a ser fácil.

Hay un cierto paralelismo entre Vox y Podemos y C’s. Desde perspectivas ideológicas bien distintas, los tres partidos han justificado su existencia en una impugnación del bipartidismo, el sistema de partidos vigente entre 1982 y 2008. Los dos partidos gobernantes en ese período, PP y PSOE, cometieron el mismo error de aplicar recetas equivocadas a la gran crisis que empezó en 2008. Los recortes y la subida de impuestos lejos de paliar la crisis, la agravaron. Bien es cierto que el de Zapatero fue un error forzado y sus recortes sociales fueron más bien simbólicos, mientras que Rajoy hizo recortes brutales a la par que abrazaba la idea de la austeridad expansiva, una de las ideas más ruinosas de la historia. El caso es que ambos gobiernos, socialista uno y conservador el otro, fracasaron rotundamente al abordar la mayor crisis económica que hemos vivido. El malestar social, consecuencia de aquellas políticas erróneas, devino en un desapego respecto de los dos partidos gobernantes y explica la emergencia con fuerza de nuevos partidos. PP y PSOE sufrieron fuertes pérdidas, pero no se hundieron del todo, entre otras cosas, por disponer de una sólida base orgánica construida a lo largo de varias décadas.

La diatriba contra el bipartidismo de Vox ha fracasado en Castilla y León porque tanto PP como PSOE suben. La crítica al bipartidismo que hace Vox hoy carece de cualquier fundamento, no como lo que pasaba en 2011. Solo es un truco retórico para disimular sus feroces ataques al PP. Podemos ha vuelto a recurrir al discurso contra el bipartidismo, pero también es un truco retórico para disimular los ataques, no menos feroces a Sumar.

La izquierda a la izquierda del PSOE necesita, además de unirse, un revulsivo, y un liderazgo mediático que movilice a su electorado potencial

En estas elecciones, Vox también sube, pero su crecimiento se desacelera, quizás porque el gran aumento de Vox ya se produjo hace cuatro años. No es poca cosa subir desde un punto de partida más alto. Vox tiene a su favor la oleada de nacionalismo reaccionario que recorre el mundo. Cuando lleguen las generales contará con el apoyo explícito de Musk y la internacional reaccionaria. Para Abascal, crecer es imprescindible para llegar a las elecciones con un porcentaje que permita abrir la perspectiva del sorpasso, es decir, reemplazar al Feijoo como líder de la derecha y aspirante a presidente del gobierno. Ahora bien, las políticas de Trump y, en concreto, los daños colaterales de su guerra pueden convertirse en un hándicap. En todo caso, haya o no acuerdos con el PP Abascal no va a cambiar su táctica política de seguir sangrando al PP. Lo cual significa que la competencia entre Vox y PP va a ser tan feroz que los gobiernos PP – Vox no garantizan estabilidad.

Teniendo en mente los precedentes de Aragón y Extremadura, los resultados del PSOE han sido recibidos con un suspiro de alivio. El PSOE no solo no se hunde, como en Aragón o Extremadura, sino que mejora ligeramente respecto a 2022 en 0,8 puntos y 2 escaños. Varios factores han sido señalados a la hora de explicar el resultado. Los resultados de Soria indican claramente que el candidato, Carlos Martínez, ha sido un factor positivo. La división de la izquierda en un contexto de guerra, seguramente ha orientado votos hacia el PSOE.

La posición de Sánchez rescatando el “no a la guerra” y los ataques de Trump han debido contribuir a la movilización del electorado progresista y de llamada al voto útil. Guste o no, la figura de Sánchez ha cobrado gran relieve internacional y refuerza su liderazgo aquí. Además, las principales críticas a Sánchez han sido refutadas por los hechos. Los principales países europeos han rechazado el requerimiento de Trump para sumarse a su guerra, lo cual indica que España no se ha aislado de sus socios.

Respecto de la guerra, en la derecha, la confusión es la nota dominante. Por un lado, Aznar, que intenta ejercer de gurú de las derechas patrias, pide el apoyo incondicional a la guerra y la participación de España en ella. Por otro lado, Feijoo se desmarca y procura estar en la ambigüedad, con una posición ridícula: ni a favor de la guerra ni en contra de ella. Ayuso cultiva el trumpismo, pero no se atreve a apoyar la guerra de Trump. En la medida en que empiecen a sentirse los efectos de la guerra de Trump en el bolsillo de los ciudadanos, el marco político puede hacerse más favorable para el PSOE.

A la izquierda del PSOE, los resultados son una catástrofe sin paliativos. En 2022, UP obtuvieron el 5,1% y 1 escaño. Ahora, por separado, han obtenido el 2,9 % y ningún escaño. La lección obvia es que la división penaliza. Por el contrario, en Extremadura, la unión de todas las fuerzas obtuvo un buen resultado. La división en un momento de guerra es el factor más poderoso de llamamiento de voto útil al PSOE, sobre todo cuando Sánchez se erige en el campeón del “no a la guerra”. La unión es condición necesaria, pero no suficiente. La izquierda a la izquierda del PSOE necesita, además de unirse, un revulsivo, y un liderazgo mediático que movilice a su electorado potencial.

Hay quien piensa que el revulsivo sería que Sumar saliera del gobierno para marcar perfil propio. Salir del gobierno, del gobierno del “no a la guerra” cuando está bajo el fuego del trumpismo, sería un error catastrófico porque revelaría que el interés partidista entra en contradicción con el interés general. Este error ya lo ha cometido Podemos con unos resultados verdaderamente espectaculares.

En diciembre de 2023 Podemos decidió salirse de Sumar para tener voz propia y marcar perfil propio (la izquierda valiente) frente a Sumar (la izquierda sumisa al PSOE, el cual es la misma mierda que el PP, como todo el mundo sabe). Acusar a Sánchez (y a Yolanda Díaz) de cómplices del genocidio de Gaza fue una de sus ocurrencias que, efectivamente, marcaron perfil propio: el del sectarismo más atroz. Desde su paso al grupo Mixto, Podemos ha dejado claro que no apoya al gobierno de coalición porque ya no lo considera un gobierno progresista. En consecuencia, la base parlamentaria del gobierno se ha visto debilitada y dificultada la acción de gobierno. Pero eso no le ha valido para mejorar su posición.

En Castilla y León, Podemos, concurriendo en solitario, ha quedado reducido a la irrelevancia, obteniendo el 0,7 % de los votos y perdiendo el único diputado que tenían. En Aragón, lo mismo: obtuvo el 0,94% perdiendo su único diputado. En Extremadura, sin embargo, una candidatura unitaria (encabezada por una persona de Podemos) consiguió un resultado espectacular: 10,25 % y 7 escaños. Cualquiera diría que esa idea de tener perfil propio ha sido desastrosa cuando ese perfil consiste en puro sectarismo, como tan bien expresa Belarra. Por el contrario, Podemos ha obtenido buenos resultados cuando ha promovido candidaturas de unidad, se llame como se llame.

A pesar de los antecedentes, Podemos se niega a participar en la iniciativa que promueven IU, Sumar, Comunes y Más Madrid, optando por ir en solitario. ¿rectificarán o seguirán tropezando en la misma piedra? 

¿Que nos dicen las elecciones de Castilla y León acerca de la evolución del sistema...