El síndrome post votación
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No me cuesta nada dar la razón a nadie cuando creo que la tiene. Ni siquiera a Martínez-Almeida, portavoz del Partido Popular de hecho, aunque ya no de derecho por haber puesto, en su momento, sus huevos en la cesta de Pablo Casado.
Resulta que, "el alcalde de todos los madrileños", ha reconocido un hecho científico no reconocido por la ciencia. ¿La planeidad de la tierra? No, la existencia de un supuesto síndrome post parto.
Él lo dice para justificar el que a las mujeres que piensan en abortar se las advierta de que pueden llegar a sufrir dicho supuesto síndrome
Yo no he abortado nunca y, por tanto, ni tengo esa experiencia personal ni tampoco conocimientos médicos para saber si es verdad o no tal aseveración.
En lo que estoy de acuerdo con Martínez-Almeida es en que, el que avisa no es traidor. Él lo dice para justificar el que a las mujeres que piensan en abortar se las advierta de que pueden llegar a sufrir dicho supuesto síndrome. Y lo hace, apelando al prospecto que acompaña a los medicamentos avisando de los riesgos laterales en los que pueden incurrir ciertos pacientes en función de sus características personales. Y, a mí, eso me parece bien. Pienso que la verdad es la verdad, lo diga Agamenón o Martínez-Almeida.
A mí, no se me hubiera ocurrido antes, pero, ahora, lo tengo clarísimo. Las campañas electorales, y la democracia misma, debería venir con prospecto incluido porque el síndrome post votación, como las meigas, haberlo, haylo.
Como, si no, se explica lo que sientes cuando has votado a un partido político contrario a que se reduzca la jornada laboral y luego ves que te perjudica esa negativa. Si eres un trabajador corriente y moliente y prefieres trabajar treinta y siete horas y media semanales en lugar de cuarenta, se te va a quedar el cuerpo de aquella forma. Pues bien, eso es síndrome post votación.
Las campañas electorales, y la democracia misma, debería venir con prospecto incluido porque el síndrome post votación, como las meigas, haberlo, haylo
Lo mismo ocurre cuando prefieres un incremento del salario mínimo interprofesional o de las pensiones y el partido al que has votado está en contra de eso. O prefieres, al contrario que tu partido, una energía eléctrica más barata. O que lleguen de Europa unos fondos económicos, al contrario que el partido de tus entretelas. O, etc., etc.
Todo eso puede proporcionarte una sensación extraña y, sobre todo, una cara de tonto difícil de soportar. Son los síntomas inequívocos de un síndrome post votación que solo hace falta que algún enterao (nota al editor: escribir enterao y no enterado) lo escriba para que llegue a los altares de las ciencias sociológicas.
Hablando de síndromes y de prospectos, también estaría bien para aquellos partidos que alardean de libertad, que informaran en su catálogo de libertades si están o no de acuerdo con la libertad de las mujeres con su cuerpo.
Al votante medio habría que recordarle un principio básico: no vote nunca al zorro como encargado de cuidar las gallinas
Y que nadie confunda ese necesario prospecto con el programa electoral. Con este formato literario lo que se pretende es conseguir votos para uno mismo y no para los demás. Téngase en cuenta que, así como hay formas con las que es imposible vender el caballo, tampoco publicitar "el programa oculto" es algo que se le ocurra a quien no está de acuerdo con asar la manteca.
Por eso, al votante medio habría que recordarle un principio básico: no vote nunca al zorro como encargado de cuidar las gallinas.