viernes 21/1/22
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12º Congreso Confederal de CCOO.

Los congresos de las organizaciones políticas y sindicales de izquierdas son acontecimientos preparados con muchos meses de antelación. El primer punto del orden del día suele tener como misión abordar la gestión de los órganos de dirección (rendición de cuentas), a partir del informe del secretario general. El segundo pretende aprobar las ponencias remitidas por la comisión ejecutiva correspondiente a las organizaciones de base, así como las enmiendas introducidas por éstas para su debate y discusión. Y, por último, los congresos, como colofón, eligen a la nueva comisión ejecutiva para un nuevo periodo de gestión: normalmente de cuatros años.

El cuerpo capitular de las ponencias es muy semejante en todos ellos. Comienza con un informe y diagnóstico de coyuntura en el que se desgrana la situación política, económica y social. Es decir, se analiza el escenario político o sindical donde desarrolla la organización su actividad ordinaria. A continuación, se debaten las diferentes ponencias que marcarán las líneas de acción y las resoluciones que deberán guiar al equipo de dirección que elija el mencionado Congreso.

En este sentido, el 12º Congreso Confederal de CCOO, celebrado entre los días 21 y 23 de octubre, ha aprobado una serie de puntos programáticos destacables que se desglosan a continuación:

  1. Recuperación de los derechos laborales y sociales (derogación de las últimas reformas laborales).
  2. Configuración de un nuevo contrato social para el siglo XXI, que apueste por la “centralidad del trabajo” en un contexto democrático. A partir de la modernización y adaptación del viejo sistema productivo (digitalización y cambio de modelo productivo), así como del actual sistema de relaciones laborales y de protección social: empleo, mercado de trabajo, pensiones, cobertura de desempleo y dependencia. Además de potenciar los servicios públicos (sanidad y educación) y abordar a fondo la política fiscal.
  3. Reforzar la presencia de los trabajadores en CCOO. Actualmente, la presencia sindical se establece por debajo del 52 % de los centros de trabajo. Según la EPA, del tercer trimestre de 2021, el porcentaje de empresas de 1 a 5 trabajadores alcanzan el 76 % y ocupan al 14 % de los trabajadores (2.020.939). En relación con ello, debemos recordar que el artículo 62 del Estatuto de los Trabajadores indica que estas empresas no están obligadas a realizar elecciones sindicales. Por lo tanto, CCOO, y el conjunto del movimiento sindical, tiene un reto muy importante:  conectar con la mayoría de los trabajadores de las pequeñas empresas que no tienen ninguna relación con los sindicatos en la actualidad.
  4. Mejorar las formas de participación e intervención de CCOO en los convenios colectivos de los centros de trabajo (“democracia económica”) y en los sectores de producción y servicios.
  5. Incorporar a los nuevos colectivos laborales y sociales (y también a los “falsos autónomos”), surgidos de las mal llamadas plataformas de “economía colaborativa”, a CCOO.

Además, en este Congreso, CCOO ha aprobado una enmienda para definir a Comisiones como sindicato feminista y firme defensor de la igualdad de género. Por lo tanto, en los Estatutos se definirá a CCOO como “sindicato feminista de hombres y mujeres”. Con esta definición, que se recoge directamente en los principios fundamentales del sindicato, no hay margen de duda: CCOO es un sindicato de clase; pero, además, entre otros principios básicos, también es un sindicato feminista, según ha reiterado la secretaria confederal de acción sindical.

Otro aspecto novedoso, y quizás muy relevante, es que la actual dirección del sindicato está conformada por una “nueva generación de líderes”. Los responsables surgidos en la clandestinidad (durante la dictadura) y en los años de la transición sindical se han jubilado o han dejado las responsabilidades sindicales que asumieron en esos años, sin que ello signifique prescindir de la experiencia acumulada por CCOO en los últimos años.

En todo caso, las ponencias y resoluciones aprobadas en este Congreso aspiran a dar un fuerte impulso al sindicato. Los dirigentes sindicales son conscientes, en la actualidad, de la escasa capacidad de movilización que tiene el movimiento obrero, de la desafección de muchos trabajadores y de la dificultad para ofrecer alternativas viables y eficaces para defender con mayor eficacia a los trabajadores. Por eso, va a resultar enormemente complejo y difícil mejorar la actual relación de fuerzas y aplicar las resoluciones congresuales. Principalmente por una serie de consideraciones que se exponen a continuación.

La pretensión de dar un impulso a CCOO tiene un doble objetivo. El primero sería hacer crecer al sindicato con más afiliados y más recursos económicos y humanos. El segundo, desarrollar la acción sindical en los centros de trabajo, formar más y mejor a los delegados, aumentar la capacidad de intervención en los problemas laborales y sociales, puesto que CCOO se define como sindicato sociopolítico. Estos dos aspectos no tienen por qué ser contrapuestos y, por lo tanto, deberían estar más bien unidos.

El medio en el que surgieron los sindicatos y sus formas de funcionamiento ha desaparecido en su práctica totalidad

Sin embargo, no debemos olvidar que el sindicalismo pasado y presente, y el que se va a desarrollar en los próximos cuatro años, surgió en un entorno industrial que está desmoronándose. El medio en el que surgieron los sindicatos y sus formas de funcionamiento ha desaparecido en su práctica totalidad. Su hábitat se ha esfumado. La EPA, del tercer trimestre de 2021, aporta datos que son indicativos de las transformaciones que se están desencadenando en el tejido productivo. Comparándola con la del cuarto trimestre de 1995, el número de empleados en España crece un 58,97% (de 12,60 millones a 20,03 millones de trabajadores). Por sectores, la Agricultura desciende un 29%, la Industria crece un 6%, la Construcción un 8% y los Servicios un 97%.

Por otra parte, tomando el cuarto trimestre de la EPA de 2007, en la que había 20.355.990 ocupados frente a los 20.031.000 reflejados en la EPA del tercer trimestre de 2021, la agricultura pierde el 18% de mano de obra ocupada, la construcción disminuye en el 52%, la Industria destruye el 16% de sus puestos de trabajo y el sector servicios crece un 13% en relación con el empleo.  Estos datos no sólo reflejan la transferencia de mano de obra de unos sectores a otros. Sugieren que la transformación laboral atraviesa toda la estructura social con implicaciones demoledoras para el conjunto de la sociedad.

La segunda consideración, y quizás la más relevante, es el surgimiento de empresas multinacionales con más poder que los propios Estados en un contexto globalizado. Su velocidad de crecimiento obliga a los gobiernos a implantar legislaciones que resultan muy favorables a las grandes empresas, normalmente no coincidentes con los intereses de los trabajadores y de la sociedad en su conjunto. También es destacable la metamorfosis producida en la gran fábrica, hasta ahora con multitud de empleados con similares condiciones laborales, convertida en una empresa difusa (con sede de mando en un centro dirigente y multiplicidad de unidades subordinadas y dispersas por todo el planeta: subcontratación, cadenas globales de valor, empresas en red, …) cuyos empleados tienen contratos diversificados, tanto en salarios como en condiciones laborales, horarios, descanso, etc. La clase obrera ha sido segmentada, dividida, parcelada, confundida y seducida por el consumo; en definitiva, se han desdibujado los objetivos colectivos y los proyectos unificadores de intereses y voluntades…

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La tercera es la profunda transformación de los medios y herramientas de producción. Decía Marx que son éstos los que conforman las sociedades, sus relaciones políticas, económicas y sociales. Incluso las formas políticas de gobierno están determinadas por los medios de producción. Para comprender lo profundo e intenso de esta transformación hay que observar que las tecnologías actuales están basadas en la estructura íntima de la materia, no sólo en el átomo, sino que va más allá, utilizan la vibración del electrón. Están cimentadas sobre una fluctuación. Algo casi inmaterial. Potencia inaudita. Sobre esta tecnología se asienta actualmente toda la estructura productiva, la gestión y las relaciones sociales (proliferación de redes de comunicación entre personas).

Un nuevo hábitat productivo ha superado la dialéctica capital-trabajo sobre la que nacieron los sindicatos

Este nuevo hábitat productivo ha superado la dialéctica Capital-Trabajo sobre la que nacieron los sindicatos. En su lugar se ha establecido la mundialización (o la llamada globalización) y los algoritmos (construcción de esquemas matemáticos que resuelven problemas y/o inducen posibilidades) responsables de la inteligencia artificial, del Big Data (análisis de grandes cantidades de datos), que es la nueva minería no ya de materias primas sino de conocimiento humano-social, bien sea para la producción y venta de productos o, más aún, para el control de los ciudadanos. La nueva materia prima es la conciencia humana, sus intereses, emociones, aspiraciones, miedos. Por aquí discurren las nuevas dinámicas del tejido productivo…

Algunos también comienzan a hablar de una nueva clase social: los trabajadores sin empresa. Los datos de la EPA del tercer trimestre de este 2021 aporta números que avalan esta tendencia: el 15,49 % del total de trabajadores en España son por cuenta propia (¿autónomos? 3.102.000). El tamaño de las empresas es otro indicador más: el 85,82 % tienen entre 1 y 9 trabajadores. Las empresas con menos de 5 empleados representan el 76 % del total. Entre 10 y 49 empleados representan el 11, 88 % de las empresas. Sólo el 1,93 % se sitúa entre 50 y 249 trabajadores, reduciéndose a 0,37 % las empresas que superan los 250 trabajadores. Esta atomización de empresas dificulta la unificación de objetivos y las aspiraciones de los trabajadores, lo que frena la movilización social imprescindible para la consecución de unas relaciones de producción y de fuerza más eficaces y equitativas.

La nueva legislación española en materia de educación/formación es conocedora de esta tendencia, por lo que reduce enormemente el currículo escolar, permitiendo el paso de cursos y la adquisición de títulos con asignaturas suspensas. ¿Para qué generar un esfuerzo formativo en un mundo donde sólo se precisa personal que sepa introducir datos en un terminal? O buscarlos en la gran enciclopedia de internet. O servir copas y repartir paquetes en bicicletas. El sistema es capaz de funcionar con un reducido grupo de cerebros, que siempre procederán de la estirpe dominante. ¡Craso error! Todos saldrán perjudicados y con ellos la sociedad en su conjunto.

Las direcciones sindicales también conocen estos extremos, pero la acción sindical continúa con la inercia surgida en otra época. No es fácil la construcción de un cuerpo ideológico y programático para la nueva era que se está constituyendo. Pero si no se crea no habrá un discurso tractor que unifique voluntades, construya la fuerza de resistencia y ataque este nuevo sistema que se perfila esclavizante, arbitrario y feudal.

Otro asunto relevante se refiere al notable potencial afiliativo de los sindicatos en España. Debemos recordar que CCOO tiene 974.471 afiliados al corriente de pago y UGT 941.485. El resto de los sindicatos juntos alcanzará a medio millón de asociados. A pesar de que la mayoría se hayan afiliado para protegerse frente a la inseguridad laboral, se trata de un número de personas muy relevante que el sindicalismo debería potenciar como factor de inteligencia colectiva. Estas personas están presentes en todos los sectores productivos, conocen su medio, los problemas e, incluso, las soluciones. Se les debería dar voz… Hay que escucharlos y valorar sus opiniones y aportaciones buscando la aprehensión de un conocimiento colectivo, que es siempre muy superior a cualquier inteligencia individual. El más inteligente de una organización no puede competir con el saber distribuido.

Foto CCOO

Cuando las resoluciones del congreso confederal de CCOO proponen “mejorar las formas de intervención en los centros de trabajo”, ¿se refiere a esto? Porque la desconexión de los afiliados con los delegados y de éstos con el sindicato ha llegado a extremos preocupantes. Muchos se consideran un simple buzón de correo electrónico. No hay contacto humano, pues el contacto con el sindicato se efectúa a través de un correo. No se discuten las ideas y tampoco las propuestas de los órganos de dirección, a pesar de que las personas precisamos del contacto y la interrelación con los demás, puesto que somos un manojo de emociones, para la cooperación y la unidad.

Resulta evidente que, cuando se elimina la interrelación, las emociones se diluyen y sólo queda la racionalidad individual que, con frecuencia, es errática. El discurso y la argumentación sólo se construyen a partir del debate y la discusión. La materia prima sindical es, sobre todo, la mente humana. Despilfarrar el conocimiento distribuido es un error irreparable, ¿Cómo crear, si no, el nuevo sujeto histórico que se pretende? Este factor es crítico para el movimiento sindical que siempre ha pretendido atraer y conformar una fuerza relevante en la sociedad.

Sin embargo, las organizaciones que nacen en demanda de libertad, justicia e igualdad se convierten muchas de ellas en estructuras de mando muy jerarquizadas. Puede ser, en muchos casos, el resultado final de la dialéctica que históricamente ha conducido inevitablemente a la burocratización de las estructuras y a la imposición del dominio de las oligarquías y de los aparatos de poder, causa y origen de la corrupción de los impulsos revolucionarios iniciales de las organizaciones. Es lo que se llama la burocratización, el dominio de las oligarquías y de los aparatos de poder.

FORTALECER AL SINDICATO

Con estas observaciones se retorna al punto primero. La respuesta a la pregunta de cómo “fortalecer al sindicato” nos puede conducir al fortalecimiento de la organización en detrimento de la acción sindical. Una acción sindical que requiere de los recursos y ayudas del Estado para cubrir los gastos que efectúan los sindicatos en la negociación colectiva y en las instituciones del Estado. Debemos recordar que los sindicatos defienden a todos los trabajadores, no sólo a sus afiliados. El objetivo final -la acción sindical con soluciones atractivas para los trabajadores y para el conjunto de la sociedad- no es potenciar los medios y ni siquiera la organización... Por lo tanto, se corre el riesgo de que la supervivencia y el fortalecimiento de la organización termine por situarse por encima de la defensa de los propios trabajadores.

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Concluyendo, los dos últimos congresos sindicales celebrados (CCOO y UGT) han vuelto a aportar alternativas y soluciones que habrá que analizar en profundidad. Sin embargo, han generado muy poca ilusión en los trabajadores y en sus resoluciones no se vislumbra el camino para equilibrar de manera rotunda el dominio desmedido del capital sobre el trabajo. La razón es muy sencilla: las reflexiones congresuales han girado, sobre todo, en torno al fortalecimiento de la estructura organizativa y, además, en los debates ha tenido un mayor protagonismo el envoltorio y el impacto mediático que el contenido. A ello hay que añadir lo siguiente: los asuntos transversales han primado sobre el concepto de clase que ha venido presidiendo la dilatada historia del movimiento obrero.

Quedan finalmente en el aire diversas preguntas: ¿es posible el renacimiento y la potenciación de las organizaciones sindicales? ¿Se podrán organizar con eficacia los sindicatos a nivel internacional para responder a un capitalismo global y exacerbado? ¿Surgirán nuevos líderes utópicos que aporten ideas con fuerza, o prevalecerá la burocracia del sistema? Responder positivamente a estas preguntas ayudaría mucho a que los sindicatos recuperen protagonismo en la difusión y aplicación de las ideas progresistas, en la consolidación del Estado de bienestar social y en la movilización social y ciudadana.

Escriben este artículo: Gabriel Moreno, Antonio Sánchez, Juan Sotres, Antón Saracíbar, Ramón Utrera, Javier Velasco, Pedro Espino, Antonina Ramírez.

12º Congreso de CCOO: apuesta por un ‘nuevo contrato social’