jueves 28/10/21
SINDICATOS EN EL SIGLO XXI

Derechos y nostalgias

El sindicalismo ha cambiado y seguirá cambiando. El antiobrerismo de Mayo del 68 no volverá.

Foto CCOO
Foto: CCOO

No queremos vivir como nuestros padres y madres. Pero queremos vivir bien. Y para la gente que trabajamos esto tiene mucho que ver con la situación del mundo del trabajo. Podemos hacer analogías que faciliten la comprensión de nuestras propuestas. Cuando decimos que hace cuarenta años la hipoteca de una familia media era a siete años no reivindicamos, a la vez, la reposición de Chanquete. Pero es sencillo ver con el ejemplo la enorme subida de precios experimentada por la vivienda. El sindicalismo habla para su gente, que es gente diversa. Una parte con carrera y doctorados; otra parte no. Pero en cualquier caso, toda ella capaz de diferenciar una estrategia de comunicación o un ejemplo de una exhibición de nostalgia.

Las reivindicaciones laborales no son la expresión de un obrerismo nostálgico y excluyente. La imagen del movimiento sindical y las reivindicaciones igualitaristas como cómplices de la pérdida de diversidad es hoy un borrón desfasado que poco tiene que ver con la realidad. Hoy las reivindicaciones por la igualdad las articulan cientos de miles de hombres y mujeres diversas, con enormes diferencias entre sí, en empresas, sectores y mesas de Diálogo Social. Quienes critican desde la izquierda la exigencia de certezas en relación a los derechos, caen sin darse cuenta en un prejuicio muy trabajado por la derecha y sus medios: el prejuicio de la desactualización del mundo del trabajo organizado. Si tenemos en cuenta el tiempo que esta mitología anticolectiva lleva presente en el proyecto ideológico conservador, casi podemos afirmar que el ejercicio de nostalgia tiene más que ver, precisamente, con la acusación de nostalgia contra el mundo del trabajo. Es una acusación muy vieja ya. La obsolescencia del movimiento sindical la han teorizado en la izquierda y la derecha desde los años sesenta del siglo pasado pensadores como Milton Friedman o Deleuze. Pero el caso es que aquí están los sindicatos, pactando una subida del Salario Mínimo Interprofesional que en 2023 deberá colocarlo en 1.049€.

Quienes traten de sacar conclusiones de la foto fija que los intelectuales hicieron del movimiento sindical después de Mayo del 68 están condenados a equivocarse

El movimiento obrero es dinámico. Quienes traten de sacar conclusiones de la foto fija que los intelectuales hicieron del movimiento sindical después de Mayo del 68 están condenados a equivocarse. Han pasado demasiadas cosas, sobre todo en España, desde la primera revuelta posmoderna. La incorporación de las mujeres al mundo del trabajo, por ejemplo, es un hecho no menor, que se traduce en volúmenes afiliativos a las organizaciones sindicales inimaginables para las élites intelectuales de entonces. Un mercado de trabajo mucho más diverso ha dado lugar a sindicatos y sujetos colectivos de mayor complejidad. La vieja foto del obrerismo homogéneo, tosco y excluyente con la que quiso caricaturizarnos el elitista “mayo francés” no es más que una reliquia. Apelar a ella es, esto sí, mera nostalgia con tintes reaccionarios. La foto es más vieja que el sindicalismo actual, que no ha dejado de renovarse en las últimas décadas, al contrario que algunos tuitstars y las élites intelectuales, que siguen apelando a los mismos referentes.

En la ingente cantidad de documentación que las organizaciones sindicales producen con sus análisis y propuestas está la evidencia de su capacidad para abordar la realidad concreta y su visión del futuro del país. Se puede compartir o no su contenido, pero no se trata de nostalgia, una acusación que terminará por sumarse a la ya enorme cantidad de conceptos mordaza con los que eludir los debates sobre la realidad de la política. En un sindicato, y lo digo desde el privilegio de participar en los debates del Consejo Confederal de CCOO, se mira al pasado sólo para extraer conclusiones y mejorar los procesos. También para reconocernos en lo que somos. Pero no para quedarnos.

En realidad, la acusación de nostalgia con el agravante de “incorporar componentes reaccionarios” tiene que ver con las estrategias de semicancelación que se utilizan masivamente en redes sociales. Cuando se encuentra un concepto entendido como peyorativo en la izquierda, como el de nostalgia, y se coloca bien contra alguien, evitamos debatir sus ideas de fondo. Producimos una reacción de rechazo en cadena a base de tópicos, que tienen como resultado la semicancelación del otro, su expulsión del terreno de juego. Los intelectuales, tuitstars y periodistas estrella apuntan, y la masa se dispara en redes provocando autocensura a través de la intimidación.

Jean-Françoise Lyotard alertaba en los años 70, en La condición postmoderna, sobre los riesgos de exclusión de las tecnologías telemáticas. Lyotard, nada sospechoso de antipostmoderno, definía el terror como una forma de eliminación del otro en el juego del lenguaje. Ese compañero de juego “se callará o dará su asentimiento, no porque sea rechazado, sino porque se le amenaza con ser privado de jugar (y hay muchos tipos de privación)”. Las estrategias de cancelación producen este “terror” en las redes. Una autocensura que coloca a ciertas figuras como popes irrebatibles porque el riesgo de discutirlos es ser expulsado/cancelado de la red. Con la acusación de nostalgia reaccionaria se trata de silenciar a los compañeros de juego que ponen el foco en la materialidad de la vida (lo que no quiere decir que no valoren el peso de lo simbólico). Porque la nostalgia reaccionaria hoy ha conquistado espacios institucionales reales, la comparación con ese riesgo real de retroceso puede ser una acusación dura. VOX existe. Pero este nuevo “concepto mordaza”, como muchos otros, no es más que una estrategia funcional con los intereses de los poderes económicos y las élites políticas conservadoras, para las que la falta de debates de fondo siempre es beneficioso.

La intelectualidad (y tuitstars varios) harían bien en dejar a un lado su pereza y ponerse al día sobre la realidad del movimiento sindical del siglo XXI si quieren decir algo con sentido. No sean ustedes vagos. El sindicalismo ha cambiado y seguirá cambiando. Y si los pensadores sesentayochistas reflexionaron mejor o peor sobre la realidad de su tiempo, ustedes deberían hacer lo mismo con el suyo. El antiobrerismo de Mayo del 68 no volverá. Aparquen sus nostalgias.

Raúl Cordero
Secretario general U.C. Sur de CCOO Madrid

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