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jueves. 06.10.2022

El relato de 2015

George Lakoff viene teorizando desde 1996 en torno a los marcos conceptuales en los que se desarrolla el debate político de nuestros días...

George Lakoff viene teorizando desde 1996 en torno a los marcos conceptuales en los que se desarrolla el debate político de nuestros días. La tesis de su conocidísimo libro “No pienses en un elefante” atribuye el éxito de una estrategia de comunicación política a la habilidad para situar el debate propio y el de los oponentes en un contexto conceptual propicio, a partir del cual estructurar un discurso coherente y eficaz. Según Lakoff, la lingüística cognitiva nos enseña que si piensas, discutes y propones en el marco analítico y emocional del elefante acabarás asumiendo las tesis del elefante, que es el símbolo del Partido Republicano en los Estados Unidos.

Lo que Lakoff denominaba “marcos conceptuales” o “visiones del mundo” en 1996, en España lo llamamos ahora “el relato”. ¿Y cuál será el relato que triunfará en el crucial año político que ahora comienza? De la respuesta a esta pregunta dependerá muy probablemente el resultado de las sucesivas elecciones catalanas, municipales, autonómicas y generales que nos esperan en unos meses y, lo que es más importante, el devenir de nuestras instituciones más relevantes.

Un “relato” eficaz ha de ofrecer una explicación sencilla y entendible de la realidad que aprecian los ciudadanos, de sus características y, sobre todo, de sus causas. A continuación es preciso señalar un culpable para los problemas. Un culpable fácilmente identificable y ajeno, por supuesto. Y, por último, hay que plantear una salida a modo de propuesta, en términos coherentes con lo anterior y de ejecución lo más simple posible.

En la actualidad hay tres grandes relatos en dura lid en nuestro país. El elefante del Gobierno se llama sacrificio y recuperación. Los socialistas manirrotos dejaron España al borde de la quiebra y el rescate. Todavía sufrimos las consecuencias de la “herencia socialista”. Gracias a la labor de un Gobierno eficaz y a los sacrificios de muchos españoles, la situación se está remontando: la economía vuelve a funcionar, se crea empleo y “la crisis es historia”. Ahora no podemos volver atrás. Para consolidar la recuperación no pueden volver a gobernar los socialistas despilfarradores. Tampoco cabe arriesgar la estabilidad votando a los radicales de Podemos. Y, desde luego, no puede apoyarse a quienes buscan romper España. Solo el PP garantiza la recuperación económica, la estabilidad política y la unidad del país.

Podemos tira del manual populista más tradicional para construir un relato simple y eficaz. Nosotros sabemos que ustedes están sufriendo mucho. ¿Saben cuál es la razón de su sufrimiento? Unos cuantos sinvergüenzas de la política de siempre y del dinero de siempre nos explotan y nos engañan. Son la casta. Mientras ellos disfrutan de privilegios y corruptelas, la gente sufre. Solo hay una salida. Echarlos a todos y que gobierne el pueblo, la ciudadanía auto-organizada. Es decir, Podemos. Este relato tiene una derivada en Cataluña: el populismo nacionalista, que sustituye la casta por España.

Hay un relato más. Claro que la gente sufre. La crisis ha castigado duramente a los españoles. Pero la causa de la crisis está en las políticas de la derecha europea. Y la derecha en el Gobierno español ha aprovechado la crisis para robar derechos y libertades a la gente, en su trabajo, en su sanidad, en su educación, en la atención a la dependencia, incluso en su derecho a manifestarse. La derecha ha gobernado para beneficiar al 10% de la población mientras el 90% de las clases medias y trabajadores perdía derechos y bienestar. La salida no puede estar en el PP, porque el PP es causante y cómplice de la crisis. Y tampoco puede estar en Podemos, porque sus líderes se limitan a hacer el discurso de la ira y el desahogo. Para recuperar los derechos perdidos no bastan la ira y el desahogo. Hacen falta propuestas viables, experiencia de gobierno, buenos equipos. Hace falta socialismo reformista.

El relato más veraz es, sin duda, el último citado. Pero, ¿será el que se imponga? Por desgracia, la veracidad no es la primera condición para el triunfo de nuestro elefante. En teoría, resultaría difícil que el Gobierno consiguiera demostrar su compromiso con los derechos y el bienestar de la gente, cuando no ha cejado de practicar recortes y retrocesos durante los tres últimos años. Y debería resultar complicado también que los populistas generaran confianza mediante la receta simple de decir a cada cual lo que quiere escuchar, y de ir cambiando el programa conforme parezca resultar conveniente. Hoy de izquierdas, mañana de centro. Hoy españolista, mañana independentista. Hoy no pagamos la deuda, mañana sí. Hoy prometemos la renta universal, mañana no. Hoy jubilamos a los 60, mañana a los 65.

Pero el triunfo de uno u otro marco conceptual, como nos enseña Lakoff, no depende de su apego a la realidad ni de su solvencia propositiva. Depende sobre todo de los recursos que se pongan en juego para tratar de imponerlo. La derecha tiene los grandes medios de comunicación a su favor, la mayoría de los privados y casi todos los públicos, comenzando por una RTVE que ya se ha puesto las pinturas de guerra. Los populismos tienen a su favor parte de los medios privados que ven en su ascenso un buen método para fraccionar a la izquierda y debilitar al PSOE. Y cuentan también con el enfado legítimo de muchas personas de buena fe, que tanto en España como en el resto de Europa se están dejando seducir por el canto de sirena de la protesta radical sin opciones para solucionar los problemas.

El relato del progresismo reformista no tiene la ventaja de los apoyos mediáticos más poderosos, ni tiene a favor el viento de la ira popular. Por tanto, sus defensores deberán hacer uso intensivo de las herramientas más tradicionales de la izquierda que aspira a gobernar para cambiar la realidad: la empatía con los que sufren, la argumentación racional, la comunicación directa, el debate abierto, el esfuerzo pedagógico, la persuasión inteligente… Todo ello con mucho trabajo de calle y con mucha humildad sincera. Reconociendo los errores cometidos. Reivindicando también una hoja de servicios repleta de conquistas positivas para las clases medias y trabajadoras. Y, sobre todo, proponiendo alternativas de futuro, propias, sugerentes y viables para mejorar la vida de la gente. Sin dogmatismos estériles, pero con los valores de siempre: la igualdad y la libertad.

Alea Iacta Est. Ojalá gane el mejor. Trabajaremos para ello.

El relato de 2015