domingo. 26.05.2024
GRAN ARCHIVO ZARAGOZA ANTIGUA
Foto: 'Gran archivo Zaragoza antigua'

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La ciudad de Zaragoza, en el año 1504, era clave dentro del Reino de Aragón y de la Corona. Las personas zaragozanas más relevantes de la época demandaban un reloj y unas campanas que dieran un horario oficial y guiaran la vida capitalina. De esta forma, promovieron levantar una torre, para lo que pidieron el necesario permiso del rey, que por entonces no era otro que Fernando el Católico.

  1. ¿Por qué comenzó a inclinarse la Torre Nueva?
  2. Su reconstrucción

El monarca dio su beneplácito. Se creó un consejo ciudadano, que fue quien adjudicó las obras y este proceso administrativo se encuentra registrado en los archivos históricos. Costó la obra 4.688 libras jaquesas y diez sueldos. Para su ejecución se contó con los recursos de la sisa.

Se sabe quién integraba el equipo de maestros de obras. La torre estaba construida con ladrillo en estilo mudéjar por los maestros cristianos Gabriel Gombau y Antón Sariñena y los mudéjares Juce Galí, Ismael Allabar y el maestro Monferriz. Se sabe cuánto cobraron por ello e incluso se sabe la sorprendente rapidez con la que desarrollaron su construcción.

En solo quince meses ya habían culminado la que desde entonces sería la Torre Nueva de Zaragoza, el edificio maño más alto durante siglos. Esta torre de 80 metros y 24 centímetros era algo increíble para inicios del siglo XV.

Fue el gran edificio medieval de Zaragoza y que cumplía con su misión de hacer visible el reloj, mientras que sus campanas se oían en cualquier rincón de la ciudad y en sus alrededores.

De cuatro alturas, la primera tenía forma de estrella de dieciséis puntas y las siguientes eran octogonales con contrafuertes angulares, característica propia de estas torres en el siglo XVI y modelo y ejemplo para otras torres como la de Santa María de Calatayud. El remate fue añadido en el año 1749, siendo este un vistoso triple chapitel, con cubiertas de pizarra, eliminado a partir del año 1878.

Aquella torre sorprendió a propios y extraños. Tanto por su inusitada altura, como por su belleza. De hecho, mucho tiempo después se seguía escribiendo que la Torre Nueva de Zaragoza era una de las construcciones mudéjares más hermosas de España.

Se trataba de una torre de cuatro cuerpos, teniendo el más bajo la forma de estrella con dieciséis puntas y los otros tres cuerpos con un perfil octogonal. Mientras que el tejado recreaba ocho pirámides rematadas por esferas de piedra.

A estas dimensiones y a su esbeltez habría que sumar la ornamentación a base de ladrillos y cerámicasEs decir, la habitual decoración mudéjar que por fortuna todavía se conserva en otras torres históricas de Zaragoza, como en la iglesia de San Pablo o en la Magdalena.

Era una torre deslumbrante, pero pronto llegaron los problemas. Primero hubo que cambiar una campana por resultar defectuosa. Poco después se comprobó que la Torre Nueva se inclinaba. Y se inclinaba mucho. Eso provocó que se reforzara su base, haciéndola octogonal. Y bastante después también la parte más alta se sustituyó por elementos más ligeros.

¿Por qué comenzó a inclinarse la Torre Nueva?

La explicación hay que buscarla en que fue muy rápida su construcción. La torre empezó a inclinarse poco tiempo después de su construcción, posiblemente debido a las prisas en construir los cimientos y el primer cuerpo.

La parte sur de la torre fraguó más rápidamente que la parte norte, lo que causó una diferencia en las tensiones de ambos lados que inclinaría la torre. Se intentó poner remedio reforzando los cimientos, pero la inclinación se mantuvo. Su inclinación o desviación respecto a la vertical era de casi tres metros. Pero aun así, la Torre Nueva, tras alcanzar su punto de equilibrio, ya se mantuvo así y la inclinación no fue a más.

Lo podemos comparar con otras muchas torres, como la de Pisa. Pero también en Zaragoza hay ejemplos comoSan Juan de los Panetes. Cada una tiene un motivo para su inclinación, pero es evidente que se mantienen erguidas. Lo mismo ocurrió con la Torre Nueva durante casi cuatro siglos.

Se cambió varias veces su reloj, y se modificó el remate superior. Se convirtió en el mejor puesto de vigilancia posible, resistiendo incluso bombardeos como los que sufrió en los Sitios. Y ni siquiera así se vino abajo.

Pese a su indudable resistencia, su inclinación y su altura siempre fueron una sombra amenazante. Durante los siglos XVIII y el XIX se le hicieron diversos estudios técnicos.

La mayoría de estos estudios dictaminaron su estabilidad. Aunque también los hubo que argumentaron lo contrario. Finalmente ese fue el criterio que prevaleció. Mientras la ciudad se dividía entre los que estaban a favor de su derribo y los que no.

Hubo firmas pidiendo su conservación, y muchas llegadas de fuera de Zaragoza, donde se valoraba enormemente la belleza y el valor patrimonial de la Torre NuevaPero aun así, en el año 1892 decidió derribarlaen el llamado pleno municipal del turricidio.

Al igual que ocurre con su construcción, también se registró el proceso administrativo que rodeó su destrucción. Hasta se sabe que se levantó un andamio varios días para que los vecinos pudieran despedirse de la Torre Nueva. También se vendieron sus ladrillos a modo de recuerdo.

En el embaldosado de la plaza zaragozana de San Felipe se distingue un octógono enfrente del Torreón ForteaEse octógono marca el emplazamiento de la Torre Nueva. Y también indica donde se recreó hace unos años un fallido memorial de ladrillo.

De aquel memorial solo queda una evocadora escultura de bronce moldeada por Santiago Gimeno LlopEs un joven sentado en el suelo y mirando hacia el lugar donde estuvo la torre.

Aunque sea solo pintada en el mural que hay en el cruce entre la plaza y las calles del Temple y Torre Nueva. Un mural pintado por Vicente Gómez Arbiol y Fabiola Gil Alarés.

Todavía hay más recuerdos de la Torre Nueva. Se encuentran en el interior de Montal. Ahí durante mucho tiempo la familia recopiló un sinfín de objetos y documentos relacionados con la torre y ahora se los enseñan a sus clientes en un singular espacio museístico.

Junto a lo que fue la torre está la vecina iglesia de San Felipe y su atractiva fachada barroca. Una plaza que por tener, hasta tiene un monumento que solo existe en la memoria, la Torre Nueva.

Según los entendidos de la épocahasta diez pies del suelo la torre descansaba sobre su eje, pero desde esa altura hasta los 210 pies se inclinaba para en su tramo final continuar vertical.

Reloj que colgó de la Torre Nueva de Zaragoza
Reloj que colgó de la Torre Nueva de Zaragoza

Nunca se consiguió corregir lo que la hizo conocida en toda España y protagonista de relatos y pinturas. Los expertos afirmaban que la inclinación era de casi tres metros.

El gran reloj que lucía la fachada de la Torre Nueva era obra de Jaime Ferrer que lo colocó en el año 1512, junto a las dos campanas que repicaban en lo alto de este monumento. Tras su derribo una de esas campanas se colocó en una de las torres del Pilar en el año 1896.

Su chapitel fue modificado en tres ocasiones. La primera lo formaban ocho pirámides coronadas por una esfera. En el año 1680, comenzó a rajarse y se eliminaron las pirámides colocando en su lugar un chapitel menos pesado.

Su sustituto sería un triple chapitel, con cubiertas de pizarra con una aguja, una bola, un arpón dorado y una cruz, colocados en el año1749. Seliminó de nuevo en el año 1878 para cambiarse por un tejadillo de cuatro vertientes.

Durante la Guerra de la Independencia la Torre Nueva sirvió como torre de vigilancia para controlar los movimientos de los franceses y que tras la Guerra también se vio resentida. En el año 1818, se le hicieron nuevas reparaciones y el arquitecto encargado de dicha obra, Agustín Caminero, restó importancia a la inclinación de la torre asegurando que no se caería.

Fue en el año 1829, cuando llegaría la sustitución de su gran reloj, ya que el anterior había dejado de funcionar. Diecisiete años más tarde, un fuerte vendaval dejó gravemente dañada a la Torre Nueva. Fue entonces cuando las voces a favor de su derrumbe comenzaron a aflorar.

Durante el romanticismo fue cuando la imagen de la torre se convirtió en un icono, pues escritores de todo occidente se refirieron a ella en sus escritos. Pero nada le sirvió para acabar con sus detractores.

A pesar de la opinión de arquitectos como José de Yarza y Miñana que aseguraba que la torre no se iba a caer y la defensa de muchos intelectuales de la época quienes calificaron de turricidio este hecho en el año 1892 el pleno del Ayuntamiento votó a favor de su derribo.

Entre los defensores de la torre destacaron los hermanos Gascón de Gotor, que publicaron numerosos artículos denunciando la destrucción de la más bella torre mudéjar, calificándolo también como el mayor crimen artístico cometido en España.

El derribo de la Torre Nueva se consumó el doce de febrero del año 1892 mediante un acuerdo del Ayuntamiento de Zaragoza y puso fin a una historia de cuatro siglos. El derribo duró un año, empezando en el verano del año 1892 con la instalación de unos andamios.

Los ladrillos de la torre se vendieron para cimientos de nuevas casas de la ciudad, con lo cual se demostraba que eran perfectamente sólidos, y que la torre se demolía arbitrariamente. En el verano de 1893, definitivamente, Zaragoza se quedó sin su Torre Nueva.

Antes de llevarse a cabo el derribo se permitió durante una semana a todos los ciudadanos que quieran, previo pago de diez céntimos, subir a lo alto de la torre para contemplar sus vistas por última vez.

Muchos criticaron este acto dado que si la torre estaba en tan malas condiciones por qué dejaban que la gente subiera poniendo sus vidas en peligro. Por esta razón son muchas las voces que acusan a los gobernantes de esa época de sacar beneficio de aquel evitable derribo de uno de los monumentos más importantes que ha tenido la ciudad de Zaragoza.

No solo se hizo negocio con la entrada para ver la torre por última vez sino con muchas de las piedras que formaba la torre y que fueron vendidas para levantar algunas de las casas del centro de la ciudad.

Los nostálgicos que quieran recordar este bonito monumento pueden acercarse a la plaza de San Felipe en la que quedó dibujadaen los adoquines del suelo, la base del edificio, justo en el lugar donde se alzaba la majestuosa torre.

También quedan restos de la maquinaria de su reloj y su gran esfera en los bajos de Casa MontalEsta tienda de alimentación con solera, que además acoge un pequeño museo, se sitúa en la misma plaza San Felipe y ha sabido conservar parte de este valioso recuerdo. Sus fotografías y demás reliquias se pueden visitar de forma gratuita en el horario de la tienda.

Un poco más adelante, en la fachada de unas viviendas también podemos contemplar un gran mural que nos descubre cómo fue aquella torre. Y otro gran mural formado, esta vez por baldosas, es el que se puede ver en el hall del Servicio Provincial de Sanidad, en el paseo María Agustín que da fe de la grandiosidad de esta torre civil.

Pero sin duda, el mejor homenaje que podemos hacerle es acompañar a ese joven que sentado en la plaza, con las piernas abrazadas, eleva su mirada al cielo buscando la figura de aquella que algún día fue una de las mayores representaciones del arte mudéjar de la ciudad de Zaragoza.

Entre las vistas fotográficas conservadas destaca la realizada por Charles Clifford, en octubre del año 1860, o las diferentes tomas de J. Laurent, entre los años 1863 y 1877. Pero también fue inmortalizada por fotógrafos locales como Júdez o Coyne.

Su reconstrucción

En la década de los años 1980, nació la asociación Amigos de la Torre Nueva, que planteó su reconstrucción, siguiendo el ejemplo de la reconstrucción del campanario de la basílica de San Marcos, en Venecia.

En las elecciones del año 2015, el candidato a la alcaldía de Zaragoza por el PAR, Xavier de Pedro, propuso durante la campaña electoral su reconstrucción mediante financiación colectiva, pero no llegó a ser elegido concejal.


Bibliografía

Gómez Urdánez, Mari Carmen. “La Torre Nueva de Zaragoza y la documentación del siglo XVI: historia e historiografía”. 2002. Aetigrama Universidad de Zaragoza.
Serrano Dolader, Alberto, “La Torre Nueva de Zaragoza”. 1989. Ayuntamiento de Zaragoza. Zaragoza.

La Torre Nueva de Zaragoza