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domingo. 26.06.2022
cambio climatico

Estamos en Semana Santa, los musulmanes están en su Ramadán, las Naciones Unidas se encuentran embarcadas en una campaña de alerta al conjunto del planeta, planteando que es “Ahora, o nunca”. Eso dicen, al menos, los 278 científicos de 195 países del planeta reunidos en torno al Sexto Informe del Panel de Expertos de la ONU contra el Cambio Climático.

Ahora, o nunca, o rebajamos a la mitad nuestras emisiones de CO2 y un tercio de las emisiones de metano, en los próximos 8 años, hasta 2030, o la temperatura media aumentará más de 1´5 grados y el riesgo será extremo no para el planeta, sino para nuestra supervivencia. El planeta ha soportado ya muchas extinciones y la nuestra sólo sería la penúltima.

Nos alertan los expertos de la ONU de que la reducción tiene que ser rápida y debe afectar a todos los sectores de la economía. Rebajar el uso del petróleo, del gas, del carbón, porque nos encontramos en los niveles más altos de emisiones de gases de efecto invernadero en toda nuestra historia sobre el planeta.

Los expertos hablan de apostar por las energías renovables, la electrificación de los vehículos, o la utilización de nuevos combustibles no contaminantes como el hidrógeno, o de fuentes de energía distintas como las mareas, el viento, o el sol.

Hace medio año 14.000 científicos firmaban un informe en la revista BioScience en el que alertaban sobre el hecho de que la vida en el planeta está amenazada por la acción humana. Los arrecifes de coral mueren, el Amazonas se encuentra seriamente amenazado y la Antártida, el Polo Norte, o Groenlandia están viendo la desaparición de enormes extensiones de hielo.

Es absurdo que nos vendan que podemos emigrar masivamente a otros planetas después de terraformarlos. Es absurdo pensar que es posible otro planeta, un planeta B. Los seres humanos estamos rompiendo el frágil equilibrio que permite la vida en el planeta.

Destruimos ecosistemas, emitimos más gases de efecto invernadero que en los últimos millones de años, cada año se convierte en el más caluroso, o en el que se producen más desastres, como las inundaciones, sequías, incendios, deshielos, olas de calor nunca antes vistas y esos desastres naturales ocurridos en otros momentos son ahora más frecuentes y simultáneos.

De nuevo aquellos expertos reclamaban mayores costes para los que emiten más carbono y hasta la prohibición de los combustibles fósiles. Anunciaban positivos crecimientos de la energía solar y eólica y reclamaban también que había que actuar con rapidez sobre estos problemas.

Todos parecen empeñados en constatar la dramática situación y la necesidad de actuar de forma inmediata, pero nadie, ni los políticos, ni tan siquiera muchas organizaciones sociales, ni los propios científicos se atreven a plantear que, tras las crisis que hemos vivido desde 2008, seguida de la pandemia COVID19 y ahora la guerra de Ucrania, no es posible esperar un retorno a la vida anterior sin más.

En un planeta que camina hacia los 10.000 millones de personas, garantizar para todos los niveles de consumo y calidad de vida de los países desarrollados es imposible

Cuando vivimos en un planeta que camina aceleradamente hacia los 10.000 millones de personas, garantizar para todos los niveles de consumo y calidad de vida de los países desarrollados es imposible a no ser que aceptemos que estamos ante la obligación de reducir y racionalizar el consumo.

No es solución llenar los campos de aerogeneradores, de turbinas con aspas, o de palotes erectos sin aspas. O llenarlos de paneles solares, costeados con subvenciones europeas que algunos se embolsan, aunque luego queden inoperativos, a merced de los elementos. 

No es solución acometer el coste de sustituir los 15 millones de vehículos de gasolina o gasoil que hay en España, por vehículos eléctricos, cuyas emisiones en el proceso de fabricación suponen un 70 por ciento más de emisión de carbono que los de fabricar un vehículo convencional. Luego, es verdad, durante su vida útil emiten menos carbono.

Pero al final hay que desprenderse de enormes baterías que nadie sabe dónde van a acabar, probablemente en aquellos países de donde se sacaron los metales raros para su construcción a costa de sangre y muerte los componentes para fabricarlas. El círculo de las baterías se cerrará contaminando las tierras de los que ya pagaron con su vida la obtención de los minerales con las que las fabricaron.

No. Que nadie nos mienta. Un amigo, desde Tetuán, me recuerda que es hora de recuperar el discurso pronunciado por Enrico Berlinguer, en 1977, ante una convención de intelectuales. Un hermoso y valiente discurso del Secretario General del Partido Comunista Italiano, sobre la austeridad, en unos momentos en los que el terrorismo de la extrema derecha y de las Brigadas Rojas, asolaba Italia y el país sufría la crisis económica desencadenada por la brutal subida de los precios del petróleo a causa de los conflictos y guerras entre los árabes y los israelíes.

La austeridad es nuestra única posibilidad de futuro como especie sobre el planeta

Berlinguer era el fundador del eurocomunismo, al que había arrastrado a  Santiago Carrillo, Secretario del Partido Comunista de España y Georges Marchais, Secretario del Partido Comunista Francés. El eurocomunismo seguía las huellas de Salvador Allende, o de Alexander Dubcek en el intento de construir un comunismo en libertad, que rechazaba la persecución de la libertad en los países del Este.

En su discurso Enrico Berlinguer establece un nuevo criterio para la izquierda que acomete el problema del consumo, en lugar del problema de la producción. Para él superar el modelo capitalista para crear una sociedad más justa pasa por combatir el despilfarro, el consumo compulsivo, pasa por el control de los recursos energéticos y por fomentar la solidaridad y la cooperación, frente al individualismo competitivo y el sálvese quien pueda.

No creo que, a la vista de cómo han evolucionado las cosas, el discurso de Berlinguer tuviera mucho éxito, ni entre las derechas italianas, ni entre las propias izquierdas italianas, o europeas, embarcadas todas ellas en un desarrollismo disparatado, generador de empleos y consumos acelerados.

Y sin embargo 45 años después, aquellos que calificaron de iluso a Enrico Berlinguer, no pueden sino reconocer que la austeridad es nuestra única posibilidad de futuro como especie sobre el planeta. Alguien tendría que decirlo, en la derecha, en la izquierda, en la sociedad, en el sindicalismo, en la sociedad, en la política.

La austeridad será nuestra salvación