lunes. 04.03.2024

 “La primera causa de la servidumbre voluntaria es la costumbre”
(Etienne de La Boetie)


El Discurso sobre la servidumbre voluntaria de Etienne de La Boetie vuelve a estar una vez más de actualidad. Su autor lo escribió con sólo diecisiete años para denunciar que la permanencia bajo el yugo de las tiranías y del absolutismo requiere del concurso de los súbditos. La educación y la costumbre nos habitúan a dar por buena una situación manifiestamente mejorable sin rebelarnos contra ella. Se diría que todo esto no afectaría en absoluto a los miembros de las democracias liberales, por aquello de que nos damos nuestras propias leyes autónomamente a través de nuestros representantes electos y eso nos exonera del carácter arbitrario que tiene todo poder absoluto. 

Sin embargo, no es oro todo lo que reluce. Las Declaraciones de los derechos humanos o las garantías constitucionales relativas al bienestar de la ciudadanía se quedan muchas veces en papel mojado. Mientras que los gastos de Defensa son indiscutibles, en cambio los presupuestos destinados a educación, al sistema sanitario, las pensiones, becas o subsidios resultan muy controvertidos y suelen sufrir muchos recortes, máxime cuando se rebajan sin más los impuestos. En el ámbito laboral es muy complicado revertir algunas reformas que, so pretexto de hacerlo más competitivo y dinámico, consolidó una insoportable precariedad contractual aparejada con remuneraciones mezquinas. 

La creación de Oficinas de Empleo Temporal sorprendió a quienes tenían otra cultura en relación con el trabajo, concebido como un medio de susbsistencia que permitía emanciparse, acceder a una vivienda y hacer todo tipo de planes vitales como emparejarse o ampliar el círculo familiar. El concepto de mini trabajo jibariza lo que no admite verse reducido a una escala mucho menor sin perder sus rasgos primordiales. Los recibos hay que abonarlos cada mes y se come a diario sin ayunar durante semanas. Es absurdo plantear unos ingresos inestables e intermitentes para cubrir unas necesidades que son constantes y sistemáticas. 

Es absurdo plantear unos ingresos inestables e intermitentes para cubrir unas necesidades que son constantes y sistemáticas

Bajo el primado de maximizar los beneficios las empresas tienden a minimizar el coste salarial, salvo en el caso de quienes deciden hacer esas cuentas que nunca se aplican a sí mismos su propia receta. Incluso la administración pública despide en verano a los interinos contratados como docentes durante el curso para contar con ellos al comienzo del siguiente. Ahí está el personal sanitario al que se aplaudía desde los balcones al comienzo de la pandemia y en pleno confinamiento. Se ha despedido a los refuerzos y en general sus condiciones laborales van degradándose cada vez más, porque resulta más rentable en términos electoralistas gastar un potosí para construir un hospital sin quirófanos. 

Apple traslada la fabricación de sus Iphone a la India desde China, cuando podría generar empleo en suelo estadounidense radicando allí sus fábricas. La deslocalización ha empeorado las condiciones laborales por doquier, con la excusa de que siempre habría gente más necesitada bien dispuesta a cobrar mucho menos y trabajar más horas. En lugar de exportar derechos hemos hecho lo contrario, importando salarios propios de países totalitarios o empobrecidos. Al caer el Telón de Acero desapareció un contrapeso ideológico que hacía respetar ciertos derechos trabajosamente conquistados en las democracias occidentales. El capitalismo decidió que todo el monte era orégano y que ya no hacía falta guardar las apariencias para engatusar a quienes padecían los reveses del socialismo real. 

En lugar de exportar derechos hemos hecho lo contrario, importando salarios propios de países totalitarios o empobrecidos

Entre nosotros los más jóvenes no tienen puntos de comparación, al no haber conocido otra cosa. Resulta lacerante oír frases como “es lo que hay” o “no deja de ser un trabajo” para describir actividades muy mal remuneradas que no merecen ese nombre. Quien contrata pretende imponer sus horarios y contar con una plena disponibilidad aunque sólo esté dispuesto a pagar un mínimo de horas. Algunos cobran unas pocas horas pese a invertir todo el día en desplazarse y no poder disponer de los huecos que tienen sus infames horarios fragmentados. A otros se les camufla de autónomos para que asuman todos los gastos y las contingencias de cualquier accidente o contratiempo. Para colmo se demanda profesionalidad y lealtad hacia el pagador, que por otra parte cierra los ojos ante cualquier tipo de sobrecualificación, porque no le interesa reflejarla en la nómina. 

Asistimos a lo que cabría denominar sin ambages como una nueva forma de esclavismo, aunque se trate de una esclavitud formalmente consentida y fruto de una nueva servidumbre voluntaria. Desde siempre se ha esclavizado por la fuerza. El neoesclavismo laboral pretende además pasar por benevolente, puesto que sus víctimas no dejan de suscribirlo azuzadas por las circunstancias. Lo peor es ir acostumbrándose sin hacer nada para remediarlo, conformándonos con rehuir en primera persona esa penosa situación. Tácitamente damos por buenas unas condiciones laborales que deberían ser consideradas como inasumibles, porque son absolutamente repudiables. La tiranía de la lógica capitalista y un mercado laboral tan volátil como precario no debería contar con tanta servidumbre voluntaria. Esta perniciosa inercia es una de las cosas que comprometen seriamente nuestro futuro. Lo precario desestabiliza y nos hace descarrilar.

En cualquier caso, se diría que los contratados eventuales no son tanto personas como meros engranes dentro de la maquinaria productiva, fácilmente recambiables y cuya dignidad humana no merece respeto alguno.

Servidumbre voluntaria y precariedad laboral