<---Taboola---> <---Taboola---> #TEMP
domingo. 05.02.2023

Para medir la importancia de los satélites en la guerra de Ucrania recordé una anécdota que me sucedió alrededor del 2007, cuando estaba trabajando en un artículo sobre la cartografía durante la Guerra Civil; entonces conocí al actual marido de una capitalista de rancio abolengo, otrora un atractivo bibliotecario. Supongo que ahora preferiría que su historia permaneciera sin contar. En efecto, gracias a él comprendí la capital importancia de los mapas en las contiendas militares. Y supe datos tan curiosos como que el bando sublevado al carecer de mapas oficiales estuvo la primera parte de la guerra utilizando la guía Michelin de carreteras. Más tarde, y gracias a cartógrafos italianos y a las fotografías aéreas de la aviación nazi, los enemigos de la República confeccionaron sus propios mapas. Poco se ha mencionado que los Estados Unidos suministraron los indispensables camiones y la gasolina, con la que hicieron la guerra los ejércitos de Franco. La desbandá, Guernica y el ataque de los submarinos nazis son cosas que pasaron con la ayuda de la información cartográfica. Aquel muchacho era muy listo. Se podría pensar que alguien que siempre está en una biblioteca lleva una vida anodina. Nada más lejos de la realidad. Después de casarse se hizo escritor. Para no irme por las ramas me gustaría contaros una historia que me dijo el día de su boda:

En aquellos años los bancos daban créditos con demasiada facilidad y tal vez por eso en 2008 estalló la burbuja inmobiliaria y llegó la gran crisis financiera

- Mi esposa ha solicitado en menos de un mes diez créditos de 100.000 euros con ocho entidades distintas.

- ¿Y para qué ha hecho tal disparate?

- Como una inversión. Se ha comprado diez pisos en un barrio humilde, construido en tiempos de Franco y ahora los ha alquilado a trabajadores y estudiantes. 

- ¿Y cómo le han dado un millón de euros, así como así?

- Siempre le ha gustado vivir por encima de sus posibilidades y se supone que es solvente. Además los solicitó antes de que las entidades bancarias cruzaran los datos con el Banco de España.

Mi mujer dice que, debido a la morosidad, los ocupas y a la subida de la luz y de las hipotecas le sale más rentable pagar lo que le queda de las hipotecas ella misma con la venta de algunos pisos alquilados

Probablemente ya han tomado medidas hoy día nadie podría hacer lo de pedir créditos a diestro y siniestro, pero aquellas hipotecas todavía están vigentes. Quizá nadie duda que fue necesario rescatar a los bancos, pero lo incomprensible es lo de condonarles gran parte de su deuda o la creación del famoso banco «malo». En cierto modo el rescate bancario fue una estafa. Y el peligro de la conversión del dinero público en dinero privado a la larga es un multiplicador de pobreza. Recordemos que el Estado tiene una caja única y la Seguridad Social se nutre con las cuotas de los trabajadores. En efecto, en aquellos años los bancos daban créditos con demasiada facilidad y tal vez por eso en 2008 estalló la burbuja inmobiliaria y llegó la gran crisis financiera. Ya forma parte de la historia de España la fusión de las entidades bancarias y el rescate financiero llevado a cabo por Rajoy, en parte con la hucha de las pensiones. Pero aquel funcionario especializado en cartografía y casado con una empresaria de rancio abolengo, me llamó el otro día y me dijo:

- Estoy cansado de mi matrimonio. Vivimos en casas diferentes.

- ¿Y eso?

- Mi mujer dice que, debido a la morosidad, los ocupas y a la subida de la luz y de las hipotecas le sale más rentable pagar lo que le queda de las hipotecas ella misma con la venta de algunos pisos alquilados.

- ¿Y tú qué vas a hacer?

- No lo sé. Estoy escribiendo un libro sobre la memoria histórica y la importancia de la reparación moral de las víctimas del franquismo.

- ¿Y tú, qué haces ahora?

- Escribo un libro sobre los fondos buitres que controlan viviendas que eran de protección oficial y la verdadera utilidad que se le da hoy en día al supuesto parque de viviendas público creado durante el franquismo.

Confesiones de un capitalista medio desencantado con la burbuja inmobiliaria