El egoísmo no puede ser el motor de nuestras vidas
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Ser egoísta es un hecho inherente en muchos seres humanos y sus acciones provocan más de un problema, no solo al ser humano egoísta sino también, de manera importante, a todos aquellos que conviven con él.
Pero lo peor de todo es cuando pasamos, de ser egoísta de forma puntual, al egoísmo como motor de nuestras vidas. Pues esta, se convierte en una "mentira" en un subir y bajar en las acciones, en los sentimientos, en el devenir de nuestras vidas y con ello en las vidas de los que nos rodean.
Cuando el egoísmo es el motor de nuestras vidas, la política, la igualdad, nuestras acciones, las alteramos para nuestros beneficios sin importarnos lo que dejamos atrás
Es vivir en una falsedad continua, en un "engaño" de la realidad y esta se convierte en irracional, insensata, cruel, "maltratadora". Puesto que, al ser humano egoísta, donde el egoísmo es el motor de su vida, solo piensa en lo que es mejor para sí mismo, aunque en esa falsedad, irracionalidad y mentira no la vea y crea radicalmente que su egoísmo es fruto de la entrega hacia los demás. ¡Qué mentira!
Cuando el egoísmo es el motor de nuestras vidas nos convertimos en egocéntricos, "mentirosos" de nuestras verdades insolidarias, carentes de sensatez, "maltratadores" en nuestras acciones y de la racionalidad, la verdad y la entrega hacia los que nos rodean.
Cuando el egoísmo es el motor de nuestras vidas no pensamos en los demás, decidimos por ellos, los utilizamos, imponemos nuestra verdad como única válida e incluso la adornamos, esta, con palabras y hechos de entrega y solidaridad, cuando lo único que buscamos es el aumento de nuestra estima, el ser valorado, el ser querido sobre los demás, el que nuestro hecho sea vanagloriado, la felicitación, la estatua o imagen de ser venerada y alabada.
Cuando el egoísmo es el motor de nuestras vidas, acotamos, queriendo o sin querer, la libertad de los otros y de los que nos rodean
Cuando el egoísmo es el motor de nuestras vidas, esta se vuelve egocéntrica, ajena a la realidad y se convierte en una irrealidad, fantasía, sueño continuo con deseos de "liderazgo", endiosamiento e insensatez. Dejamos en parte de ser humano para convertirnos en "marionetas" de nuestro propio egocentrismo irreal y fantasioso.
Cuando el egoísmo es el motor de nuestras vidas, la política, la igualdad, nuestras acciones, las alteramos para nuestros beneficios sin importarnos lo que dejamos atrás: desigualdad, exclusión, dolor, "dictadura", falsedad política y lo peor "destrucción" de lo más importante: la vida humana y el ser humano con su dignidad y libertad.
Puesto que, cuando el egoísmo es el motor de nuestras vidas, acotamos, queriendo o sin querer, la libertad de los otros y de los que nos rodean.
No podemos dejar que el egoísmo sea el motor de nuestras vidas, puesto que, si lo es, perderemos lo más importante del ser humano: la grandeza, el valor de la libertad y con ello la dignidad.