martes. 16.04.2024
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Konrad Lorenz | Se lo considera uno de los fundadores de la etología moderna, el estudio del comportamiento animal.

Leyendo al más inteligente y osado de los psicoanalistas, [1] (a pesar del descrédito que en sus actividades como pionero se ha ganado), aprendí que el ser humano (y con mayor o menor capacitación, todos los seres vivos), actúa a través de unas motivaciones que están representando la materialización de un disfrute al que se conoció como Principio del Placer; que el goce inadecuado y en muchos casos la mera substanciación de esa deleitación podía resultar peligroso para la integridad del sujeto involucrado; que ante la predisposición de incurrir en él, se alzaba el hecho de las posibles consecuencias que podría acarrearle…; Una supeditación que pasó a denominarse como Principio de la Realidad.

Estuve durante mucho tiempo ponderando sobre estas enseñanzas, ya que entendí que en ellas podría encontrar un buen número de respuestas a las preguntas que me habían estado acosando. Consideré el hecho de que: "al estar el inconsciente regido por el Principio del Placer y al abarcar aquél los más viejos procesos primarios; es decir, al encerrar una base de desarrollo en la cual se conforma una especie de proceso mental que no lucha más que por obtener placer, y que ante cualquier actuación que pueda provocar desagrado, retrocede", [2]

 

En función del Principio de la Realidad se inicia en él,otro proceso que en su culminación llega a manifestarse como concienciación que al llegar a este punto parece haber surgido como consecuencia de una especialización de las potencialidades encerradas en lo biológico.

Como la conjunción de una serie de factores que como manifestaciones de lo orgánico, aisladamente no cruzarían esta frontera, pero que a través de las debidas conexiones neuronales que en su desarrollo tienen lugar en el cerebro, se sintetiza una capacidad para abstraernos.

Una competencia que al permitirnos diferenciar entre lo que son nuestras tendencias y lo que habiendo sido elaborado como un Principio de la Realidad hemos estado almacenando en la memoria, hace que lo observado en nuestro entorno se encuentre sometido a una interpretación abstracta que como Principio de Actuación determina lo que racionalmente haya de ser nuestra conducta.

Una substanciación que por la propia naturaleza de su manifestación, Konrad Lorenz denominó como "fulguración"; [3] y que considerada como la aparición de una capacitación que se manifiesta como una dimensionalidad noosférica, [4] adquirió propiedades inéditas.

En este contexto, siguiendo el sentir que ya hoy en día es general, el verdadero comienzo de esta etapa no estuvo determinado exclusivamente por la especialización a la que en función de un proceso evolutivo se pudo llegar. Fue una especialización que alcanzada a través de la complejidad (y no de la direccionalidad que sigue lo existente), constituyó un salto cualitativo que transformó el ejercicio puramente biológico en una actividad racional y consecuentemente en una capacitación introspectiva.

Reflexioné sobre la singularidad que representa el que los animales tengan la facultad de desarrollar un comportamiento, que aunque no posea para ellos la misma significación que para nosotros tiene el Principio de Actuación, representa una manera de desenvolverse ante la realidad.

Un comportamiento en el que podemos constatar la proyección a la que se ven sometidas sus carencias como la necesidad de una impulsión. En cierta forma en ellos concurre un tipo de memoria; una retentiva que por ser instintiva y por tanto inconsciente, es no obstante el peldaño desde el que se alcanza un estado de elaboración mental que les permite seleccionar sus objetivos como consecuencia de las necesidades que instintiva o biológicamente les estén determinando.

[1] Sigmund Freud, 1856-1939.

[2] Sigmund Freud, Los dos principios del suceder psíquico. Collected Papers IV, pág 14

[3] Konrad Lorenz, La otra cara del espejo. Plaza y Janes, pág. 43. A este respecto, contemplando lo que como materialización de esta conducta ejerce lo que denominamos como libre albedrío sugiero al lector lo mencionado en los últimos párrafos de la obra “1983 Un año antes de”

[4]  Expresión repetidamente utilizada por Teilhard de Chardin.

Principio del Placer y Principio de la Realidad