miércoles. 21.02.2024
Graham Greene: ‘El poder y la gloria’
Graham Greene: ‘El poder y la gloria’

Soñé que me iba de vacaciones a un país centroamericano, uno de esos países desordenados, que con la pandemia y la guerra de Ucrania ya parecen tan lejanos. Por supuesto allí todo era posible, y su realismo mágico mezclaba la realidad y la ficción. Todavía no podía dilucidar si me encontraba en México o quizá tal vez en Nicaragua, cuando apareció un singular sacerdote al que todos llamaban «Pater Whisky»

Era un día muy tórrido y él se notaba que sudaba bajo sus hábitos, porque venía muy apurado huyendo de la justicia. Enseguida me llevó a un rincón oscuro de una cantina y comenzó a beber cerveza. La comida era sabrosa y él de repente, se animó a contarme que lo de huir le venía de familia, porque había tenido antepasados que tuvieron que escapar de México por la guerra cristera. 

En efecto, su último sermón dominical parecía haber sido la gota que colmó el vaso y por eso ahora andaba muy preocupado. No en balde, Daniel Ortega estaba empezado a mirar con malos ojos a todos aquellos se subían al púlpito y hablaban al pueblo, ya no le importaba que lo hicieran como pastores de rebaño. Tanto es así que sus soldados cargados con fusiles, les esperaban en la puerta los domingos, cuando llenaban las iglesias para difundir la palabra de Dios. 

En ese preciso momento, una preciosa jovencita salió al escenario y se hizo el silencio. Era voluptuosa y su cintura cimbreaba mientras bailaba cumbias colombianas, pero sobre todo, tenía sentimiento cuando cantaba. De hecho, mientras ella se puso a interpretar una visceral ranchera sobre un ingrato jovencito, más de uno se sintió conmovido hasta los huesos.

― Padre, padre… debe de haber alguna manera de huir de aquí… quiero volver a España…

― Podemos escapar juntos a México… hay un barco que sale pasado mañana a las tres.

― Parece que los dos tenemos mucha prisa por salir de aquí.

― Creo que me andan buscando…

― ¿Y tú que has hecho? ―Preguntó el sacerdote.

― Nada. Vine para escribir un libro y ahora quiero volver a mi casa.

― ¿Tienes dinero? Tenemos que sobornar a los marineros para pagar el viaje.

― Sí.

― ¿Te fías de mí?

― Me caes bien, pero tengo que reconocer que nunca había visto un sacerdote tan «bolichero»…

― ¿Cómo me has encontrado? ¿Por qué has venido aquí?

― Por nada en especial. Andaba buscando un dentista. Me dijeron que preguntara por usted.

― Tengo contactos. Pero no te aconsejo que vayas al dentista en estos momentos. Es mejor que esperes a que lleguemos a México.

Daniel Ortega estaba empezado a mirar con malos ojos a todos aquellos se subían al púlpito y hablaban al pueblo, ya no le importaba que lo hicieran como pastores de rebaño

― ¿Por qué?

―Te contaré un secreto. Daniel Ortega suele premiar a los afines a su régimen. En otras palabras, los estudiantes de odontología cuando comienzan el segundo curso, pasan sin más al cuarto curso. Es decir, los dentistas del pueblo te pueden hacer una carnicería en un santiamén, una carnicería y una infección, que con la escasez de antibióticos que hay en el país te puede llevar a conocer la gloria de Dios.

― Entiendo.

― Pero eso es lo menos malo que hace su régimen con los estudiantes.

― En efecto, todo el mundo conoce su brutal represión de las protestas estudiantiles. Algunos estudiantes nunca aparecen y todos sabemos que están muertos. 

― Yo también te diré la verdad. Es muy fuerte que la Iglesia católica sea la única voz crítica que queda en el país. Ya nadie se atreve a decir lo mal que está el pueblo. Yo vine porque de adolescente escuchaba a The Clash y así comenzó mi interés por la revolución sandinista. Aunque de eso hace mucho tiempo y ya no me gustan los sandinistas, es una pena pero ahora solo le tengo un gran cariño a la gente del país.

― Supongo que en todo eso tiene mucho que ver la represión de esta dictadura totalitaria. En Europa la gente ha olvidado el enorme peligro que corre el poder, de convertirse en una caricatura, cuando en lugar de un relevo hay un enorme pleonasmo. Ya puedes ver que con el tiempo todo va a peor. Aquí por ejemplo, el presidente -que de guerrillero ha pasado a ser hipocondríaco- critica a los sacerdotes, y sin embargo, su régimen se dice esotérico y cuando le parece bien, para solucionar los problemas del país se guía por las intuiciones de su esposa, alguien que interpreta el futuro en la posición de los astros. Algo que consigue gracias a que anda equipada con un gran telescopio, un aparato de última generación con el que alcanza a ver en el vasto cielo nocturno. 

El poder y la gloria