sábado. 02.03.2024
Charles Louis de Secondat, barón de Montesquieu
Charles Louis de Secondat, barón de Montesquieu

Si Montesquieu pudiese analizar la situación política del momento, comprobaría que los distintos poderes del Estado no parecen conformarse con su demarcación. Nuestro legislativo designa miembros de las más altas magistraturas del poder judicial y lo hace calibrando el sesgo ideológico de las candidaturas, como si esto fuera relevante para ejercer sus funciones y emitir sus dictámenes jurídicos. El problema es que no deja de serlo por desgracia, como muestra el que se pueda predecir los resultados de las votaciones examinando si predomina uno u otro bloque. Para ese viaje no harían falta semejantes alforjas. Es lamentable que demos por bueno ese automatismo y le demos carta de naturaleza.

Algunas leyes aprobadas con las preceptivas mayorías parlamentarias, pueden verse alteradas por una mayoría de signo contrario en un alto tribunal y lo peor es que los agentes políticos cuenten con ello. A veces asistimos al esperpento de criticar leyes que ni siquiera han sido presentadas, como está haciendo ahora mismo el ya caducado Consejo del Poder Judicial, un órgano colegido del que sólo ha sabido dimitir su anterior presidente, aunque lo hiciera con mucho retraso y sin que por otro lado sirviera para nada. Desde luego al poder judicial no le compete vigilar a priori al ejecutivo, porque su labor es garantizar que no se cometan excesos e irregularidades en las leyes una vez promulgadas en caso de que alguien aprecie tal cosa.

Si Montesquieu pudiese analizar la situación política del momento, comprobaría que los distintos poderes del Estado no parecen conformarse con su demarcación

En esta ceremonia de la confusión, algún periodista puede verse tentado a utilizar al Senado como un instrumento para ralentizar las propuestas del parlamento. El colmo es que lo justifiquen como un deber moral y patriótico. Una leal oposición debe criticar al gobierno y hacer críticas constructivas para hacer ver que habría caminos alternativos tendentes a solucionar el mismo problema. Demonizar al adversario y convertirlo en chivo exploratorio de todos los males posibles refleja tan sólo que no se cuenta con ese modelo alternativo. En lugar de discutir medidas concretas y perfilarlas con aportaciones de interés para la ciudadanía representada, parecen conformarse con corear hueras consignas para los propios correligionarios, ignorando por completo a quienes no lo sean.

Nos están robando el futuro al congelarnos el presente y escamotearnos los problemas vitales por cuestiones menos relevantes

En otro artículo reciente hablo de que no deberíamos jugar con los micro golpismos. Parecen inocuos, pero deterioran el marco democrático, al igual que los micro ictus degeneran el sistema neuronal sin advertirlo hasta llegar a un punto irreversible. Apostar por una campaña electoral continua y paralizar al poder legislativo, mientras el ejecutivo en funciones perdura meses, resulta un espectáculo patético que genera una lesiva desafección hacia la política. Nos están robando el futuro al congelarnos el presente y escamotearnos los problemas vitales por cuestiones menos relevantes. Lo que cuenta es combatir la miseria y tener acceso a unas prestaciones elementales, educativas y de sanitarias, culturales y asistenciales, evitando desigualdades que dificultan la convivencia.

Sería conveniente dejar de tratar como críos a quienes representan, como si hubiera que tutelarlos y manipularlos porque no saben lo que quieren o necesitan. Para presentarse a unas elecciones habría que demostrar tener ciertos escrúpulos y no suscribir la demagogia como único quehacer de un liderazgo. Hay mucha gente que administra lo público y sirve a sus conciudadanos de modo ejemplar, como demostró el personal sanitario durante la pandemia. Esos héroes que luego devinieron villanos en la villa y corte. Dejen de marear la perdiz e intentar engatusarnos con boberías

Pobre Montesquieu