TRIBUNA DE OPINIÓN

La distopía ha venido y sabemos cómo ha sido

Estamos asistiendo a una distopía de alcance planetario, que repugna a la conciencia humana más elemental.

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Un genocida condenado por crímenes de guerra por la Corte Penal Internacional puede tomar el micrófono en la sede de las Naciones Unidas anunciando que va a seguir asesinando niños y niñas en Palestina “hasta que termine el trabajo”, dice sin rubor este criminal confeso, mientras se niega su visado y el derecho a asistir allí mismo al representante palestino, obligado a hablar desde una pantalla. 

  1.  Una distopía criminal
  2. Este era el orden mundial que nos decían 
  3. La globalización del desorden 

Este hecho pasará a la Historia como parte de uno de los más repugnantes resultados hasta hoy del supremacismo colonial y genocida que ya tuvo sus antecedentes en el exterminio del pueblo indio norteamericano, del que resulta casi una reproducción exacta en todos los aspectos: invasión, genocidio, exterminio de sus búfalos como fuente principal de alimentación para someterles por el hambre y asentamientos progresivos de colonos con derecho a matar a cualquier indio- siempre apoyados por los soldados genocidas- hasta obligarles finalmente a rendirse, malvivir y degenerarse en aquellas Reservas que tanto nos van a recordar a Cisjordania si finalmente se le considera por los invasores sionistas – gracias a las presiones internacionales- como la única Palestina legalmente posible. 

El mundo está en manos de genocidas, fascistas, autócratas y demócratas de medio pelo exhibiendo diferentes banderas y siglas que responden sin excepción a los deseos de poder

Cierto que los indios ofrecieron resistencia, pero fueron vencidos como lo ha sido hasta hoy la resistencia palestina encarnada en Hamas, al que todo el mundo considera terrorista y abomina de su acto criminal por defender su tierra. No son angelitos los de Hamas, claro está, pero ¿qué me dicen de este nuevo Herodes cubierto de sangre de niños y niñas hasta el último rincón de su conciencia y el último de sus cabellos? ¿No es el suyo el más brutal, continuado y sangriento de los terrorismos? Vemos aquí la historia de los Estados Unidos reconvertida hoy en la Historia de Israel, y a nadie resulta extraño el apoyo incondicional de Trump alimentando con armas, recursos y apoyos diplomáticos sin límite a Netanyahu: los semejantes se comprenden y se unen con facilidad si además quieren convertir a Gaza en un destino turístico mundial edificando lujosos hoteles y campos de golf sobre un gran cementerio que llenarán de palmeras y mansiones para multimillonarios. Crecerán bien, porque sobre los cementerios crecen bien las plantas exóticas allí.

 Una distopía criminal

Estamos asistiendo a una distopía de alcance planetario, que repugna a la conciencia humana más elemental. Y esto solo merece la respuesta que los pueblos estamos dando: rechazo, denuncia, aislamiento a Israel en todas sus facetas: cultura, política, arte, espectáculos, deportes, y por supuesto, y primordialmente, bloqueo comercial y diplomático sin consideración alguna. Esto es lo que los pueblos pedimos y deseamos. Esto tiene que acabar; los palestinos que sobreviven tienen que regresar, los soldados y colonos deben salir de Gaza y Cisjordania, y Netanyahu y sus ministros deben ser juzgados como lo fueron los nazis en Nüremberg. A ellos y a los gobernantes que les apoyan en todo el mundo. ¿Y qué ocurriría con los gobiernos que miran para otro lado? Tendrán nuestro desprecio hasta que no pidan perdón por su cobardía.

Netanyahu y sus ministros deben ser juzgados como lo fueron los nazis en Nüremberg

Este era el orden mundial que nos decían 

Desde la segunda Guerra Mundial hasta hace casi nada, el mundo mostraba una configuración que va dejando de ser válida conforme se derrumba paso a paso el orden internacional basado en reglas y las instituciones que se precisan para que exista ese orden, con todas sus sabidas limitaciones. Y lo que mejor expresa la destrucción de los valores y reglas convivenciales entre naciones es la ONU como institución procuradora del orden y los derechos internacionales y la Corte Penal Internacional, ambas bajo secuestro político norteamericano no oficial pero muy real. Su descrédito y desprecio por los EEUU e Israel y la falta de autoridad legal y moral que eso ha supuesto para esas dos instituciones ha llegado hasta el límite de normalizar la visita y el discurso al mundo del presidente genocida que se burla de ambas mientras para mayor recochineo se pueden ver sus crímenes de guerra en todas las pantallas del mismo mundo mientras habla. ¿Asombraría ver esta imagen en la sede de las Naciones Unidas hace pocos años? Sí. Ahora ya no, y esta ineficacia y falta de autoridad solo preludia su propio fin… Por desgracia, anuncia también el final del mundo tal como lo hemos vivido desde 1945 hasta hoy y que hace posible que Israel ataque en aguas internacionales a las embarcaciones que llevan a Palestina los alimentos que Israel les niega para matarlos de hambre, o que los EEUU hagan lo propio hasta en aguas venezolanas con barquitos pesqueros, dando así a entender unos y otros que la suya es la única ley que hay que respetar en todos los mares y continentes que deseen. 

La globalización del desorden 

Ampliando la pantalla, vemos a diario que la organización del mundo está en manos de genocidas, fascistas, autócratas y demócratas de medio pelo -convencidos o sometidos- exhibiendo para la galería diferentes banderas y siglas que al fin y al cabo responden sin excepción a los deseos de poder, dinero y privilegios sociales, que son expresiones de egos enfermos mentales, de gentes sin conciencia ni sensibilidad (no esperemos que la OMS diga esto mismo, claro está). Representan al 1 por ciento multimillonario del género humano, por lo que resulta insostenible esta situación a la larga. Y ellos lo saben. Por eso practican cada vez más abiertamente su principio favorito: la mejor defensa es un buen ataque. Así que lo hacen con la ayuda de un número incalculable de oportunistas, idiotas, siervos, criminales, fanáticos, traficantes de armas, genocidas, y otras gentes del Pleistoceno que cayeron aquí. ¿Qué haremos con ellos los pueblos de la Tierra?