jueves. 04.06.2026
TRIBUNA

La Maldad se multiplica si los pueblos la toleramos

La Maldad crece cuando los pueblos callan: urge conciencia, unidad y resistencia colectiva.
cadenas
Pixabay

Necesitamos tu ayuda para seguir informando
Colabora con Nuevatribuna

 

La actual Ley Mordaza en España, por ejemplo, basada en criterios de un supuesto orden público en defensa de la democracia, los derechos humanos y bla, bla, bla, actúa con mucha facilidad contra quienes defienden eso justamente con honestidad y, por eso, se oponen a las injusticias patronales, al fascismo de matones, al racismo y la xenofobia o a los prejuicios de clase. Esa ley y otras de esa naturaleza han sido elaboradas a menudo por diputados que van a misa y ejecutada por policías y jueces que igual van a la misma misa como buenos cristianos de domingos y fiestas de guardar. Biden lo hacía, Trump se declara cristiano de una de esas iglesias de derechas —como todas, al fin y al cabo—. Y es el caso que ninguno de ellos tiene reparos en aplicar al revés la ley y el orden que dicen defender, hasta el punto de querer mantenerse neutrales o apoyar a gobiernos como el de Israel, especializado en asesinar a tiros a niños que buscan comida en Gaza, o a una persona porque el color de su piel no gusta a un policía, o sus ideas políticas a un fanático, como sucede en EEUU, sin que eso suponga una condena del gobierno español. Con gobiernos de estas características, y en nuestra época, el clan familiar de la Maldad está alcanzando dimensiones extremas, intolerables, que exigen de los trabajadores, de los jóvenes y de los pensionistas, y de hombres y mujeres de toda edad, la más firme oposición cuando se trata de imponernos leyes y actuaciones que se oponen a las leyes de la conciencia: no debes matar, no debes robar, no debes mentir ni levantar falsos testimonios sobre nadie, aunque lo quieran el Gobernador y toda su Corte uniformada.

No estás obligado a admitir a tu conciencia como juez de tus actos, claro está. De hecho, es eso lo que hacen los que apoyan leyes Mordaza, leyes apartheid, leyes fascistas o defienden la impunidad de los criminales de alto nivel como un tal Netanyahu. Y el resultado de una conciencia neutral o de mirar para otro lado lo tenemos a la vista en todos los telediarios.

¿Es la Ley de la Selva, o no? Y la ONU o el Tribunal Penal Internacional, obligados a aplicar leyes contra los genocidas o que impidan la proliferación de la maldad e impongan el cumplimiento de los derechos humanos, la paz y el orden internacional, ¿muestran con su impotencia el triunfo de la Ley de la Selva, o no? Su existencia era un sueño protector que duró lo que duran los sueños, porque un día la gente despierta y descubre el horror. Hoy es ese día.

Cuando la pesadilla se halla al despertarse

Ahora la Humanidad está despertando: abre los ojos y toma conciencia de hallarse de pronto ante un mundo que ha olvidado todas las reglas y ha pisoteado todo convenio

Ahora la Humanidad está despertando: abre los ojos y toma conciencia de hallarse de pronto ante un mundo que ha olvidado todas las reglas y ha pisoteado todo convenio. Todas las leyes y derechos que defendían un planeta limpio, naciones en paz, el respeto entre personas de diferente raza, religión y condición social como bases mínimas sobre las que construir un mundo justo, han saltado por los aires desde la Casa Blanca a Israel, desde la OTAN a Europa, desde Rusia a Ucrania. Esa conjunción de elementos son los distorsionadores del verdadero orden mundial que buscan el dominio sobre el resto. ¿Obedecen acaso a valores de civilización? Claro que no; el orden internacional se ha convertido en una especie de neofeudalismo en frenética búsqueda de competir por recursos y poder usando todas las formas posibles de dañar a los competidores. Y en medio estamos los pueblos en Oriente y en Occidente, que vemos cómo crecen las amenazas, el número de calumnias y bulos, el volumen de las desinformaciones y los preludios de una nueva guerra, que, de ser la peor posible, tendríamos que dar la razón a Einstein de que la siguiente sería con piedras y palos.

La Maldad como obstrucción, y su remedio

Esta civilización ya ha olvidado lo que significa esa palabra y ahora no es capaz de evolucionar para erradicar ni las mínimas desigualdades, sino que las aumenta; ni avanzar hacia todas las formas de verdad, justicia, libertad y unidad cooperativa que precisa una verdadera civilización. En su lugar, es la Maldad la norma general de conducta internacional. Y de la Internacional de la Maldad —de la que es buena muestra la extensión mundial del neofascismo— solo pueden venir calamidades sin cuento, a no ser que la Humanidad en su conjunto —como sucede ahora cuando los sanos de espíritu protestan contra el genocidio en Madrid y medio mundo— asuma los valores señalados de la verdadera civilización y proteste a una contra la Ley de la Selva que se nos quiere imponer. ¿Seremos capaces de darnos la mano los pueblos de este mundo? Este es nuestro gran desafío histórico: el único remedio contra el Mal. Su único ingrediente es el amor, y no hay otro posible; como mucho, sucedáneos siempre provisionales.

La Maldad se multiplica si los pueblos la toleramos